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28 de diciembre de 2019

Lucha política y de clases en Bolivia

Bolivia es un volcán en ebullición que puede volver a erupcionar con una violenta lucha de clases.

Las fuerzas represivas no consiguieron derrotar a los amplios sectores de masas que se movilizaron contra el golpe derechista que destituyó a Evo Morales. Fue la colaboración directa del mismo Evo y del MAS que se empeñaron en “la pacificación”, lo que contuvo la irrupción en marcha.

Se ha ido generando un cogobierno de hecho entre la presidenta Añez, impuesta por el golpe, y la dirección del MAS en Bolivia. Más allá de las declaraciones opositoras, el MAS está permitiendo el mantenimiento de este régimen de transición, apoyado en las iglesias (católica y evangélicas), las Fuerzas Armadas (depuradas) y policiales (en constante depuración), el Imperialismo, la OEA, las Cámaras Patronales y gran parte de las burocracias sindicales.

Han logrado llegar a un acuerdo para nominar el nuevo Tribunal Supremo Electoral que tendrá a su cargo la convocatoria a elecciones, presumiblemente en mayo próximo. Se elegirá no solo al presidente, sino también a diputados, senadores y diversos funcionarios. Se anula, por lo tanto, la elección de la primera vuelta, también, para los miembros del Congreso. Aunque el MAS obtuvo entonces mayoría, había perdido los dos tercios automáticos con que contaba en el período anterior. La derecha pretende dividir y hacer retroceder parlamentariamente al masismo.

Transición derechista

No se trata de un gobierno de transición hacia una salida electoral “democrática” como lo pintan el imperialismo y sus aliados. Pretende modificar la correlación de fuerzas para garantizar un triunfo derechista. Realizar el golpe en dos etapas: primero la destitución -en este caso violenta- del régimen masista y luego la institucionalización, a través de elecciones manipuladas, de un gobierno derechista. Como en Honduras, Paraguay y Brasil.

El gobierno de Añez no se ha limitado a ordenar la transición electoral. Ha incorporado a Bolivia al Grupo de Lima siguiendo los mandatos de Trump y Bolsonaro contra Venezuela y las rebeliones latinoamericanas. Especialistas yanquis e israelíes están “capacitando” en operaciones antiterroristas a las fuerzas represivas. El gobierno golpista no autoriza los salvaconductos para salir del país a los funcionarios masistas refugiados en la embajada de México. Siguen las detenciones, el cierre masivo de radios comunitarias indígenas y de colectivos sociales, etc. Como los campesinos de la combativa región del Chapare han expulsado a la fuerza policial durante la resistencia antigolpista y le impide retornar a sus bases, el nuevo ministro del interior, Murillo, con la excusa de garantizar el próximo acto electoral, amenaza con una intervención militar y nuevos baños de sangre o en caso contrario no colocar urnas allí. Se ha proscripto la presentación electoral de Evo Morales y de su exvicepresidente García Linera. La fiscalía plantea sus detenciones para impedir su retorno a Bolivia. Agrupaciones derechistas han reclamado (y movilizado) exigiendo al Tribunal Electoral que proscriba directamente al MAS del proceso electoral. El clima reaccionario que se intenta imponer se evidencia en el pedido de Sánchez Berzain -exministro del gobierno del Goñi depuesto por un alzamiento revolucionario, acusado de la represión que cobró 70 víctimas-, a través de una carta a Añez, pidiéndole que anule las sentencias que le impiden retornar a Bolivia, “para poner preso a Evo Morales”.

Divisiones y realineamientos

La oposición derechista no consigue, aún, unificarse. Por un lado, está la candidatura de Carlos Mesa (segundo en las elecciones anuladas). Por el otro, se presentan las candidaturas del dirigente fascista Camacho (de la Asamblea Ciudadana de Santa Cruz) y del “populista” Pumari (de la Asamblea de Potosí). Camacho intenta hacer una fórmula común con el segundo, sin llegar todavía a un acuerdo. Pero un audio, que se ha hecho público, señala que Pumari (considerado por sectores izquierdistas como un dirigente “proletario”) pidió para aceptar una suma inicial de 250 mil dólares y el control de las aduanas de Potosí y Oruro.

Por su lado diversas informaciones señalan que el MAS está fracturado siendo una parte de sus dirigentes críticos de Evo Morales y más abiertamente colaboracionistas e integracionistas con el gobierno golpista. La Cámara de Diputados ha aprobado la “Ley de Garantías Constitucionales” que pretende blindar a los dirigentes del MAS contra persecuciones “judiciales”. Pero Añez, esgrime el problema judicial como una espada de Damocles sobre los dirigentes que se retoben. Ha anunciado que en caso de ser aprobada por el Senado la vetará y la enviará para que se declare anticonstitucional.

Una encuesta última ha señalado que el candidato masista más nombrado, Andrónimo Rodríguez, tiene un 23% de intención de voto, seguido a corta distancia por Carlos Mesa con el 21% y un retroceso de Camacho que está en el 13% y Pumari en el 11%.

La “garantía” bonapartista de Evo Morales

Como suele suceder con los regímenes bonapartistas nacionalistas burgueses, su caída, produce una tendencia a la fragmentación de su dirigencia política. Para impedir el estallido del MAS (y hasta el surgimiento de sectores radicalizados) es que se ha armado el operativo del retorno de Evo Morales… a la Argentina. Se quiere asegurar un tránsito ordenado al nuevo gobierno surgido de las próximas elecciones e impedir una fuerte división del MAS y que las masas pasen a organizarse en alternativas independientes y radicalizadas. Por eso, el imperialismo (y hasta el gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales) ha aceptado la presencia del Evo en Argentina y su intervención política.

Evo Morales pretende encapsular la actividad política de los explotados detrás de las elecciones de mediados del 2020, alejándolo de toda medida de resistencia.

El acto que para el domingo 29 tiene anunciado Evo Morales en el norte de Argentina juega este doble papel: colocar a Evo en el rol bonapartista de arbitraje respecto a las candidaturas y sumergir a las masas en el clima electoral. Por eso el acto señalado como de “inicio de campaña” se hace en el exterior. No se quiere acelerar ningún proceso que pueda abrir un canal de movilización para las masas.

La lucha por la independencia política de la clase obrera

Las burocracias sindicales que se reclamaban masistas fueron de las primeras que abandonaron el barco y se pasaron al golpe cuando vieron que este estaba en marcha.

Vitalicio Mamani, secretario de organización de la central obrera (COB), acaba de jurar como viceministro de Trabajo. Es la punta de un iceberg de evoluciones de burócratas sindicales del MAS hacia el gobierno golpista. La burocracia sindical no tiene ideología, su tendencia es a adaptarse a los gobiernos de turno, no ve más futuro que su integración al estado burgués.

Muchos sectores burocráticos se han declarado “independientes”, renegando de su militancia masista. Es simplemente una maniobra, para mejor ubicarse frente al poder actual y el que surja de una eventual próxima elección.

La lucha por la independencia de los sindicatos es fundamental, es la llave para constituir una autentica dirección clasista. Basado en el mandato de Asamblea, sin subordinarse a ningún partido burgués, ni gobierno de turno: el movimiento obrero debe luchar por su autonomía. Esto no significa encerrarse solo en los reclamos propios de cada categoría, hoy fundamental. Sino organizar la intervención unificada de la clase con su programa reivindicativo y antimperialista, en la perspectiva de un gobierno propio, de un gobierno obrero y campesino.

En febrero próximo está convocado el Congreso de la COB. Si se reúne con estos burócratas actuales no habrá futuro para el movimiento obrero. El anterior, 18° Congreso de la COB, aprobó unas Tesis de apoyo a Evo Morales. Es necesaria una renovación, una nueva dirección. Para ello es fundamental que los sectores clasistas agiten en favor de la realización de un Congreso de Bases de la COB, con delegados elegidos y mandatados en Asambleas. Para que fije un programa y un plan de acción para imponerlo. Los militantes que se reclaman marxistas revolucionarios deberían organizarse para poner en pie un Partido Revolucionario de la Clase Obrera, que es lo que permitirá garantizar una alternativa revolucionaria en este proceso boliviano, latinoamericano y mundial de irrupción de las masas contra el capital. La presencia de Evo Morales en la Argentina acrecienta la importancia que la vanguardia de la extendida comunidad boliviana en el país, mayoritariamente trabajadora, avance también en este reagrupamiento clasista y revolucionario.

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