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17 de diciembre de 2019

El fracaso de una cumbre climática sin futuro

Sin acuerdos en la conferencia de la ONU que se realizó en Madrid.

Tras dos semanas, con dos días de prórroga incluidos, la cumbre sobre el cambio climático (COP 25), organizada por la ONU, fracasó en su objetivo de llegar a un acuerdo en pos de incrementar las metas de reducción de emisión de gases de efecto invernadero fijadas en el Acuerdo de París en 2015. Tampoco logró avances en la reglamentación del artículo 6 de dicho acuerdo, sobre la creación de los mercados de carbono.

Se trata de un fracaso anunciado, por parte de una instancia cuya incapacidad para morigerar realmente los efectos climáticos de la producción era ya notoria. Resulta que el manifiesto objetivo de adoptar una meta “más ambiciosa” que la de París no pasaba de ser un saludo a la bandera, porque tanto el incremento en las emisiones como el aumento de las temperaturas no han cesado de crecer, y el 2019 termina como un año récord en ambos aspectos.

En el contexto de guerra comercial que enfrenta a las principales potencias, la cumbre no podía ser otra cosa más que un fiasco. Las perspectivas de conciliar en gran escala pautas productivas para reducir emisiones o descarbonizar la economía chocan de frente con la situación internacional.

Las ilusiones, repetidas hasta el hartazgo en los medios, en el desarrollo de las finanzas verdes (créditos especiales para emprendimientos sustentables) se estampan con las tendencias a la recesión mundial, en un mundo en el que los impotentes bancos centrales ya agotaron la posibilidad de bajar las tasas de interés –un tercio de la deuda global tiene tasas negativas.

Estas recetas buscaban ser aplicadas para la puesta en marcha de los mercados de carbono, una suerte de comercio de derechos de contaminación, basado en una unidad de equivalencia entre las emisiones industriales, por un lado, y la absorción de carbono, por el otro. Así, los países o empresas deberían comprar sus cuotas para emitir gases a los países que cuentan con la ventaja natural de bosques u otros ecosistemas que absorben el carbono. Con este esquema, apuntarían a alcanzar la neutralidad (que no se produzcan más gases que los que el planeta puede absorber). Este novedoso emprendimiento financiero a escala global seguirá sin ver la luz, porque no hay acuerdo en cómo debería implementarse.

El fracaso de la conferencia fue presentado como producto de la negativa de EEUU, China, Rusia e India, potencias que generan el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. En realidad, mientras la Unión Europea posa como la vanguardia de una transformación ecológica, sus propuestas están enmarcadas en un Green New Deal que ya tiene en marcha enormes planes de estímulos financieros a distintos pulpos del viejo continente, los cuales buscaban ser impuestos como ventajas en el comercio internacional. Al capital y sus estados no les preocupa el medio ambiente, sino la cuota de mercado que le toca a cada quien.

Por eso, en la conferencia nunca se tocó el problema de la depredación ambiental y el saqueo de los recursos naturales a los países oprimidos por parte de multinacionales, aun cuando es uno de los grandes causantes de la aceleración del aumento de las temperaturas. Nada se dijo sobre el fracking, la megaminería o el avance de los monocultivos de los pooles de siembra. Para graficar, mientras los funcionarios del gobierno francés de Macron despotrican contra Bolsonaro por los incendios en el Amazonas, la francesa Total aspira a explotar el petróleo submarino brasileño devastando arrecifes que son grandes generadores de oxígeno. Por lo pronto, en los mismos días en que se realizaba esta COP 25, la petrolera saudí Aramco desembarcaba en el mercado bursátil como la empresa de mayor capitalización del mundo.

Estos resultados no podían más que decepcionar a los jóvenes que seguían con expectativas la cumbre, tras un año de multitudinarias movilizaciones por la crisis climática, que tuvieron epicentro en Europa. La misma Greta Thunberg denunció a través de su cuenta de Twitter que los gobernantes ignoran los categóricos informes de los científicos, los cuales advierten sobre el acercamiento a un punto de no retorno en el calentamiento global.

Los miles de jóvenes que se concentraron el viernes 6 para exigir acciones concretas contra el cambio climático han hecho una experiencia contundente con esta cumbre, que actúa como una tapadera demagógica de las potencias imperialistas. Tanto es así que la demócrata Nancy Pelosi, la titular de la Cámara de Representantes estadounidense, se hizo presente en Madrid para criticar la decisión de Trump de retirarse del acuerdo de París y prometer una política verde en caso de que su partido gane las elecciones el año entrante. Una impostura, cuando el anterior gobierno demócrata de Obama fue el que protagonizó la revolución del petróleo, que incrementó en un 75% la producción diaria de barriles de crudo.

También se concentraron a sus puertas jóvenes chilenos para denunciar la represión criminal del gobierno de Sebastián Piñera. El fracaso de la cumbre enterró también las intenciones del gobierno trasandino de presentarse ante la comunidad internacional como una fuerza activa y preocupada por el ambiente, tras haber tenido que ceder su lugar de anfitrión por el estallido de la rebelión chilena. El desarrollo del movimiento contra el cambio climático debe llevarlo a una confluencia con estos levantamientos populares, para darle una perspectiva concreta a la lucha contra el destructor del medio ambiente: el capitalismo.

El presidente español, Pedro Sánchez, planteó en la apertura de la cumbre que Europa, así como protagonizó la revolución de los combustibles fósiles hace dos siglos, ahora está llamada a liderar una transformación ecológica. Pierde de vista lo fundamental: la revolución industrial abría la etapa del capitalismo ascendente, mientras que en la actualidad es un régimen en decadencia signado por las crisis y las guerras. La única salida en defensa del ambiente para reorganizar la producción sobre bases sustentables solo puede ser encabezada por la clase obrera, contra los capitalistas y sus gobiernos.

 

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