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11 de marzo de 2020

Los miserables: un grito desde la desigualdad en Francia

El film de Ladj Ly de 2019 acaba de estrenarse en Argentina.

Es la final del mundial de Rusia y Francia se apresta a levantar la copa. En París las calles son una fiesta de unidad y fraternidad. Luego de las celebraciones un grupo de jóvenes vuelve a su precario barrio ubicado en Montfermeil, la ciudad parisina donde transcurre la célebre novela de Víctor Hugo "Los Miserables". Este es el inicio del primer largometraje homónimo del director Ladj Ly, ganador de premios Goya, César, Festival de Cannes y nominada al Oscar.

Tres policías están a cargo de patrullar este banlieues (suburbio) donde conviven musulmanes, afrodescendientes y gitanos. Un barrio humilde, donde se entremezclan la venta de mercancías falsificadas, el narcotráfico y la lumpenización de una amplia masa de jóvenes. Chris es el jefe de la patrulla, un policía blanco abusivo y corrupto, que no deja pasar ocasión para demostrar la impunidad de quien manda, "yo soy la ley" gritará cuando esté a punto de perder el control. Gwada es su compañero, un joven afrodescendiente que creció allí y logró hacer carrera en ese mundo policial de abusos, que en el fondo no comparte pero al que se adapta con resignación y tampoco combate. Y, por último Stephane, un recién llegado del campo, que enfrentará en 36 horas la barbarie capitalista de vivir en la ciudad.

Crecer en la banlieues

Lejos del glamour parisino, Los miserables juega a mostrar un lado b de Francia. Donde la juventud es hostigada y perseguida y no tiene perspectiva de mejorar su estándar de vida. Es una historia de miseria y hartazgo, de impunidad, xenofobia y violencia social.

Quienes debieran cuidar a esa juventud y educarla son parte de ese mismo sistema de opresión y amedrentamiento cotidiano. "Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores”, decía Víctor Hugo en la novela. Los jóvenes se alzarán en esta película contra este régimen podrido a modo de venganza, luego que Isa (un niño afrodescendiente) recibiera un impacto de bala en el rostro durante una persecución de la policía, por robarse un cachorro de león del circo de los gitanos. 

La película hace referencia, cual si se tratase de una secuela ficcional a la rebelión del 2005, cuando tras la muerte por electrocución de 2 jóvenes afrodescendientes que eran perseguidos por la policía, la juventud musulmana de las barriadas explotó en las calles. "Son los suburbios donde habitan millones de familias —inmigrantes, pero la mayoría francesas de segunda o tercera generación de origen africano— en casillas miserables, sin servicios, sin empleo, sometidas a un sistemático acoso policial contra sus jóvenes" (Prensa Obrera 924 10/11/2005).

Aquella revuelta que se extendió a lo largo de varios días se fue generalizando en diversos banlieues franceses y pronto trascendió fronteras y llegó a Bélgica, Dinamarca, Alemania, Grecia, Países Bajos, Suiza. Esa juventud harta del racismo, la persecución y la brutalidad policial. Sin ninguna perspectiva de desarrollo, condenada a la miseria, es retratada en este thriller policial con un sesgo por momentos casi documental. Posiblemente está visión tan interna y verosímil sea producto de que su director es oriundo de Montfermeil y ha sufrido este mismo acoso: "tenía 10 años la primera vez que la policía me paró y me cacheo" comenta Ladj Ly.

La violencia de esta juventud es la violencia a la que lleva la lumpenización del capitalismo que condena a las masas a la miseria. El film juega con la idea de mostrar que las condiciones que llevaron a aquel levantamiento popular no han mejorado en estos 15 años, donde gobiernos de derechas e izquierdas se han ido alternando en el poder. La amenaza está latente porque todo sigue igual (y hasta probablemente haya empeorado). Lo interesante de aquella revuelta es que explotó en el seno propio del capitalismo, allá en aquella Europa símbolo de desarrollo pujante del capital. Irrumpió revelando otra cara de la realidad europea. Nicolás Sarkozy era en 2005 el ministro de Interior de  Jacques Chirac que aspiraba a la candidatura presidencial de la derecha y enarbolaba un discurso de "tolerancia cero": "sobreactuó su papel, calificando de manera sistemática como ´canalla´, ´basura´, ´ratas´ y ´excremento´ a la juventud de las barriadas más pobres" (Prensa Obrera 924 10/11/2005).

En cierto sentido la película intenta posar de espectadora y no juzgar las acciones, según su director "es fácil convivir con los demás cuando tienes dinero, cuando no lo tienes es mucho más complejo, necesitas compromisos, apaños, triquiñuelas… es una cuestión de supervivencia".

Los Miserables es un film de denuncia y hasta de advertencia, en palabras de Ladj Ly es un grito al gobierno y al sistema. “No ha cambiado nada, y esto es un disparo al aire, porque estamos hablando de nuestra juventud, de niños en barrios difíciles y esas banlieus son un desastre en términos de educación, cultura… todo está mal. Lo único que digo es que nos escuchen, porque nadie escucha a esta gente. Es un grito a Macron, él tiene que ver la película”.

Los miserables es un drama atrapante, que dispara contra las responsabilidades locales pero no llega a pegarle un tiro con el mortero al sistema capitalista. Una señal de alarma si, que viene a contar la historia de otra Francia, la que se encuentra al lado de la Torre Eiffel, donde las masas viven estancadas en la miseria de un régimen putrefacto.

 

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