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10 de marzo de 2020

Altamirismo rechaza convocatoria a conferencia latinoamericana

Dos caras de una moneda deteriorada.

El Comité Nacional del Partido Obrero lanzó en la segunda quincena del pasado noviembre un llamado “al FIT-U, a la izquierda y al movimiento obrero combativo” a organizar conjuntamente “una conferencia latinoamericana de la izquierda y el movimiento obrero”.

Dos meses más tarde, en dos textos diferentes, con diferencias de 48 horas, respondieron públicamente a nuestra convocatoria Osvaldo Coggiola y Marcelo Ramal. Desde ya que ambos lo hacen para rechazar esta iniciativa y basurearla de arriba a abajo.

El texto de Coggiola se desbarranca una vez más –como hace en cualquier debate contra la dirección nacional del PO- hacia el lumpenismo político insultante, pseudoprofesoral, pedante y fanfarrón. Se trata no de un militante polemista político –y menos socialista- sino de un Landriscina (cómico argentino que inventa dichos populares) pero sin el ingenio de este. Tapa con la sorna la falta de demostración y/o la impotencia de sus argumentos políticos.

Ramal no cae en ese terreno pantanoso. Pero ambos tienen la misma posición. Los anatemas políticos e insultos de Coggiola son la posición desnuda de la facción rupturista de Altamira y responden a su orientación.

¿Quién convoca a la Conferencia Latinoamericana?

Critican que el “Llamamiento” del PO a organizar una Conferencia Latinoamericana de la izquierda “adolece de un error de método” (el profesor pedante, Coggiola, afirma que “probablemente los autores del ‘llamamiento’ ni sepan qué es un método”). El error estaría en que la Conferencia ha sido convocada solo por el PO y no por el FIT U, por lo cual nacería “renga”. Más allá del prejuicio a la discapacidad, es una crítica innecesaria: reconocemos, efectivamente, que el PO ha hecho una propuesta al FIT-U (y al conjunto de la izquierda) a convocar de común acuerdo esta Conferencia Latinoamericana para organizar una intervención de conjunto en el actual proceso de rebeliones que se está desarrollando en nuestro continente (Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, etc.) en el marco de la crisis latinoamericana y mundial. Porque el PO no ha convocado sino que ha llamado a convocar a la Conferencia. Hemos hecho pública nuestra propuesta a través de un “Llamamiento” y no lo restringimos al FIT-U, sino que lo hicimos extensivo a toda la izquierda argentina y latinoamericana.

Campaña por una convocatoria unitaria

El 5 de diciembre se realizó una mesa debate pública, en el marco del picnic anual que organiza el PO, entre las cuatro corrientes que componen el FIT-U. Donde tres de ellas se han pronunciado –con sus matices- favorablemente y la cuarta (el PTS) lo hizo semanas más tarde. En las páginas de las ediciones posteriores de Prensa Obrera aparecen las intervenciones y los análisis que se volcaron en dicha mesa debate.

Diferentes organizaciones se han ido pronunciando sobre la necesidad de convocar a esta Conferencia (Chile, Brasil, etc.). Todas plantean la necesidad de impulsar esta iniciativa que ayude a crear un polo político independiente en cada país y a nivel continental, en el marco de la actual crisis y movilizaciones de masas, contra los intentos del nacionalismo burgués y el frentepopulismo, que propugnan políticas de colaboración de clases que llevan nuevamente a las masas a callejones sin salida y nuevas frustraciones políticas.

La crítica siguiente de los oposicionistas facciosos a la Conferencia es que privilegiamos en el Llamamiento” al FIT-U: “El texto presenta al FIT-U como un caso único, e inclusive ‘sui generis’, de independencia política a nivel mundial…” nos critican. Dicen que renegamos de la trayectoria histórica del PO con esta caracterización.

Ni es cierto, ni es correcta la afirmación de los facciosos altamiristas. En el “Llamamiento” se afirma que Una de las pocas excepciones es la experiencia recorrida por el Frente de Izquierda en la Argentina. Rescatamos al FIT, y ahora al FIT-U, como un campo de independencia de clase que contrasta con el escenario reinante”. Y explica por qué, así como sus límites y contradicciones.

Preguntamos: ¿no es así? ¿Existe en Latinoamérica una experiencia superior a la del FIT-U de Argentina, en este campo?

El que va contra la trayectoria política del PO es el altamirismo. En el documento de convocatoria a la Conferencia Latinoamericana impulsado por el PO y el PT uruguayo (noviembre del 2018) se planteaba expresamente:En Argentina, la delimitación sistemática respecto del kirchnerismo ha servido para un crecimiento de la izquierda revolucionaria. En oposición a diferentes frentes democratizantes, reivindicamos el desarrollo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) como una expresión de la independencia de clase (reproducido En Defensa del Marxismo N° 52, subrayado nuestro).

¿Qué cambió? ¿La ruptura descompuesta -meses más tarde- de Altamira con el PO y su oposición rabiosa y boicotista al FIT-U? El salto de cantidad en calidad, que plantean las leyes de la dialéctica, se ha dado en la profundización del trabajo faccioso y rupturista de Altamira.

Sobre el sectarismo

Los facciosos plantean que el Llamamiento del PO a organizar una Conferencia Latinoamericana de la Izquierda y el Movimiento Obrero “estaría demostrando… que responde a las medidas promedio del sectarismo y la auto-proclamación de la izquierda en numerosos países”. Podríamos responder con una frase utilizada por Marx: “de ti habla la fábula”; en este caso la fábula altamiriana.

Es la facción descompuesta la que ha boicoteado la campaña electoral del FIT-U y la que ha militando en contra de que sea apoyada internacionalmente contra las candidaturas burguesas. Es esta facción la que ha ignorado las convocatorias en apoyo a las rebeliones populares realizadas por el FIT-U (Ecuador, Chile).

Coggiola en su texto critica el Llamamiento del PO porque no se considera que el principal hecho político situado entre la conferencia precedente y el actual llamamiento es la crisis del propio Partido Obrero y la evolución de su dirección (y) la formación de una tendencia (pública) de oposición a la dirección electa en su XXVI Congreso”. En mitad de crisis, golpes y revoluciones el principal “hecho político” -para el grupo faccioso- es la ruptura descompuesta de Altamira. Este brulote de Coggiola no es de su autoría. El propio Altamira lo ha venido desarrollando en sus charlas públicas. En octubre 2019, Altamira planteó en un acto: La Tendencia de nuestro partido ha sacudido el tablero político argentino y a nivel mundial, porque ha roto con un conservatismo de la izquierda que no daba para más”. Y pocas semanas después (diciembre 2019) aclaraba lo del sacudimiento del tablero político a nivel mundial: “A la rebelión de Ecuador, a la rebelión de Chile, a la rebelión de Colombia, a la rebelión de Irak, de Irán, del Líbano, hay que añadir a la rebelión en el Partido Obrero. Es un único proceso político. La comprensión de esto es la clave de nuestro desarrollo”. Acá tendríamos efectivamente el desarrollo de una autoproclamación sectaria íntegra, acompañada por un mesianismo delirante. La ruptura descompuesta de Altamira del PO es colocada al nivel de las revoluciones y rebeliones: ¿si esto no es autoproclamación sectaria, qué es?

La única rebelión que hubo en el PO fue contra Altamira y su regresión política al propagandismo, por un lado, y su faccionalismo intrigante, por el otro. El 26° Congreso del PO votó 80% a 20% contra el curso altamirista. Y este, incapaz de aceptar ser minoría, rompió el Partido para formar su propio grupito. Incapaces de hacerse de la dirección del Partido, por su condición minoritaria, se lamentan y mascullan odio (pero no de clase). Su apelación a la justicia burguesa, en aras de la ilegalización del Partido Obrero, fue un salto en calidad del curso reaccionario emprendido por el grupo.

Frente único y “coyunturas”

En noviembre 2018 se realizó una Conferencia Latinoamericana convocada por el PO argentino y el PT de Uruguay, en la que participaron diversos sectores (Brasil, etc.). Esta Conferencia sacó una Declaración convocando a luchar “Por un frente único de los trabajadores de Latinoamérica para derrotar al fascismo y a los gobiernos responsables del ajuste y la entrega”.

En la misma se consideraba que el ascenso de Bolsonaro evidenciaba que “la crisis mundial ha llevado, en América Latina, al desplazamiento del movimiento bolivariano por la derecha continental, en el espacio de pocos años o incluso meses. Asistimos a una reacción del capital internacional y sus Estados…”

En las conclusiones del cierre de la Conferencia decíamos (Prensa Obrera 22/11/2018): “El documento aprobado plantea que marchamos a una polarización política, no fatalista sino contradictoria. Un polo está relativamente claro, es el de Bolsonaro, de la derecha, que intenta ser repetido por otros en Latinoamérica; el otro polo nos plantea una actividad militante, que no se va a desarrollar mecánicamente; vamos a intervenir en el proceso para crear ese polo político revolucionario. Porque, compañeros, en este momento, tenemos una lucha política frontal con todas las corrientes populistas. Los medios de prensa los presentan a ellos como la izquierda del continente, y no lo son. Ellos empezaron con las políticas de ajuste y represión. Cristina Kirchner fue miembro del G20. Por lo tanto, la batalla política contra el frente democrático en Brasil, contra el “frente antimacrista” en la Argentina, por superar al Frente Amplio de Uruguay, que se pretenden presentar como muralla contra el avance de la derecha, es, en esta etapa, fundamental. En oposición a esta política que conduce a un callejón sin salida, llamamos a impulsar un frente único de los trabajadores a nivel continental, para derrotar al fascismo y a los gobiernos responsables del ajuste y la entrega”. Y en un conjunto de resoluciones votadas se marcó claramente un objetivo: “Esta Conferencia no es un hecho aislado, el año que viene vamos a tratar de realizar una en Brasil, convocando a nuevos sectores y organizaciones” (ídem).

Lo que estamos poniendo en práctica es la continuidad de lo que votó la Conferencia Latinoamericana anterior.

Para el mes de julio pasado estaba señalada la fecha de convocatoria de dicha Conferencia en Belo Horizonte (Brasil) con un papel protagónico de la corriente Luta Pelo Socialismo (LPS) y sectores sindicales combativos. Este objetivo fue acordado con los compañeros brasileros. Se consensuó un texto común de convocatoria y se coincidió en realizar una convocatoria amplia –sobre la base de dicho texto- a las corrientes militantes de izquierda, particularmente las de Brasil. Pero…. Altamira le dio la espalda, la boicoteó e hizo que también se bajaran de la actividad los compañeros del PT de Uruguay que se habían comprometido a impulsarla protagónicamente. Nunca respondieron al proyecto de convocatoria política consensuado con los compañeros de la LPS.

Cualquiera puede darse cuenta de la importancia que hubiera tenido la realización de la Conferencia Latinoamericana en julio pasado –que el PO promovió en plena campaña electoral nacional- en los inicios del proceso de insurgencia de las masas.

Hemos retomado la resolución de la III Conferencia Latinoamericana –ratificada por el XXVI Congreso Nacional del PO- que fue boicoteada por Altamira y sus seguidores. De la misma manera que Altamira rompió con el PO, boicoteó la Conferencia Latinoamericana en Brasil y trabajó por la ruptura de la CRCI.

Las “críticas” al llamado a una convocatoria de frente único a una Conferencia Latinoamericana se inscriben en este accionar faccional y autoproclamatorio de Altamira.

Más que nunca, la realización de esta Conferencia Latinoamericana de la izquierda es necesaria como polo de reagrupamiento frente a la crisis que recorre el continente y la ola de sublevaciones. En forma acelerada se están constituyendo diversos reagrupamientos combativos y revolucionarios que es necesario coordinar. La bancarrota del nacionalismo burgués y del frentepopulismo de conciliación de clases a nivel latinoamericano hace urgente esta convocatoria.

El PO ha lanzado en forma pública el llamamiento con claras definiciones. Los Altamira no saben realizar una crítica y le buscan el pelo al huevo, se dedican a lanzar insultos puramente carroñeros e impotentes. La “coyuntura” latinoamericana y mundial pone a la orden del día la Conferencia.

“Empiojar”

Para “empiojar” el debate vienen con falsificaciones y cuentos: que Altamira previó esto o aquello, que propuso cursos de acción que fueron saboteados por el Ejecutivo, etc. Da un poco de vergüenza que esto lo diga Ramal que fue miembro del Ejecutivo en todo ese período, es decir “corresponsable” de un eventual sabotaje a las propuestas de Altamira (que no son apoyadas por documento alguno).

No podemos responder todos los insultos y ataques descompuestos porque no es el fin de este texto, que pretende defender la convocatoria a una Conferencia Latinoamericana de la izquierda y el movimiento obrero combativo. Pero entre los innumerables brulotes de Coggiola –por citar uno de los más indignantes- se vuelve con el ataque a los piqueteros y a los planes obtenidos por la organización y la lucha. Dice: “En el caso del PO que administra algunas decenas de miles de planes sociales bancados por el Estado a través del Polo Obrero, la ausencia de cualquier mención (en la Convocatoria: aclaración nuestra) al asunto ensordece más que una banda militar tocando entera en una pieza de pensión. Los planes sociales, presentados como de emergencia, se transformaron en permanentes (aunque no constitucionales) debido a la incapacidad de los gobiernos nacionalistas, populistas reformistas (apoyados por un enjambre de izquierdosos) en abrir una vía para la creación de empleos…”. Vuelve con los ataques de la derecha contra el PO y los piqueteros. El PO NO administra planes, el PO interviene organizando a los trabajadores desocupados para que se movilicen y obtengan los medios para enfrentar la miseria de la crisis capitalista. El resurgir de la situación catastrófica vuelve a poner en vigencia, más que nunca, los métodos piqueteros. El movimiento piquetero que se moviliza en forma independiente no es solo el Polo Obrero, sino un frente de organizaciones piqueteras donde el PO tiene un papel de influencia protagónica, luchando contra la cooptación gubernamental y por la independencia política de la clase obrera. Que haya podido persistir hasta el día de hoy y que esté tomando nuevamente cuerpo de organización de las masas desocupadas evidencian que el movimiento piquetero es una expresión de la vitalidad de la clase obrera argentina. A pesar de la cooptación realizada (triunvirato papal, etc.) es una realidad que condiciona al gobierno burgués que busca cómo reprimirlo y romperlo. (Por otra parte, constatemos que nunca Coggiola se pronunció contra la represión y persecución de nuestros compañeros piqueteros.) A tal punto que la burocracia sindical está discutiendo la integración de un “sindicato” de desocupados a la CGT para desactivar la influencia revolucionaria.

El “tercer período” de Altamira

Lo concreto es que los Altamira han trabajado contra la convocatoria de la Conferencia Latinoamericana en julio pasado y pretenden realizar el mismo trabajo en contra de esta nueva convocatoria.

Su orientación es la ruptura de todo trabajo de frente único, incluido el FIT-U. Se trata de una política liquidacionista y sectaria, acompañada de una verborragia autorreferencial y mesiánica. Es una variante de la época del llamado tercer período del estalinismo que había colocado como enemigo principal a las corrientes socialdemócratas y no al fascismo, oponiéndose a todo frente único para combatirlo. Naturalmente, ni el FIT-U es la socialdemocracia, ni el grupo de Altamira el Partido Comunista alemán. Pero el sabotaje al desafío de convocar en frente único de la izquierda y el movimiento obrero combativo a una Conferencia Latinoamericana, para luchar contra las fuerzas capitalistas y por el triunfo de las rebeliones populares, los coloca en el campo del ultraizquierdismo.

Todo trabajador consciente, militante de izquierda o luchador popular tiene en la Conferencia Latinoamericana un terreno favorable para ayudar a estructurar un polo de independencia obrera a nivel continental y ayudar al reagrupamiento clasista y revolucionario en cada país. Nos preparamos así para intervenir en la irrupción de nuevas crisis revolucionarias.

(20/2/20)

 

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