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27 de enero de 2020

¿Ciencia para quién? A propósito del debate sobre extractivismo, “desarrollo” y dependencia

Diego Hurtado: “Escribir libros sobre los desastres socioambientales del capitalismo es imprescindible, pero cuando te toca gobernar en un país en desarrollo los libros no alcanzan.”
Por Lu Maffey

En una reciente entrevista con la Agencia TSS de la Universidad de San Martín, Diego Hurtado, miembro de CyT Argentina y flamante secretario de Planeamiento y Políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación del MinCyT, se explaya respecto a la política científica del actual gobierno y las perspectivas para el sector. Hurtado comienza trazando algunas evaluaciones sobre el desmantelamiento del área de Ciencia y Tecnología durante el macrismo y la pauperización de las condiciones laborales. Olvida en su análisis que, en este último caso, la política de ajuste macrista pudo cimentarse rápida y fácilmente sobre la base de la precarización de la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras del sector que se arrastraba desde los gobiernos anteriores y que aún hoy el actual oficialismo se niega a abordar: por caso, la alarmante situación salarial y de inestabilidad de los trabajadores y trabajadoras administrativos, la precarización de los más de 12.000 becarios y becarias, entre otros.

Desarrollismo (?) 2020

La nota desnuda la orientación de la política científica del actual gobierno. De acuerdo al planteo de Hurtado “En Argentina la ciencia es potente pero la tecnología es débil” por lo que necesitaríamos “respuestas tecnológicas que ayuden a escalar capacidad en nuestras economías regionales y en los sectores industriales con potencial agroexportador”. La explicación para este fenómeno se reduciría al “alineamiento incondicional como política exterior de gestiones como las de Menem y Macri [que] presuponen la venta de materias primas con escaso valor agregado”.  Para superar esta “grieta”, Hurtado plantea “superar la pesadilla del péndulo industrialización-desindustrialización, sostenido por una derecha anacrónica que no quiere que nos desarrollemos porque solo sabe extraer rentas extraordinarias de los negocios financieros, que se sostiene sobreexplotando el trabajo argentino y apropiándose de los recursos naturales”. El planteo no es novedoso, sino que recupera las teorías pseudodesarrollistas de mediados del siglo XX que planteaban la dicotomía industrialización central/periferia agroganadera y una respuesta de tipo tecnocrática para la superación del atraso de países como Argentina. Lo que resulta llamativo no es el rescate de planteos que han sido ampliamente refutados por el marxismo y por la historia misma, sino la franca contradicción con los lineamientos político-económicos del gobierno que él mismo integra.

El programa económico actual

Los actuales ejes para la “recuperación económica” plantean el reforzamiento de, por un lado, el modelo agroexportador, con el esquema de cultivos transgénicos-agrotóxicos, avance de la frontera agrícola y superexplotación de los trabajadores y trabajadoras rurales. Por otro lado, una profundización de la explotación primaria de los recursos naturales, particularmente de la megaminería y de los hidrocarburos con eje en Vaca Muerta. En ambos casos, se trata de actividades económicas con nula generación de valor agregado, con capitales mayoritariamente extranjeros y con brutales consecuencias socioambientales. Esto, en un esquema de sostenimiento del pago de la deuda externa usurera y de facilidades para la fuga de capitales (giro de divisas a las casas matrices).

Es al servicio de estos negocios, que poco tienen que ver con la “liberación económica nacional”, que se pretende seguir colocando a la investigación pública en Argentina, un planteo tampoco novedoso. La profundización de la mercantilización de la ciencia y los vínculos con el “sector productivo” ha sido una constante de la gestión de pasada de Lino Barañao, determinando la injerencia de las empresas en qué se investiga y la cesión de desarrollos financiados con presupuesto público al ámbito privado (la semilla de girasol resistente a sequía de la Universidad del Litoral a Bioceres, entre tantos otros).

El extractivismo como fatalidad nacional

Pero Hurtado va más lejos. Consultado sobre “el problema del extractivismo” explica que la crítica a la actual situación socioambiental estaría reducida a “una izquierda académica, rigurosa, un poco idealista” a la que le reconoce “habernos empujado a enfrentar algunas de nuestras debilidades con relación al problema de la sustentabilidad del desarrollo y la justicia ambiental”. Para zanjar el debate antes de iniciarlo, Hurtado explica que “escribir libros sobre los desastres socioambientales del capitalismo es imprescindible, pero cuando te toca gobernar en un país en desarrollo los libros no alcanzan”. Así, el sostenimiento de una política consciente de concentración de la tierra, saqueo de los recursos naturales y destrucción socioambiental pasa a ser una consecuencia inevitable de nuestro lugar como país “periférico”, sin ninguna responsabilidad política. Brilla por su ausencia un mínimo análisis histórico de los resultados de estas mismas políticas que se vienen aplicando desde hace más de 200 años donde la promesa del desarrollo dejó tras de sí territorios arrasados y pueblos empobrecidos.

Monsanto vs la burguesía nacional

Este problema histórico se resolvería reemplazando a los monopolios multinacionales por la burguesía nacional: “No se trata de sí o no a la minería, a la energía nuclear, al fracking o a los transgénicos. Una cosa es Monsanto y otra bien diferente son las semillas desarrolladas con conocimiento argentino”. Esta afirmación falaz parte de considerar a la burguesía nacional como un actor independiente del capital financiero internacional y los grandes monopolios, cuando el vínculo entre estos sectores es una constante de la historia Argentina. Por otra parte, ¿Serían distintos entonces los casos de cáncer y malformaciones congénitas en las zonas fumigadas si el glifosato fuera rociado sobre soja transgénica de origen nacional? ¿Se reducirían las consecuencias del fracking en Vaca Muerta con YPF? ¿Resultaría menos dañino dinamitar la cordillera o la meseta patagónica para aplicar la megaminería nacional? Curiosa omisión la de Hurtado cuando evita mencionar que estas técnicas se encuentran prohibidas en muchos países que él denomina centrales.

Vamos por una ciencia al servicio del pueblo, no de las corporaciones y el extractivismo

Las consecuencias brutales de esta verdadera política de Estado que trasciende gobiernos han generado que cada vez más el pueblo argentino le diga basta al extractivismo y al genocidio socioambiental. Las masivas movilizaciones en Mendoza contra la modificación de la Ley 7.722 para habilitar el uso de cianuro y otros contaminantes, la organización de los pueblos fumigados, las marchas en el sur contra la megaminería, la explosión del movimiento juvenil contra el cambio climático, son sólo algunas expresiones de un movimiento que muestra el nivel de consciencia y organización que se ha profundizado en el último tiempo y que tiene alcance mundial.

Haciendo uso del macartismo clásico del peronismo, Hurtado pretende reducir estos movimientos masivos a una “izquierda académica”. Esta falacia se le vuelve en contra en por lo menos dos aspectos. En primer lugar, porque termina evidenciando que es efectivamente la izquierda el único bloque que se ha opuesto a estas políticas con independencia del gobierno de turno tanto en las calles como en el Congreso y las Legislaturas provinciales. En segundo lugar, porque quienes denunciamos desde el interior del sistema científico la subordinación de la ciencia a estos intereses lejos estamos de encontrarnos encerrados en una burbuja académica. Somos parte de los movimientos populares que luchan en las calles y en los lugares de estudio y de trabajo contra el extractivismo. No somos nosotres quienes nos ocultamos detrás de argumentos tecnocráticos y academicistas para disfrazar las consecuencias concretas de la aplicación del fracking o los agrotóxicos. Conocemos de primera mano y sentimos en la piel cómo viven los pueblos estos flagelos. Luchamos por otra forma de hacer ciencia porque luchamos por cambiar de base este sistema social que nada tiene que ofrecerle a los pueblos y los trabajadores y trabajadoras.

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