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20 de enero de 2020

La bendición pontificia a la renegociación de la deuda

De Jerusalén al Vaticano, Fernández busca congraciarse con el imperialismo y sumar aval celestial a un acuerdo con el FMI.

El hecho de que la primera gira internacional de Alberto Fernández tenga como destino a Israel es un explícito guiño a Trump, como reconocen incluso los medios oficialistas. Hasta Página 12 justifica en su edición matutina de hoy (20/1) el “pragmatismo” de la política exterior del gobierno, atendiendo al rol de Estados Unidos como agente decisivo en la reestructuración de la deuda por ser el principal accionista del FMI.

En efecto, Fernández sumó a Kicillof a la comitiva, quien se encuentra en medio de la carrera por lograr que los tenedores de un bono provincial acepten reperfilar un vencimiento de capital por 250 millones de dólares. La deuda bonaerense forma parte de un interrogante al que los especuladores prestan atención, porque podría representar el primero de una catarata de defaults provinciales. En lo inmediato, el gobierno de Chubut busca postergar por 4 años los vencimientos de bonos que afectan a las regalías de petróleo y gas de la provincia, los cuales fueron ofrendados como garantía. El enorme ajuste anunciado por el gobernador Arcioni es una muestra de los padecimientos que traen asociadas estas reestructuraciones.

Pocos días después de ese viaje a Israel tendría lugar el esperado encuentro entre Fernández y la titular del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, tras semanas en las cuales la falta de avances notorios en la negociación impacientaba al menos a los voceros del mundo financiero. La reunión tendrá un escenario muy particular, ya que se desarrollará en el Vaticano con presencia pontificia. Esta suerte de mediación de Bergoglio ha sido muy comentada, y los analistas observan que el Papa podría jugar como garante de un posible acuerdo.

Más certero es destacar que el rol papal será el de dotar de aval celestial al rumbo económico que adopte el gobierno de Fernández en pos de sellar la reestructuración de la deuda, y más aún tras ella. Finalmente, el acuerdo que se busca con los acreedores y el Fondo pretende ser la piedra basal de todo el régimen económico del nuevo gobierno. El sumo pontífice jugaría en la negociación como pieza clave del pacto social, ante el inevitable ajuste que se derivará de semejante rescate. De más está decir que ello incrementará el peso político de la Iglesia en el país.

Muy significativos han sido en este sentido los elogios que cosechó el primer mes de gestión de Alberto Fernández por parte de los funcionarios fondomonetaristas. La afirmación del encargado del caso argentino, Alejandro Werner, de que “el gobierno se va moviendo en una dirección positiva” no se debe, como se ilusiona Alfredo Zaiat (Página 12, 19/1), a que Georgieva sea peronista y respalde planes progresistas, y menos aún a que el FMI se preocupe por limpiar su imagen. Tal ocurrencia solo puede tender a ocultar que el Fondo se dedica específicamente a lucrar con países quebrados e imponerles una política económica en línea con los intereses del capital financiero internacional.

Muy por el contrario, los dichos de Werner condensan que desde el organismo multilateral recibieron con beneplácito la mega ley de Solidaridad que, según los analistas, implicará un ajuste de entre el 1% y el 2,5% del PBI (El Cronista, 20/1), a lo que se suma el recorte de 70.000 millones de pesos en obra pública. En la misma línea, otros economistas agregan que la razón por la cual no se desplomaron los bonos en dólares tras el anuncio de reperfilamiento bonaerense es que fue saludada por el mercado la decisión de no desviar fondos de Nación para el rescate de las finanzas provinciales. Gracias a ello, en la Casa Rosada se entusiasman con poder mostrar avances a la misión del FMI que llegará al país en los próximos días. En esa misma sintonía, la bolsa local mejoró su rendimiento ni más ni menos que un 20% desde la asunción de Fernández.

Sin embargo, el panorama no deja de ser un campo minado, y el tiempo se ha convertido en uno de los principales factores de riesgo. Al no contar con reservas internacionales para hacer frente al pago de los vencimientos después de abril, el propio gobierno se trazó el 31 de marzo como fecha límite para alcanzar un acuerdo. La ausencia de pasos reales en ese sentido puede terminar agotando las expectativas de los bonistas y decantar en una venta masiva de títulos a fondos buitre que emprendan el camino de litigar contra el Estado argentino en los tribunales de Nueva York. La hipótesis de Zaiat de que el Fondo estaría urgido por cerrar el capítulo argentino es una inversión de la realidad, finalmente el préstamo que otorgó al país no llega al 5% de la capacidad prestable de la entidad (mientras que los vencimientos del año que viene con el organismo representan un cuarto de las exportaciones argentinas).

Otro aspecto que puede complicar las cosas sería un fracaso del reperfilamiento de Kicillof -que debe seducir al 75% de los tenedores para concretarse- ya que de no prosperar podría activarse la cláusula de cross default, según la cual el resto de los bonistas puede exigir a la Provincia la cancelación inmediata de todo el capital y los intereses de todo el resto de los títulos de deuda.

El empantanamiento de la renegociación repercutiría a su vez sobre los otros aspectos de la crisis argentina. En primer lugar, cada día que pasa se va sumado nueva presión al dólar, a pesar de las restricciones impuestas con el cepo. Entre el último mes de gobierno de Macri y el primero de Alberto Fernández se emitieron 350.000 millones de pesos, que en el cuadro de aguda recesión y parate económico contribuyen a las presiones inflacionarias y podrían volcarse a la divisa norteamericana. A su vez, el Tesoro ya se consumió el 85% de los Adelantos Transitorios que puede tomar del Banco Central, es decir que se queda sin margen la política de cancelar los vencimientos de intereses en pesos mediante emisión.

La agenda para las próximas semanas del ministro Martín Guzmán, en Estados Unidos primero y en el congreso del Vaticano después, arrojará el primer test serio de la situación de la negociación. En un símbolo de la subordinación al capital financiero, se espera que allí se conozcan aspecto claves del mentado plan económico del gobierno. Como fuera, el tortuoso camino de la reestructuración de la deuda solo augura para los trabajadores nuevos sacrificios para garantizar el cumplimiento de un acuerdo que será un lastre para cualquier perspectiva de desarrollo nacional.

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