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27 de diciembre de 2019

El pacto social arrancó rengo, pero claro: el apoyo colectivo para el pago de la deuda

La reunión en la Rosada para dar la primera puntada del pacto social tuvo un faltazo no menor, la totalidad del capital agrario que representa la Mesa de Enlace. En cambio reunió a toditas las alas de la burocracia sindical: Daer, Caló, Moyano, Yasky y Godoy. Desde los gordos hasta la centroizquierda degennarista han puesto la firma en un documento que los compromete a integrar el Consejo Económico y Social que ser formará por ley. A ellos hay que sumar el Trío Vaticano de movimientos sociales. La burocracia sindical ha sido humillada, firmando su estatización a cambio de nada, porque no se hizo ningún anuncio hacia los trabajadores. El Presidente después de obtener superpoderes del Congreso recibe superpoderes de la burocracia sindical que resigna el papel de los sindicatos en defensa de los trabajadores.

Ese será el altar en el que se comprometen a sacrificar las reivindicaciones del movimiento obrero para el “pago de la deuda pública de manera sustentable, lo que será un esfuerzo colectivo”. Estas son las palabras centrales del texto que han firmado junto a las cámaras empresariales, porque en ellas no hay una sola palabra de recomponer el poder adquisitivo de los salarios, de garantizar la reocupación de los millones de desocupados que la descarga de la crisis capitalista arrojó a la calle.

El otro gran compromiso que firmaron los “destacados representantes sindicales” que disfrutan de la foto en la Rosada, es que “respaldan un esquema sustentable y equitativo de actualización jubilatoria”. El santo y seña del ajustazo contra la movilidad, mediante la cual pretenden “desindexar la economía” empezando por la confiscación a los jubilados. Y resulta particularmente repugnante que el Trío San Cayetano firme este compromiso indisimulable hacia el FMI contra “los abuelos” con los que tanto se “solidarizan”. El Trío San Cayetano pasa por alto el golpe mortal a los más necesitados que son las y los beneficiarios de la AUH, quienes pierden la movilidad junto a los jubilados.

El documento, en cambio, sí responde a la moda del momento, apelando a la palabra “solidaridad” con los más vulnerables y a la urgencia de la deuda social, tan “urgente” como la deuda pública sobre la que “tenemos la total voluntad de pago”. Los firmantes, bajo la batuta del gobierno, se comprometen a tener en cuenta “primero a los últimos” en una apelación bíblica que sin embargo no los movió a firmar ni anunciar ninguna medida concreta.
Fernández no tuvo suerte, porque el mismo día que él reunía a esta mesa “ética” que presume de “unir a los argentinos contra el hambre”, un grupo de científicos del Conicet le pusieron el cuerpo a una experiencia de vivir tres meses con un salario equivalente a la canasta de pobreza. La experiencia demostró que terminaron con la salud afectada después de perder hasta seis kilos de peso viviendo con los $163 por día para cada adulto. Al mismo tiempo se conocía que se perdieron 161.000 puestos de trabajo en la actividad privada el último año.

Los patriotas que firmaron la adhesión a la “ética” que “jamás permita que se vuelva a desunir la patria”, no atinaron a definir que, contra el hambre, el salario y las jubilaciones mínimas no podrían bajar de los $40.000 que alcanzó este fin de año la canasta básica. Y que no habrá ninguna reactivación sin recomponer el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

Los apuros de Fernández para reunir tan elevado grupo fueron muy grandes. Había que ofrecer este menú en bandeja a la misión que se apresta a llegar del FMI, primer paso para la negociación con los fondos de inversión.

El capital agrario faltó en masa porque están empeñados en evitar que se use el tope de la megaley para las retenciones y tal vez en arrancar el compromiso de Kicillof de no revaluar las propiedades agrarias cuyo valor fiscal está congelado hace 20 años, entre otros compromisos. Pero al mismo tiempo la tensión con el capital minero es muy grande porque se ha desatado una ola de movilización popular en Mendoza y Chubut que les congeló la sangre a los dueños de la gran esperanza nacional y popular, porque Fernández y el macrismo tienen un pacto de Estado con los pulpos mineros para entregar nuestros recursos y conseguir los dólares para la deuda. Por otro lado las petroleras siguen deteniendo pozos porque pretenden retomar el sendero de tarifazos en los combustibles.

En estas condiciones era muy importante lograr este texto de apuro. Pero la historia recién empieza. Los trabajadores tenemos que tomar nota y reforzar una gran campaña por paritarias libres, por enfrentar en marzo el ajuste jubilatorio, en no permitir un despido más, en exigir desde abajo la más completa independencia de las organizaciones obreras, que para eso las tenemos.

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