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2 de enero de 2020

Se frenó el megabasural de Cormecor

Triunfo de los vecinos de Villa Parque Santa Ana, Córdoba

Santa Ana es una localidad próxima a las Sierras Chicas, a mitad de camino entre Alta Gracia y la ciudad capitalina, los vecinos de esta comuna acaban de obtener un triunfo en su lucha por evitar la radicación del próximo megabasural a escasos mil metros de su zona habitable.

Cormecor (Corporación Intercomunal para la Gestión Sustentable de los Residuos del Área Metropolitana Córdoba) es en una Sociedad Anónima integrada por la Municipalidad de Córdoba (con el 51% de participación accionaria) los municipios de Villa Allende, Estación Juárez Celman, Malvinas Argentinas, Río Ceballos, La Calera, Despeñaderos, Alta Gracia y las comunas de Villa la Bolsa, Villa los Aromos (todos próximos a la capital) y el Sindicato Único de Recolección de Residuos y Barridos de Córdoba (Surrbac). Se suman otras localidades que no son socias, pero firman el convenio para quedar incluidos en el funcionamiento de este “complejo ambiental”.

El triunfo de la comuna de Santa Ana no puede separarse de los avances de conjunto que han logrado las luchas ambientales de Mendoza y Chubut contra la mega minería, fortalecidas por la nacionalización de las manifestaciones. Así, bajo el lema “el agua vale más que el oro”, los manifestantes lograron la derogación de la ley 9.209 y el restablecimiento de la plena vigencia de la ley 7722 que protege el agua de Mendoza del cianuro y otros tóxicos contaminantes. En ese contexto se inscribe el fallo favorable para los vecinos de Santa Ana que no los condena (por ahora) a ser zona de sacrificio ambiental. La victoria requiere, no obstante, mantener la guardia alta, ya que los interesados podrán apelar ante el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) para revertir el fallo. Mientras tanto, toda innovación en el predio seguirá suspendida.

¿Cuánto vale un kilo de basura?

El megabasural de Cormecor (el tercer enterramiento de basura más grande de Sudamérica) viene a reemplazar al de Piedras Blancas que está colapsado: recibe más de dos mil toneladas diarias provenientes de la recolección domiciliaria. Sin embargo, cada bolsa de residuos está repleta de desechos provenientes de los envases con los que se comercializan los productos de consumo masivo, sin que haya ningún tipo de responsabilidad empresarial ni de costo económico por esa generación. En efecto, mientras las empresas acumulan ganancias por un proceso de producción y de marketing para la comercialización de sus productos, no son responsables por el destino de la basura que generan al ambiente ni por su tratamiento.

A esto se suma la concesión del servicio de recolección es una fuente de negociados acordados entre grupos empresariales, funcionarios e incluso dirigentes sindicales. El costo económico de la recolección y tratamiento de los residuos sólidos urbanos se traslada a cada vecino, que paga con altas tasas un servicio que se lleva cerca del 15% de los presupuestos municipales. El costo ambiental y sanitario se esconde debajo de la alfombra porque quienes generan la basura no se hacen cargo de su tratamiento. Así la basura adquiere la dimensión de un enorme negocio capitalista. A esto se oponen los vecinos de Santa Ana, exigiendo que su lugar de residencia no se transforme en una zona de sacrificio ambiental.

En los gobiernos, el doble discurso abunda: por un lado se dan consejos para lograr sustentabilidad ambiental, con la separación de residuos, aconsejando llevar la bolsa de compras o los envases retornables; por otro lado no se controlan las empresas que producen estos residuos ni su impacto ambiental. En pocas décadas la industria alimenticia, cosmética, la de bebidas ha multiplicado la cantidad de envases o empaques plásticos y descartables, en líneas automatizadas, diversificando la cantidad de contenido y eliminando puestos de trabajo (como los armadores de caja, empaquetadores, lavado de botellas, etc.). En el precio final del producto las empresas nos cobran el embalaje que encarece el producto y luego el municipio nos cobra impuestos confiscatorios para financiar su recolección y tratamiento.

En las calles codo a codo

A escasos días de la asunción presidencial y de las nuevas composiciones en las legislaturas provinciales, los vecinos marcan la cancha: a quienes pretenden avanzar con leyes que deterioran el ambiente o imponer zonas de sacrificio ambiental, la movilización y el repudio masivo muestran que la ciudadanía no firmó cheques en blanco para que avancen sobre sus condiciones de vida y sus economías. El clima, también el social, se recalienta sobre la base de un capitalismo en descomposición.

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