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27 de diciembre de 2019

La Canasta Básica Alimentaria del Indec: un peligro para la salud

Una investigación alimentaria deja en evidencia la miseria de las tarjetas de Arroyo

Un proyecto desarrollado por el equipo Czekalinski, un grupo de investigación radicado en la provincia de Córdoba que estudia problemas asociados al hambre, demostró que alimentarse con los productos previstos en la Canasta Básica Alimentaria del Indec, que cubre las calorías mínimas necesarias por día para un adulto (2750), genera daños en la salud física y genera consecuencias emocionales y psicológicas.

El proyecto constaba de alimentarse por seis meses solamente por los alimentos de la Canasta Básica Alimentaria -que se compone mayoritariamente de papa y batata (9.270g), pan (6.510g) y harinas y fideos (1200 y 1740g); de carne prevé 6.0270g y hortalizas 5.730g, arroz 1200g, queso 300, legumbres 240g, manteca 60g, café 30 y yerba medio kilo-. Las participantes, que antes de llegar al plazo debieron abandonarlo por el deterioro físico y mostraron signos de anemia, colesterol, deshidratación, entre otros, destacan los recursos necesarios (tiempo, recursos materiales, conocimientos) que debieron dedicar para no pasar hambre y lograr combinar y cocinar los (escasos) productos para que alcanzaran para todo el mes.

La Canasta Básica Alimentaria mide un gasto mensual de alimentos de $4.886 (que establece la línea de indigencia). La investigación resulta de interés no solamente porque muestra lo pernicioso para la salud de alimentarse en base a la CBA (incluso con recursos preexistentes, imposibles para cualquier trabajador cuyos ingresos apenas cubren la línea de indigencia). Pone en evidencia la miseria del Plan de Hambre que promueve el Gobierno para enfrentar la profunda crisis social que sacude al país, con un 40% de trabajadores en la pobreza y casi un 9% en la indigencia.

Con los montos económicos que prevén las tarjetas de asistencia social que entregará el Gobierno (entre $4.000 y $6.000 mensuales) vía el ministerio que dirige Daniel Arroyo para los sectores más pobres, precarizados y desocupados, alcanzaría simplemente para no morir, pero es incapaz de garantizar la subsistencia y menos aún el bienestar o la salud de los trabajadores. Para resolver la crítica situación que sufren millones de trabajadores en nuestro país es necesario actualizar los montos de los programas sociales y crear trabajo genuino, poniendo los recursos del país al servicio de los trabajadores y no de los bonistas y empresarios.

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