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5 de febrero de 2020

Se agrava la crisis de la deuda. Ganemos las calles contra el FMI y el imperialismo

Por una gran movilización el próximo 12 de febrero contra la llegada de la misión del FMI.

En pocas horas la crisis de la deuda, que viene marcando la política del gobierno de Alberto Fernández, se profundizó y pegó un salto.

Al mediodía de este martes 4, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, tuvo que reconocer que había fracasado en el intento de postergar hasta mayo el pago de los 250 millones de dólares correspondientes al capital del bono BP21. La negativa de una parte de los fondos acreedores (y fundamentalmente Fidelity) a aceptar la postergación a pesar del ofrecimiento de hacer efectivo el 30%, del pago de intereses e incluso de un adelanto de los mismos por la parte que se pagaría en mayo terminó haciendo que el gobernador retrocediese y termine pagando el total de la deuda que había vencido el 26 de enero. En concreto, los fondos de inversión le ganaron la pulseada. 

En horas de la noche se supo que la oferta de títulos en pesos al 2021, que el gobierno nacional había lanzado para refinanciar el vencimiento del denominado Bono Dual, había fracasado ya que apenas consiguió colocar un 10% de los cerca de $ 100.000 millones que vencen en pocos días. Esta vez el papel predominante en el rechazo lo tuvo el fondo de inversión Templeton. 

El gobierno hará una nueva oferta la semana que viene, pero el antecedente no es bueno. En el rechazo de los fondos está presente que implicaba una quita de casi el 30% en los hechos. Templeton, “que en los últimos años perdió unos u$s1.000 millones contra la Argentina rechazó la propuesta, desincentivando el ingreso de otros tenedores” (Ámbito, 5/2). Si el gobierno no consigue avanzar con su oferta tendría que pagar 97 mil millones de pesos que es el 7% de la base monetaria. Si decide pagar con emisión terminaría aportando a una corrida hacia el dólar podría provocar una fuerte devaluación e inflación. 

El vencimiento de deuda en pesos es un factor explosivo ya que “entre febrero y abril, son $ 500.000 millones que el Tesoro tendrá que salir a refinanciar con colocación de nueva deuda. Pero si no lo logra se verá obligado a emitir pesos en cantidades industriales, provocando fuerte presión sobre el tipo de cambio y la inflación” (Infobae, 5/2).

El fracaso de las negociaciones de la deuda de la provincia de Buenos Aires y del Bono Dual se produjo cuando las negociaciones sobre la deuda global no han comenzado formalmente, por lo tanto sus consecuencias son mayores ya que se trató de dos ensayos sobre las propuestas del gobierno para proceder a la reestructuración de conjunto de la deuda: postergar pagos y producir quitas. A las dos cosas los fondos de inversión le dijeron que no. 

La puja por una quita se va a agravar. Los fondos quieren recuperar los bonos al 100%, una quita del 40% como plantea el FMI o Stiglitz, el mentor del ministro de Economía, Martín Guzmán, no parece que pueda pasar. Los fondos buitre según algunos trascendidos ya están tomando posición, y esos fondos tienen la espalda como para ir por el 100% por medio de acciones judiciales. Se está pavimentando el camino de un default que por ahora nadie quiere: un default implicaría bloquear por un período de tiempo prolongado el acceso a las fuentes de financiamiento internacional. Este intento de evitar el default implica concesiones mutuas pero como se vio en la Provincia y con el Bono Dual es un camino escarpado. 

Estos dos fracasos se han dado en el marco de la gira de Fernández buscando apoyo para la renegociación. El apoyo internacional que Alberto buscó y encontró en Israel, Alemania, Italia, España, Francia y en el Vaticano no alcanzó para disciplinar a los fondos de inversión que han logrado imponer sus intereses. Tampoco han servido hasta ahora las “agachadas” frente al gobierno de Trump en materia de derechos humanos y de alineamiento en la política exterior. La “solidaridad internacional” lograda va a actuar como un factor de mayor presión sobre el gobierno para que este haga fuertes concesiones políticas y económicas.

El gobierno “ha paralizado” al país en la perspectiva de la renegociación de la deuda, las medidas que se toman son transitorias. El tratamiento del Presupuesto 2020 ha quedado relegado con el mismo argumento: primero deberá resolverse la cuestión de la deuda y solo una vez resuelto ese asunto se presentará un proyecto de presupuesto al Congreso, lo cual ya indica que este será decidido por el FMI, los fondos de inversión y el imperialismo.

Mientras tanto el gobierno sostiene un ajuste sobre los trabajadores, expresado en la eliminación de la movilidad jubilatoria, en la eliminación de la cláusula gatillo para actualizar salarios, en el recorte de las partidas para salud y educación, en el alza de los impuestos y tasas. El agravamiento de las condiciones de vida de las más amplias capas de la población es la consecuencia del derrotero de la política oficial. 

La crisis de la deuda no se puede desenvolver sin la intervención activa de los trabajadores. Esto es condenarlos a ser el “pato de la boda” de un nuevo fracaso. Por eso cuando el próximo 12 de febrero llegue la misión del Fondo Monetario Internacional tenemos que ser decenas de miles en las calles rechazando el pago de la deuda, repudiando al imperialismo, reclamando. Esa es la primera tarea.
 

 

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