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28 de enero de 2020

El PT de Uruguay debe convocar a la Conferencia Latinoamericana

El PT de Uruguay ha publicado un texto en el cual se busca impugnar el llamamiento del Partido Obrero a una Conferencia Latinoamericana de la Izquierda y el Movimiento Obrero. Nos encontramos frente a un modus operandi faccional, que carece de argumentos políticos de peso. Con la misma liviandad, han desechado el 26° Congreso del PO (con sus cientos de documentos, intervenciones y debates), la convocatoria a una Conferencia de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI) para 2019 (aprobada en la Conferencia de noviembre de 2018) y la propuesta del armisticio de Atenas (la base para desescalar la ruptura, redactado por el EEK, el DIP y la MTL).

Se inscribe, también, en el rechazo antojadizo a brindar su apoyo al documento electoral del Frente de Izquierda -Unidad, en el preciso momento en el cual Mujica y Alberto Fernández hacían campaña en común. Con ello, el PT, que no se privó de atacar -en clave altamirista- a la izquierda argentina, dejó pasar una buena oportunidad para delimitarse del Frente Amplio.

Luego de aplicar durante medio año la censura hacia las publicaciones y comunicados del Partido Obrero en su web y en redes sociales, rebajándolas a una repetidora altamirista, el texto con el cual polemizamos va por más: nos comunica, por medio de su encabezado (“El Comité Central del Partido Obrero rompe con la CRCI”), que ahora el PT poseería la potestad de determinar quién es parte de la CRCI y quién no. No podemos más que rechazar tan burda pretensión.

De igual modo, deben ser rechazadas las provocaciones, burlas y hasta ofensas personales registradas en el artículo. Pero el firmante del PT no interpreta un libreto original: se trata de un lugar común en los pequeños grupos o sectas que, al no tener ninguna responsabilidad ante la clase obrera, se permiten el lujo de reemplazar los argumentos políticos por frases risueñas. Aquí, lo único insólito es que el PT consienta este tipo de actitudes que lo desprestigian frente a los trabajadores.

Detrás de este desconocimiento de resoluciones y acuerdos se entrevé la mano altamiriana y sus intenciones de que la ruptura de su grupo con el Partido Obrero se profundice internacionalmente. Por desgracia, el artículo del PT uruguayo se presta a este juego. Para avanzar en la construcción de una alternativa política de la clase obrera, ¿no sería mejor que el PT retome su importante trayectoria revolucionaria, en vez de degradarse a ser un mero instrumento de Altamira en su cruzada descompuesta y personalista contra el PO?

Excusas faccionales

El texto del PT realiza una crítica que sabe deshonesta. Plantea que la Conferencia sería “un llamado al amuchamiento con la mirada posada en las variantes del morenismo continental”. Pero el autor no puede desconocer que la Conferencia pone el eje explícitamente en lo contrario: la defensa de la independencia de clase y, por ende, en el método del Frente Único. No se trata de ninguna innovación, sino de la política que el PO impulsa en el Frente de Izquierda y en todos los terrenos. Por esta vía, hemos logrado avances en las posiciones de la clase obrera que, hasta hace algunos meses, el PT reivindicaba como propias: la recuperación de los sindicatos docentes “multicolores” en la provincia de Buenos Aires y en otros distritos, nuestra intervención en la lista negra que conduce el Sutna (neumático), los acampes piqueteros en todo el país, la conquista de tribunos obreros en las elecciones burguesas.

Estas experiencias demostraron (por si alguien tenía dudas) que, lejos de borrar las diferencias, la intervención común -sobre la premisa de la independencia de clase- clarifica las polémicas. Fue lo que ocurrió con las distintas posturas dentro del Plenario Sindical Combativo de cara a los primeros movimientos del gobierno de Alberto Fernández, o en las intervenciones públicas de los referentes parlamentarios del Frente de Izquierda. También, desnuda el divisionismo funcional a la burguesía, como en las elecciones docentes de Neuquén (Aten), donde una lista separada impulsada por el PTS permitió el triunfo del kirchnerismo.

Esta política es especialmente importante de cara a la izquierda latinoamericana, que ha seguido, en su mayor parte, un largo derrotero de “amuchamiento” y seguidismo a las diferentes variantes nacionalistas. Por eso, no se trata de un congreso de unificación, de tónica centrista, sino una convocatoria a desenvolver acciones prácticas de lucha en un marco principista. El llamamiento a una Conferencia explicita: “en oposición a la política funesta de colaboración de clases, al sacrificio de la lucha revolucionaria en pos de la obtención de escaños parlamentarios y al movimientismo, reivindicamos el método de la lucha de clases y, sobre esta base, llamamos a la izquierda que se reivindica clasista y al movimiento obrero combativo a convocar una Conferencia Latinoamericana con la finalidad de forjar un polo de independencia política a escala de todo el continente.”

El PT conoce muy bien estos hechos. Su ninguneo a la Conferencia no sólo expresa una política sectaria y propagandística, sino que esconde algo más grave: una maniobra para justificar su rechazo faccional a cualquier actividad común con el PO y con la CRCI.

A pesar de que el texto reivindica “las conferencias [de la CRCI] de 2016 y 2018, que pronosticaron muy especialmente los acontecimientos en Bolivia, Ecuador y Chile”, el PT frenó la realización de la Conferencia de la CRCI programada para julio de 2019. A la luz de los acontecimientos, queda claro que el mencionado encuentro hubiera tenido una importancia mayúscula para intervenir con el programa de la CRCI. Esto se ve cabalmente en Chile, donde algunos sectores de la izquierda (incluyendo al grupo ligado al PTS) caracterizaban que no pasaba nada. O en Bolivia, con una buena porción de grupos obreros diciendo que no fue un golpe. La descomposición faccional altamirista lleva a una parálisis criminal.

Pero hay más. El 23 de mayo de 2019, dos miembros del CC del PO concurrieron a una reunión en Montevideo con el CC del PT, a pedido de este último. Fue antecedida por el envío de los documentos internos del debate pre y post congresal, y por la ausencia (tal vez la primera en décadas) del PT durante las sesiones del 26 Congreso del PO. Aunque el PT venía de emitir un pronunciamiento favorable al grupo de Altamira, todos los miembros de su CC admitieron conocer sólo una pequeña parte del debate. A propuesta del PO, la reunión fijó iniciativas de trabajo: la preparación común de la Conferencia, la difusión de dos folletos recientes del PO y la realización de actividades comunes en ambos países de cara a la Conferencia de la CRCI y a las elecciones (Pitrola en Uruguay y Rafael Fernández en Argentina). A los pocos días, un nuevo correo interno de tinte altamirista echó por tierra esta iniciativa. El PT debería hacer un balance de su coqueteo con el rupturismo de Altamira: un trabajo común con el PO y el FIT, ¿no hubiera colocado a ambos partidos en mejores condiciones para abordar la campaña electoral y las tareas de la etapa?

Entre tanto faccionalismo, el texto del PT nos regala una perlita. Postula que “el troskismo argentino es relevante, quizás tanto o más que en su momento en Francia. El PO es un partido fuerte entre las corrientes que se reclaman de la cuarta internacional, allí y en el continente”. Pero, más abajo, se arrepiente: “las organizaciones francesas -LCR y LO- supieron agrupar miles de militantes y tener votaciones superiores al FIT”.

Por supuesto, es una comparación ociosa. Sin embargo, en su afán de asignarle motes faccionales al PO, el redactor del PT no percibe lo esencial: que el Partido Obrero y la CRCI se erigen sobre una delimitación implacable con las corrientes tributarias del nacionalismo y de la pequeña burguesía. Mientras que los “trotskystas” del Secretariado Unificado y del lambertismo votan a Jospin, a Mitterrand, a Chirac y a Macron, el PO cierra su campaña electoral de 2019 en la Av. 9 de Julio, exactamente en el mismo lugar en el cual realizó incontables piquetes y acampes durante todo el gobierno de Macri. Mientras que los “trotskystas” franceses apoyan todas las variantes nacionalistas y stalinistas en los países oprimidos, el PO está abocado a la construcción de un Comité de Enlace en Chile y al trabajo con los cuantiosos residentes bolivianos en Argentina. Mientras la pequeña burguesía “trotskysta” se disuelve en las “nuevas vanguardias”, el PO construye agrupaciones clasistas para intervenir en todos los movimientos democráticos. Mientras que la izquierda democratizante propone el impuesto Tobin a la renta financiera, el PO levanta una tribuna contra el saqueo jubilatorio de Alberto Fernández. Mientras que la LCR -“anticipando” a Altamira- admite tendencias públicas y la potestad de apoyar -o no- las resoluciones congresales, para terminar disolviéndose en el NPA… ¡el Partido Obrero convoca una Conferencia Latinoamericana de la Izquierda y el Movimiento Obrero para impulsar el triunfo de las rebeliones populares!

Una campaña por la Conferencia, también en Uruguay

El texto del PT aborda, con lenguaje vulgar, un problema que revela que su argumentación es una maniobra pre concebida. Dice: “parece joda. Digamos, todo lo que se rechazó en el hogar es adecuado en lo del vecino. Mientras se les permita llevar una existencia tranquila en su propio feudo la dirección oficial esta dispuesta a impulsar el ‘Fuera Piñera’ y de ahí para arriba”.

Las históricas movilizaciones chilenas, que llevan semanas de enfrentamientos en las calles, contrastan por completo con la situación argentina, donde el gobierno -por ahora- aún tiene un apoyo mayoritario. Esto es innegable para cualquiera que esté ubicado en tiempo y espacio. Reclamar que una fuerza política actúe igual en situaciones distintas es concebir la lucha de clases como un debate de café.

Lo que vale para Argentina, también debe ser aplicado a Uruguay. Allí, no sólo el Partido Nacional (blancos) volvió al poder, sino que un nuevo partido filo bolsonarista, Cabido Abierto, sacó el 11%. Mientras tanto, el PT, que sostiene acuerdos programático-electorales con el morenismo sobre una base equivalente a la del PO en el FIT-U, cayó del 0,13% al 0,06% de los votos. Extrañamente, el texto del PT no menciona esta situación.

Pero, si la campaña del PT fuera medida por el redactor del texto con la vara altamiriana que utiliza contra el PO, debería concluir mecánicamente que el desplome político del PT respondió a que, en vez de levantar “una consigna de poder” (tal como “Fuera el Frente Amplio – Asamblea Constituyente – Gobierno de trabajadores”, o similar), la consigna fue “Votemos al Partido de los Trabajadores – Por una alternativa de la clase obrera – Que la crisis la paguen los capitalistas”, tal como consta en el Manifiesto político electoral del PT. Una de dos: o el PT edita inmediatamente una “autocrítica” en línea con el nuevo credo altamirista, o se aviene a discutir seriamente.

Aunque el presidente electo Luis Lacalle Pou esté tocando piezas para pasar la Ley de Urgente y su brutal ofensiva anti obrera, y el Frente Amplio y la burocracia sindical se muestren prontos a brindarle su colaboración, Uruguay se encuentra inscripto en el torbellino latinoamericano. Más temprano que tarde, los trabajadores se alzarán contra el ajuste de todos los gobiernos capitalistas.

La campaña por el llamamiento a una Conferencia Latinoamericana, en manos de quienes levanten consecuentemente el programa de la CRCI, es una poderosa herramienta para que la clase obrera se abra paso con voz propia.

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