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12 de diciembre de 2019

Las drogas de Rusia y las del Tío Sam

Gobiernos y empresas aliadas en el doping deportivo, que mueve u$s15.000 millones al año

“La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) tomó una decisión que trasciende el ámbito deportivo y la sitúa en el complejo tablero político, económico y jurídico que configura el convulso mundo actual”, dice un columnista del diario español El País (10/12), en relación a la medida que prohíbe la participación de Rusia en las grandes competiciones internacionales hasta 2024 y que incluye los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y el Mundial de fútbol de Qatar, en 2022, tal como ocurrió en los Juegos de Río del 2016.

La acusación se asienta en las denuncias de Grigory Rodchenkov, exiliado en los Estados Unidos, quien fuera responsable de la agencia rusa de control del doping y jefe de un laboratorio paralelo desde el cual en los Juegos Olímpicos realizados en Sochi (Rusia) en el 2014 se habrían cambiado las muestras de orina de los deportistas por otras no contaminadas con drogas no permitidas.

Rodchenkov, quien realiza reuniones de prensa en los Estados Unidos con la cara cubierta por temor a represalias por sus denuncias, se ha convertido en un personaje destacado para la política norteamericana, a tal punto que Netflix realizó un documental con su historia (“Ícaro”) y Donald Trump impulsa una ley que lleva su nombre y que ya tiene media sanción en el Parlamento yanqui, donde recibió el apoyo de los legisladores demócratas y republicanos, para sancionar con hasta diez años de cárcel a deportistas de cualquier lugar del mundo que hayan dado positivo en el dopaje.

Doping, sin duda

La acusación de doping contra Rusia también fue respaldada por deportistas de ese país, algunos de ellos medallistas olímpicos, como el cuatro veces campeón olímpico de biatlón, Alexander Tijónov, o el campeón olímpico de tenis, Evgeni Kafelinkov y reconocida hasta por el propio primer ministro Dmitri Medvedev, quien admitió que el deporte ruso tiene “problemas significativos” de dopaje (idem).

Es decir que la veracidad de la acusación no estaría en cuestión aunque, al mismo tiempo, tampoco estaría en cuestión que habría una manipulación política que empalma con los enfrentamientos del gobierno norteamericano con Rusia, en el marco de la actual crisis económica y política mundial.

El tema del doping está lejos de ser una preocupación para las autoridades yanquis, que se levanta como gendarme mundial antidopaje y tampoco para las empresas privadas organizadoras de los grandes eventos deportivos internacionales, cuya guía central es la ganancia y a ella están subordinadas todas las políticas sancionatorias y la salud de los deportistas.

El gran capital deportivo

El Comité Olímpico Internacional (COI), al igual que la FIFA o la NBA, es una empresa capitalista que explota la organización de los Juegos, aunque en los mismos participen delegaciones nacionales de los distintos países del mundo. Y la AMA, una empresa vinculada.

En sus acciones el negocio prima a tal punto que Rusia había sido sancionada por la AMA y el COI en el 2015 y no podía organizar encuentros internacionales deportivos pero, no obstante, siguió adelante con la preparación del Mundial de Fútbol del 2018, que se llevó a cabo sin impedimentos, porque la entidad mayor de cada deporte tiene la última palabra en el tema y la FIFA se olvidó del tema doping porque suponía hacer entrar en crisis la realización del Mundial y de los enormes negocios que genera. Para completar, el COI le levantó la sanción a Rusia tres meses antes de que comenzara la Copa.

La dirigencia de Moscú invirtió una suma récord para mundiales de u$s14.000 millones y el negocio fue fabuloso para la entidad organizadora, la FIFA. El doping, la sana competencia y la salud de los deportistas se queman en el altar de los dólares.

Y ahora, aunque Rusia no podría participar como país en los JJ.OO. de Tokio ni en el Mundial de Qatar, la AMA aclaró que no está cuestionada la intervención de la selección rusa de fútbol en la Eurocopa de 2020, ni corre peligro tampoco la celebración de los partidos de esa competencia que se jugarán en San Petersburgo, ni la final de la Champions League 2021.

Las excusas dadas por la AMA para exceptuar a estas competencias es que “no son internacionales”, sino solo europeas. Entonces el doping no importaría.

Además, el COI “quiere a los rusos en Tokio como sea, mejor con himno, bandera, equipo oficial y patrocinadores a todo gas, pero aceptará con desgano el mal menor que propone la Agencia Mundial Antidopaje [la participación de los atletas rusos con bandera neutral]. Al fin y al cabo, a los Juegos de Tokio llegará una fortísima delegación procedente de Rusia, acompañada por un enorme séquito de gente y lo que eso significa: influencia, dinero y negocio. Mucho negocio”, dice el mismo columnista de El País.

El dopaje del Tío Sam

La política norteamericana respecto de este tema es de un alto grado de cinismo porque Estados Unidos no solo es el país donde hay mayor permisividad en el consumo de las drogas más diversas en el ámbito deportivo si están al servicio de aumentar el rendimiento o potenciar el show sino porque, con la conversión de todas las competencias en un negocio, los controles han pasado a ser potestad de las propias empresas capitalistas que los organizan, es decir que están subordinados al negocio.

Así es que la NBA, una empresa privada que mueve fortunas, tiene su propia empresa antidopaje que reporta solo a la organizadora del torneo. Es más, los jugadores norteamericanos son los únicos que, en competencias internacionales, pueden elegir ser controlados en el antidopaje por las agencias que estos determinen o por las de los Estados Unidos, es decir la de la NBA. Claro está que eligen a esta última.

Así, “sin contar el caso ruso, Estados Unidos fue el último año el país con mayor cantidad de dopings detectados en controles oficiales (131). El de los mayores escándalos históricos, desde Marion Jones a Lance Armstrong. Y, paradójicamente, el más laxo. Sus principales ligas ni siquiera suscriben los Códigos antidoping de la AMA ni del COI. El fútbol americano es un universo de esteroides anabólicos y conmociones ocultas. La NBA, el béisbol y el hockey sobre patines tampoco tienen controles internacionales. El FBI privilegió investigar a Rusia” (La Nación, 11/12).

También los sponsors

También están involucrados en este entramado los grandes sponsors. Hace pocos días saltaron a la luz las consecuencias de un “programa” de entrenamiento de deportistas denominado Proyecto Oregon, auspiciado por Nike desde el año 2001 y conducido por uno de los más reconocidos entrenadores del mundo.

La denuncia es que los atletas eran 'animales de laboratorio' que ignoraban que los dopaban a sus espaldas. Y, para certificar que no se trata de ignorancia sobre el tema por parte de la empresa, en la denuncia está involucrado el propio CEO de Nike como partícipe activo en el “programa”.

Además, "la historia de Nike está llena de ejemplos de apoyo a (atletas) dopados, a federaciones que favorecen el dopaje", escribió el martes en Twitter la ex corredora Lauren Fleshman, patrocinada por la marca durante más de nueve años, hasta 2012” (Clarín 2/10). 

La salud es lo de menos

En medio de toda esta trama de corrupción y aplicación de drogas está la salud y la vida de los deportistas. La creciente utilización del dopaje en el mundo de la alta competencia en función de aumentar el rendimiento deportivo afecta a la salud de una gran cantidad de jugadores de distintas disciplinas, pero la gravedad del cuadro es ocultada, justamente porque afecta el negocio que se apropia crecientemente de todo tipo de competencias. Y también al propio negocio de las drogas para deportistas, “un negocio que mueve 15.000 millones al año” (Triángulo Deportivo, 3/7/2016).

Prácticamente todos los que se mueven alrededor de los deportes de alta competencia son negocios que mueven cifras descomunales. El capitalismo, con una crisis sistémica que le provoca una caída en su tasa de ganancia y le provoca grandes excedentes de capital, busca nuevos negocios, y la legalidad, la salud y la vida son temas subordinados a la ganancia. En el deporte también.

Solo la liquidación del capitalismo y el gobierno de los trabajadores permitirá volver a colocar a los deportes como actividades vinculadas al desarrollo humano, en especial para la juventud.

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