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10 de diciembre de 2019

La importancia de una conferencia latinoamericana

Intervención de Pablo Heller en la mesa-debate sobre la situación regional en el Picnic 2019

Como parte de las mesas-debate desarrolladas en el Picnic 2019 del Partido Obrero, que tuvieron lugar el domingo 8 en Parque Sarmiento, hubo una charla sobre “la izquierda ante la rebelión latinoamericana” que contó con la participación de José Castillo (IS), Alejandro Bodart (MST), Matías Maiello (PTS) y Pablo Heller (PO). A continuación, compartimos la intervención de este último.

Buenas tardes a todos, todas y todes, ya que estamos en la nueva onda. Agradecemos la presencia de las otras organizaciones que comparten el panel. Quería, porque el tiempo es muy escaso, ir al eje de la discusión.

En primer lugar, quiero señalar que estamos asistiendo a una nueva oleada de levantamientos de características planetarias. Uno de los epicentros es América Latina. Pero lo que hay que tratar de entender es por qué se produce esto. Hay una tesis que desarrollamos en el llamamiento a una conferencia latinoamericana: estos levantamientos no se pueden entender sino a la luz de la bancarrota capitalista mundial. Y cuando digo esto quiero señalar que muchas veces el PO fue atacado como “catastrofista”, y si ahora analizamos el escenario actual parecería que nos quedamos cortos.

Fuimos caracterizados como que exagérabamos una apreciación y el argumento era que había que ser realistas, que siempre que llovió paró. Y lo que se olvidaron es que es cierto que siempre que llovió paró, pero que también es cierto que después que paró volvió a llover. Nuevamente, estamos en otra etapa de la bancarrota capitalista.

La bancarrota capitalista

Prácticamente hay un acuerdo de que el mundo avanza a una recesión. Algunos dicen que no es como la crisis de 1929, que es una crisis que se puede surfear más. En realidad, se han creado los elementos de una crisis superior. Y las bases de estos levantamientos tienen que ver con esa crisis. Lo que ha ocurrido es que más de diez años después de la crisis, esta nueva etapa la tiene que abordar el capital mundial con los cartuchos mojados, al agotarse los recursos que había puesto en marcha en el período anterior. Y no ha podido recuperar la economía.

La situación que enfrenta EE.UU. no es un producto de un excéntrico (hablando de Trump). Junto a lo que ocurre con el Brexit son manifestaciones de que la crisis ha pegado un salto y como las contradicciones capitalistas no se pueden resolver en términos relativamente amigables, estamos en un escenario de guerra comercial, guerra monetaria, y (hay que decirlo porque si no decimos la verdad a medias) se abre también un escenario de guerra mundial. Y los antecedentes de Medio Oriente tienen que ver con eso. Estamos en un período que Lenin marcó como de guerras y revoluciones y estamos en una etapa moderna de ese proceso.

Acaba de aparecer algo brutal: dicen que si se computan todos los efectos destructivos que está teniendo la actual catástrofe en Medio Oriente, en el norte de Africa, desde el punto de vista de sus consecuencias sociales, por los 70 millones de refugiados que han perdido sus viviendas, que se desplazan en el mundo, las consecuencias en términos sociales y destructivos de fuerzas productivas son superiores a los de la 2° Guerra Mundial. Este es el escenario que estamos viviendo a nivel mundial. Es el punto de vista que sostuvimos en el PO y es el motor de las rebeliones populares.

Tuvo una peculiaridad la crisis mundial que estalló en 2008/2009, China seguía creciendo, y algunos sostuvieron que China, incorporada al nuevo proceso de restauración capitalista, abría un nuevo horizonte para el capitalismo y que China iba a poder sacar al mundo de la crisis. Y lo que vemos hoy, que es uno de los factores que están acelerando la crisis, es que en lugar de que China saque al mundo de la crisis, China es la que ha entrado en crisis. Y prácticamente, tenemos un mundo en recesión, y dicen que también las estadísticas de China son mentirosas como las que teníamos aquí con el Indec argentino, y China no estaría teniendo tasas del 5/6 por ciento, sino tasas inferiores. Es decir: estamos entrando en los mecanismos de una recesión y la política de salvajate ha fracasado.

América Latina

Es importante tener en cuenta esto para entender el fenómeno en América Latina, porque el fenómeno de China dio lugar a que en la primera etapa que vimos de la crisis mundial se viviera una suerte atípica de bonanza dentro de los países periféricos porque China seguía demandando productos, entre ellos, fundamentalmente, las materias primas. Y ahora tenemos que China ha entrado en crisis y esto ha hecho caer toda la demanda internacional de los commodities, materias primas, y ha arrastrado al conjunto de los países emergentes, y esto es lo que está en la base de la crisis actual y es lo que explica, también, el derrumbe de los gobiernos nacionalistas y de centroizquierda, porque la centroizquierda y los nacionalistas surgieron en un momento excepcional en América Latina cuando hubieron las rebeliones populares, como la de Argentina en 2001, y hubo un intento del PT de Brasil, del Frente Amplio de Uruguay, de tratar de enfrentar esas rebeliones y esa crisis capitalista que se desarrollaba. Y esos gobiernos nacionalistas y de centroizquierda que se abrieron paso, así como tuvieron un auge y fueron una tentativa por dar una respuesta a todos los problemas que atravesaban América Latina, terminaron siendo arrastrados por la propia crisis capitalista mundial. Entonces, pasamos del período del auge de las materias primas, de que había una bonanza muy grande en materia económica e incluso de ingreso de capitales; pasamos al petróleo a 140 dólares en Venezuela; la soja, a 600 dólares en Argentina, al proceso inverso: en lugar del aumento de las materias primas tenemos un proceso deflacionario, de caída de las materias primas; en vez del ingreso de capitales, tenemos fuga de capitales

¿Y qué han hecho todos los gobiernos, no solamente la derecha sino también de los gobiernos nacionalistas y de centroizquierda? Recurrieron a las recetas del ajuste -mostrando que no pueden ser capaces de enfrentar las tendencias dislocadoras del capitalismo mundial-. La política del ajuste es un patrimonio común, no solamente de los Piñera, de los Bolsonaro, de los Duque, sino también de los Ortega en Nicaragua, del gobierno de Lenín Moreno en Ecuador, también de la política del Frente Amplio en Uruguay, y en su momento la política de Dilma Rousseff en Brasil, y también fue la política que llevó adelante en la última etapa -no olvidemos- el gobierno kirchnerista de Cristina, se intensificaron las políticas del acuerdo con Chevron, de una política mucho más abierta de maridaje con el capital extranjero, y también una política más abierta de ataque a las masas.

El rol de la izquierda y el nacionalismo

Frente a esto es importante ver el gran bloqueo de la izquierda -otro tema que tenemos que tratar de ver. De tanto insistir, cosa que el Partido Obrero no ha compartido y lo pueden ver en el documento del XXVI Congreso partidario, señalamos que no nos dejamos encandilar por el auge de la derecha, que hay un proceso muy volátil y que hay que tratar de ver que se está desarrollando una extrema polarización, hay fenómenos hacia la izquierda, a la derecha; los golpes de Estado y las guerras conviven con las rebeliones populares, las insurrecciones y movimientos muy profundos de rebelión popular en el conjunto del planeta. Esta es la característica que nosotros señalamos.

Y aquí hay que observar lo siguiente: más que señalar el auge de la derecha, lo que tenemos que colocar, que es el propósito de esta mesa, es la responsabilidad de la izquierda, porque lo que ha ocurrido es que Bolsonaro y compañía, y lo mismo ocurrió en su momento con Macri, se abrieron camino por la política llevada adelante por los nacionalismos, el PT y compañía, ni qué hablar de la experiencia chavista. Hoy el gran drama de Venezuela tiene que ver con el hecho de que el gobierno fue incapaz de poder dar una respuesta a la crisis capitalista y mostró los límites insalvables por parte del nacionalismo burgués. El otro día apareció una noticia fortísima de Brasil, que en los 15 años de gestión del PT, lejos de industrializarse, el país se desindustrializó, comparada incluso con el período de la dictadura militar, en la década y media del PT se volvió todavía más una economía de características primarias. Es decir: no se aprovechó esa enorme renta que fue creada en el período de bonanza para industrializar el país y para poder desarrollar siquiera un capitalismo de características independientes, se terminó como prisionero de la deuda externa y capitulando ante el capital internacional.

Y con esto vamos a la parte final, que creo que es la más polémica: en primer lugar, tenemos que ver que ese nacionalismo no solamente dejó que la derecha suba al gobierno sino que, ahora, que la derecha está en el gobierno, como ocurre en Chile o en Brasil, hay un gran bloqueo para tratar de impedir que los trabajadores irrumpan y enfrenten a los gobiernos derechistas, y el argumento que se utiliza -que ya lo conocemos en la Argentina- en Brasil era que “había 2018”, que había que esperar las elecciones y, por lo tanto, se dejó pasar todo el ajuste que llevó adelante el gobierno ajustador de Temer, que llevaron adelante todos los gobiernos golpistas, y lo mismo ocurre respecto a Chile en la actualidad.

En Chile tenemos un operativo fantástico, porque las masas están en la calle reclamando “Fuera Piñera” y se ha armado un operativo de contención, que llega desde la oposición tradicional burguesa pero también abarca a los partidos de la centroizquierda y al Partido Comunista y al Frente Amplio, porque tratan de sacar a las masas de la calle y dicen que la solución vendría a través de todo un cronograma de tipo constitucional de manera de desactivar la lucha en curso. Este es el problema que tenemos en Latinoamérica: la política de la colaboración de clases, que tenemos que abordar en esta mesa, es el principal escollo para llevar la lucha a la victoria. El problema no reside en la capacidad tanto de la derecha (que la tiene, tiene su iniciativa, la burguesía no se queda quieta) pero es clave la actitud que toma la izquierda, que ha dejado pasar todo.

Y aquí viene al caso la izquierda que es conocida como más radical. Es importante, y aquí termino porque es el propósito de nuestro llamado a la Conferencia Latinoamericana. No se nos puede escapar, porque si no estaríamos hablando de todo menos de algo que es fundamental, que la llamada izquierda radical en Latinoamérica hizo seguidismo, en términos mayoritarios, al nacionalismo bolivariano y, en términos generales, también en su momento al PT, y tenemos que decir también que cuando se desilusionó del PT o del chavismo -no sé si el remedio fue peor que la enfermedad-, terminó haciendo causa común con la derecha.

Este problema está mostrando una crisis de la izquierda, que ha adoptado una política de seguidismo, y en segundo lugar, lo que ha primado, entendemos en Latinoamérica, lamentablemente, es una política de electoralismo y de movimientismo, porque el problema fundamental es que hay que enfrentar al nacionalismo burgués y a la centroizquierda construyendo partidos obreros revolucionarios. No es con una política de alquimias o alianzas amorfas sin fronteras de clase donde vamos a poder avanzar. Y esa es la responsabilidad que nosotros tenemos en nuestras manos.

Los desafíos por delante

Entonces, para terminar, la experiencia en Latinoamérica, que les señalé, contrasta con pocas excepciones. Y una de las excepciones es el Frente de Izquierda en la Argentina, que se constituyó como Frente de Izquierda -y el FIT-U ahora-, con un rasgo distintivo y es que se constituye sobre la base de la independencia de clase y la delimitación del nacionalismo. No es lo que ocurre en América Latina. Por eso, el FIT es la excepción y no es la regla. Porque si no, si toda la izquierda estuviera sumada a esto, ¿por qué no se reproduce el FIT en otros lugares, si estamos tan entusiasmados con la experiencia del FIT?

De todos modos, sería un error de mi parte, y no me voy a prestar a esto, porque no voy a hacer un embellecimiento del FIT, somos conscientes del lugar que ocupa el FIT y, al mismo tiempo, de sus limitaciones y contradicciones. También tenemos una heterogeneidad en el FIT. Somos conscientes que su característica es fundamentalmente electoral y estamos luchando para que se proyecte en todos los terrenos de la lucha de clases. No estoy improvisando absolutamente nada al respecto ni señalando nada que no hayamos puesto en la polémica: en el momento en que el gobierno macrista firma el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, mucho antes de las elecciones, en la Mesa del FIT planteamos muy insistentemente que había que pasar a la acción directa, que el FIT tenía la obligación de levantar una tribuna; no lo pudimos hacer -ni siquiera un acto en común- hasta que vinieron las elecciones. Eso tiene que ver con el electoralismo, el movimientismo, que es imprescindible superar.

Por último, me detengo en el lugar de la Conferencia Latinoamericana. La conferencia que proclamamos en Latinoamérica tiene que ver con una necesidad. Está el Grupo de Lima en Latinoamérica, que es el bloque que conspira bajo el patrocinio de Trump; Alberto Fernández trata de coquetear y ha tratado de levantar un bloque de características alternativo, con todas sus contradicciones, que es el Grupo de Puebla. ¿Y dónde está la izquierda? ¿Dónde está el movimiento obrero y combativo? Entendemos que es necesario abrir un canal en Latinoamérica, que aparezca un bloque como gran polo alternativo, que defienda la independencia de clase, que logre sobre esta base un principio de reagrupamiento de los trabajadores y, en la medida que se constituya ese polo, va a jugar un papel, no solamente para Argentina sino para el conjunto de América Latina. Un polo de estas características podría organizar una acción continental para que haya un paro en Latinoamérica en favor de los trabajadores que están luchando contra el golpe en Bolivia y por el triunfo de las rebeliones populares, reclamarle a las centrales obreras y propiciar una acción común, y abrir todo un terreno para impulsar la lucha de clases en el contiente.

El reagrupamiento que impulsamos no gira en el vacío. Planteamos un programa para la Conferencia Latinoamericana. En oposición a la conciliación de clases, revindicamos y llamamos a impulsar el método de la lucha de clases; en lugar del electoralismo, y la política de colaboración con el Estado capitalista, llamamos a defender la estrategia del poder obrero y de la unidad socialista de América Latina. Ese es el programa que nosotros señalamos y ponemos a discusión. Una Conferencia Latinoamericana, no nos cabe la menor duda, va a jugar un rol para la victoria de estas grandes luchas, porque lo que se está jugando en las calles de Bogotá, de Santiago y de La Paz va a ser determinante para el conjunto de América Latina, y ni qué hablar para la Argentina.

Muchas gracias.

 

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