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2 de enero de 2020

La expresión de una ruptura sin principios

El vínculo de Maximiliano Laplagne y el grupo de Altamira

Seguramente las publicaciones de Maximiliano Laplagne -exmilitante del PO y de la UJS separado por diferentes denuncias de violencia- que confirman su militancia en el grupo de Altamira, no presenten un interés ni debate alguno en las cenas de fin de año de las familias obreras, pero para quienes vivimos de cerca el debate político del XXVI Congreso del Partido Obrero ya sea como militantes, activistas o simpatizantes cercanos pueden servir para sacar algunas conclusiones.

Maximiliano Laplagne ha subido a sus redes sociales una publicación difundiendo que la “Tendencia del PO” lo expulsó de su organización en la que él participaba como “interno” de un equipo en la regional de Berazategui. Las razones no serían como fue en nuestro partido por casos de abuso y agresiones contra personas de diferentes géneros, sino por expresar posiciones "foquistas". 

Es la confirmación de una denuncia que atravesó todo el XXVI Congreso del PO. Allí, delegados de la UJS denunciaron que Altamira y Ramal habían integrado a su grupo clandestino a personajes como Laplagne, quien fuera separado por violencia de género y que, para peor, llevaba adelante una campaña de ataques contra la propia UJS. Desde el estrado congresal y frente a 320 delegados de todo el país, Marcelo Ramal negó lo que era evidente para propios y extraños: la colaboración de Laplagne con su fracción rupturista.

Al mismo tiempo, Ramal y Altamira reclamaban la revisión de todas las sanciones por violencia de género, en un aval implícito a la acción de ex compañeros, separados de las filas del partido por violencia de género. Altamira lo resumió en una frase: “en dos años se separó más gente que en 50 años”. Una frase númericamente falsa pero políticamente significativa, puesto que la media docena de separaciones fueron por casos de violencia de género o abusos.

El carácter rupturista del grupo de Altamira se fue profundizando luego del XXVI Congreso al no aceptar ninguna de las resoluciones votadas por el 80% de los delegados. A espaldas de la mayoría de la militancia del PO decidieron formar otra organización mediante una asamblea clandestina. Uno de los caballitos de batalla de esta “nueva organización” a lo largo del año fue realizar una campaña nacional e internacional diciendo que habrían sido “expulsados y calumniados” mediante una campaña sucia que los vinculaba con elementos descompuestos. Las denuncias públicas de Laplagne, como integrante del grupo rupturista de Altamira, demuestran que las denuncias de colaboración política con elementos descompuestos eran absolutamente reales.

De esta forma, los victimarios se transformaban en víctimas de persecución, cuando ellos eran quienes ayudaban a socavar al Partido colaborando con lúmpenes separados por violentos.

Ahora, Laplagne denuncia su separación del grupo de Altamira, confirmando 1) Que lo integraba y 2) Que entre los motivos de la misma no aparece la cuestión de su comportamiento violento hacia las compañeras mujeres y trans. A Altamira y Ramal este aspecto los sigue teniendo sin cuidado.

El fraude de la falsa “tendencia” sale a la luz.

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