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19 de diciembre de 2019 | #1577

Alberto y los medios: el adiós a la “batalla cultural” y la comunicación

El presidente Alberto Fernández incluyó en su discurso de asunción algunas menciones a la cuestión de los medios de comunicación. 
Fueron pocas pero suficientes como para que las patronales de medios se llevaran de entrada ciertas definiciones interesantes. 
Por ejemplo, con la mención que el Presidente hizo sobre el proceso de cambio tecnológico que afecta a la industria de medios, señalando que que en este tema estaba dispuesto a “acompañar” a las empresas. Alberto no abundó ni dio detalles sobre cómo sería el acompañamiento desde el gobierno. Pero es sabido que las empresas reclaman desde hace tiempo que esa contención se haga con modificaciones a la baja del convenio, que ya imponen en los hechos -es decir, con flexibilidad laboral.

La pauta

Los dueños de los medios también se llevaron la garantía de Alberto de que no reducirá los montos destinados a la pauta oficial. Esto pese a que dijo que los “9.000 millones de pesos” gastados por el macrismo eran un despilfarro para un país donde reinan tantas necesidades básicas insatisfechas.

En el plan anunciado por Alberto, las empresas periodísticas contarán con la ventaja adicional de que no deberán compartir la pauta con los programas que regentean “periodistas individuales”; el nuevo presidente anunció que esa clase de producciones no recibirá pauta. Es una diferenciación inentendible y de una progresividad carente de todo fundamento: no se comprende por qué sería mejor financiar con pauta a Magnetto, Mitre o al burócrata Santamaría (director del Grupo Octubre, que integran Página/12 y otros medios) que a Majul, Navarro o cualquier otro de estos personajes. 

Estamos ante la misma discrecionalidad en la administración de la pauta de todos los gobiernos, pero repartida entre menos.

La pauta cumple dos funciones básicas en la gestión capitalista de la comunicación de masas. Es, por un lado, un medio de sujeción económica de los medios privados por parte del Estado y, por el otro, un mecanismo de propaganda gubernamental, lo que no quedará anulado por los “contenidos educativos” -según informó Fernández- tendrían los avisos a partir de ahora.

Cuando se la distribuye en base a “parámetros objetivos” de tirada y audiencias, la pauta cumple una tercera función: reforzar el predominio de los grandes medios sobre los pequeños, es decir que también es una herramienta de preservación del statu quo del mercado comunicacional.

Los olvidados medios alternativos y la reivindicada “corpo”

Mientras luchamos por la completa autonomía de los medios respecto del Estado, reclamamos que los fondos destinados a la publicidad oficial sean destinados a los medios alternativos, populares y barriales, que aportan una mirada y servicios insustituibles a la infraestructura comunicacional de la sociedad y que ni fueron mencionados en el discurso de Alberto.

Malversadas sus reivindicaciones bajo los objetivos regimentadores de la desaparecida ley de medios, ahora ni siquiera figuraron. 
La poca predisposición del Presidente hacia la comunicación “contrahegemónica” no debería sorprender, si se tienen en cuenta algunos antecedentes. Alberto Fernández fue, como jefe de Gabinete, el enlace entre Néstor Kirchner y el CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto. Dejó el gobierno de Cristina cuando esa función quedó sepultada bajo los escombros que dejó el fin del idilio entre los K y Clarín, al explotar el conflicto interpatronal con el campo.

Coherente con estos antecedentes, durante la campaña Fernández se empeñó en dar por terminada la “guerra con Clarín”.  Si se sigue a pie juntillas la declaración, debe interpretarse que el monopolio no tendrá que enfrentar ninguna medida gubernamental que coarte su expansión, sus negocios espurios a costilla del Estado y su persistente prédica editorial contra los reclamos obreros y populares. 
Ahora mismo, es Alberto quien declara la tregua, no Clarín. Cuando una tregua es unilateral, se llama rendición.

Pero la orientación de Alberto Fernández en este terreno no deviene exclusivamente de su currículum. Los márgenes iniciales del nuevo gobierno para ir a una política de conciliación con la patronal clarinista se ensanchan, entre otros factores, con el antecedente de la supresión sin lucha, y tampoco pena ni gloria, de la mentadísima ley de Medios, que Macri liquidó mediante un par de decretos. Es decir que Alberto negociará con Clarín con el campo allanado por la derrota que los K sufrieron ante la “corpo” cuando pasaron a la oposición.

Una advertencia contra los trabajadores

Alberto Fernández dio más pistas recientes sobre su mirada para los medios. En una entrevista con el diario cooperativo “Tiempo Argentino” advirtió que “la comunicación era un negocio”; un perogrullo bajo las relaciones sociales capitalistas, pero también una advertencia contra cualquier ilusión restitutiva de derechos para los trabajadores de prensa y de medios alternativos a partir de su gestión.
Habrá que ver hasta cuándo dura la “solidaridad en la emergencia”, ya que, aún sumidos en la pobreza, los periodistas reúnen mínimamente las calorías necesarias para reproducirse como tales, por lo que sus demandas corren el riesgo de quedar postergadas, junto a las de otros sectores “privilegiados”, en el altar de la lucha exclusiva y prioritaria contra el “hambre”, la coartada para imponer el pacto social y dar señales claras a los acreedores de la deuda externa.

Así, si se mezcla el pasado con el presente, se impone la necesidad de que los trabajadores de prensa debatamos y luchemos por imponer nuestra propia agenda frente al nuevo gobierno, con una posición claramente independiente.

*Aumento de salarios ya.
*Salario igual a la canasta familiar.
*Ni un despido más.
*Trabajo para los periodistas y trabajadores de prensa. 
*Que se reabran las empresas periodísticas cerradas, financiadas mediante un impuesto extraordinario a los grandes conglomerados mediáticos, bajo control de los trabajadores.
*Que los recursos de la pauta oficial vayan a los medios cooperativos, populares y alternativos para capital de trabajo y sueldos de convenio.
*Por paritarias libres, sin techos ni congelamiento.
*Fuera la burocracia de nuestro gremio y de las paritarias. 
*Pleno reconocimiento al Sipreba.

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