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13 de diciembre de 2019

Vivir, no solo cuesta vida

Estudio refleja que la expectativa de vida depende de dónde y bajo qué condiciones vive la población.

La reproducción en el diario Clarín de una publicación de la revista inglesa de medicina The Lancet nos muestra algo que ya sabe el pueblo trabajador: que quienes habitan los barrios más carenciados viven menos que aquellos que lo hacen en zonas más beneficiadas.

El estudio muestra que los habitantes de la comuna 8- Villa Soldati, Lugano y Riachuelo- tendrían una expectativa de vida de hasta siete años menor respecto a quienes viven en Barrio Norte o Palermo. La nota indica que “según el informe, Buenos Aires tiene un "patrón mixto", con una división centro-periferia (mayor esperanza de vida en la parte central) y con un aumento del sur a norte. Es decir, que las comunas del norte de la Ciudad y los partidos adyacentes de la Provincia tienen una mayor esperanza de vida en comparación con las comunas del centro-sur y las áreas periféricas del sur” (Clarín 11/12).

El estudio en cuestión proyecta cifras similares para las localidades del conurbano bonaerense, mostrando el contraste entre las ciudades pertenecientes al conurbano sur, donde se concentra una mayor desocupación y miseria, con las que corresponden al conurbano norte, con población mayor poder adquisitivo. El mapeo también abarca otros países de Latinoamérica donde la brecha en la expectativa de vida crece al ritmo de la profundización de la pobreza y una marcada distinción entre las clases sociales.

Las condiciones de vida en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires donde se concentra gran parte de la población obrera son realmente paupérrimas. Allí se sufre la insuficiencia de obras de urbanización e infraestructura; los límites al acceso a la salud y educación, los cuales resultan deficientes ofreciendo una variante devaluada para pobres; asimismo, se trata de los sectores que más padecen la precarización laboral y la desocupación; y ni hablar de la difícil situación que afrontan los jubilados,  quienes perciben ingresos al borde de la indigencia. No es necesario ser científico para saber que las condiciones de miseria en las que se desarrollan las vidas de miles de familias obreras reducen notablemente la expectativa de vida de las mismas.

El Jefe de Gobierno Horacio Larreta y todos los que lo antecedieron se han encargado de ignorar esto y aprovechar las tierras que hay en la zona sur de la Ciudad para la especulación inmobiliaria, garantizando urbanizaciones truchas y planes expulsivos que no mejoran las condiciones de vida de los trabajadores.

La agudización de la miseria bajo las condiciones de la bancarrota mundial coloca a la mayoría de la población en condiciones de existencia mínimas. Las cifras volcadas por la investigación de este grupo de epidemiólogos pinta de cuerpo entero la proclama de Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie.

A esta orientación del capital le debemos contraponerle una política en defensa de los trabajadores. Para terminar con esta situación necesitamos un programa integral: salarios y jubilaciones igual a la canasta familiar; reapertura d elos puestos de trabajo cerrados en los últimos dos años; un plan de obras públicas, viviendas y urbanización en base a la necesidades de los vecinos y trabajadores; no al pago de la deuda externa; aumento del presupuesto en materia de salud y educación. Para revertir esta catástrofe social necesitamos un gobierno de trabajadores.

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