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25 de enero de 2020

No pelean por el fútbol sino por la plata

La AFA y los clubes, Fox-Turner y la Superliga, unidos en la defensa del negocio.

Causó sorpresa en al ambiente futbolero la reciente belicosidad pública de la dirección de la AFA, y la de varios clubes de Primera contra la Superliga, la entidad que fuera creada por ellos mismos hace poco más de tres años, básicamente con el objetivo de que suscribiera y administrara los negocios de las transmisiones televisivas y los del esponsoreo del campeonato de Primera y que se hiciera cargo de su organización, como un paso más en la privatización del fútbol.

Primero fue la votación por la postergación o no del reinicio del campeonato, donde la mayoría de los clubes desautorizó a la Superliga; luego la anulación o reducción, por parte de la AFA, de penas a jugadores, a lo que se sumó la autorización a Huracán para que pueda realizar incorporaciones en este mercado de pases, cuando la entidad que hoy organiza el campeonato de Primera era la que había tomado las respectivas medidas sancionatorias.

Detrás de estas peleas de poder está el dinero, medido en miles de millones de pesos (entre trasmisiones y esponsoreo el monto total a distribuir alcanzaría esta temporada a unos $6.100 millones), lo que podría amenazar la fugaz existencia de la Superliga, una copia devaluada (en más de un sentido) de sus pares europeas. Ella es la que recauda el dinero, se queda con un porcentaje y distribuye el resto entre la AFA y los clubes.

Una corta historia

Desde que, hace poco más de dos años, comenzara a cobrarse el pack de Fox-TNT para ver los partidos de fúbol, el precio del servicio aumentó un 120%, de $300 iniciales a los actuales 665 pesos, bastante por encima de la inflación y también de lo que aumentaron los salarios. Se estima que hoy hay cerca de 3 millones de abonados, lo que suma casi $2.000 millones mensuales que son embolsados por las cadenas norteamericanas, que tienen un contrato por cinco años, con opción a otro cinco más, para explotar este colosal negocio del fútbol.

Según el convenio, Fox y Turner pagarían unos $17 mil millones hasta 2022 por los derechos audiovisuales. Es decir que, en bruto, recuperarían ese dinero con nueve meses de emisión y recaudación.

Estas proyecciones han justificado la andanada de misiles que lanzó a la AFA -junto a la mayoría de los clubes de Primera-, contra las cadenas Fox-TNT y la Superliga, creada para potenciar el desarrollo del negocio, que era visto entonces por muchos dirigentes como un maná que permitiría lograr un importante salto en los ingresos para las tecleantes economías de las entidades y para los siempre más florecientes bolsillos de los que, desde dentro y en los alrededores de las entidades, lucran con el negocio del fútbol.

El camino hacia Fox-TNT

La Superliga fue la huida hacia adelante de los clubes frente a la presión del gobierno de Macri que los empujó con la AFIP y luego desactivó el Fútbol para Todos, la teta de la cual se alimentaban, para obligarlos a tomar el camino de convertir a todos en sociedades anónimas.

Aunque esto no prosperó por la resistencia que genera entre hinchas y socios, combinada con la de las mafias que dirigen los clubes y que no quieren entregar negocios y poder, el tándem Angelici-Macri logró sí dar otro paso en la privatización del fútbol al imponer la Superliga y el contrato con las supercadenas Fox y Turner.

Con el arribo de estas se produjo un derrame inicial de dinero que las directivas celebraron, pero las economías de los clubes, de manera directa o indirecta, están dolarizadas por el vínculo y la competencia internacional. Y las brutales devaluaciones de los últimos dos años, provocaron una reducción sustancial de los aportes por las trasmisiones, medidos en la moneda norteamericana.

A esto se le suma que, según datos aportados por la Superliga, en el mercado de mediados del 2019, hubo una caída del 23,5% en los ingresos por ventas de jugadores al exterior respecto de un año antes, aunque esta sigue siendo una de las grandes entradas dinero para el negocio. Que esto es así lo muestra que, según un relevamiento realizado por la misma Superliga, actualmente juegan en el exterior 656 argentinos y nuestro país, después de Brasil, es el que vende más futbolistas.

En este cuadro es que el fantasma de los balances en rojo, las convocatorias y las quiebras volvieron a aparecer en el firmamento de varios clubes.

La mirada de estos, especialmente de los que no son grandes fábricas de negocios, como Boca y River, la expresó Cristian Malaspina, presidente de Argentinos Juniors, hoy líder de la Superliga, quien destacó que el club recibe de Fox y TNT algo menos de U$S1.200.000 por año, tres veces menos, dijo, que un club similar ya no de Europa, sino de Chile. Y Nicolás Russo, presidente de Lanús, comparó el U$S 1.700.000 que el club recibe por año, con los U$S 49 millones de euros que le llegan al Leganés de España, que está en los puestos de descenso (Ámbito, 29/12).

Una mayoría de clubes cuestiona ahora los contratos de televisación porque, dice, han quedado desactualizados y le objetan a la Superliga, manejada operativamente por el CEO Mariano Elizondo, que no logre “sensibilizar” el bolsillo de las cadenas trasmisoras. Amenazan con disolver la Superliga y volver a tomar el negocio en manos propias (vía AFA).

De todas maneras, la creciente privatización del negocio no aparece cuestionada por ninguno de los popes del fútbol, mientras ellos puedan mantener la conducción del mismo. Las andanadas de obuses que se cruzan (Jorge Ameal, presidente de Boca, disparó: "La Superliga es un enfermo en terapia intensiva", T&C Sports, 16/1) son presiones para conseguir más dinero y dificilmente pueda llegarse a una ruptura.

Es que la creación de la Superliga, armada por los grandes clubes como una estructura sin control de los socios ni del Estado y ni siquiera de la AFA, va en ese camino.

Los gritos actuales están acompañados por negociaciones menos estruendosas entre los clubes, la AFA y las cadenas de televisión, donde se busca llegar a un acuerdo que satisfaga a todos, antes que bombardear y liquidar a la Superliga y, mucho menos, atentar contra los contratos televisivos.

Las cadenas se quejan y dicen que a ellas también las afectan las devaluaciones. La salida que bucean es la de una aceleración en los aumentos de los packs futboleros, es decir, que el crecimiento de la caja salga del bolsillo de los usuarios.

Así, el fútbol está cada día más alejado del manejo por parte de los asociados y los hinchas.

Hace mucho que los clubes han dejado de ser lo que fueron en sus orígenes. Creados para el desarrollo del deporte y el esparcimiento de la juventud, fueron copados por mafias dirigenciales vinculadas o provenientes de sectores políticos, sindicales o empresarios.

Por eso ni los dirigentes de los clubes chicos ni los de los grandes plantean la necesidad de la apertura de los libros, la presentación clara de balances a los asociados, que se investiguen las cuentas de los directivos, que estos sean revocables por los socios en cualquier momento de sus mandatos.

La salida a toda la podredumbre en la que se mueve hoy el negocio es que los clubes dejen de estar en manos de las mafias y vuelvan a ser centros del deporte y recreación de sus socios y simpatizantes, herederos de quienes los fundaron con ese fin. Para lograrlo hay que terminar con el sistema capitalista.

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