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12 de marzo de 2020 | #1584

Florencia Fátima Acevedo: un régimen político cómplice del femicidio

El testimonio de Florencia y Adrián, amigos, compañeros de colegio e impulsores de la lucha por justicia

Florencia Fátima Acevedo tenía 25 años, era mamá  y trabajaba como empleada doméstica en Paraná. Hacía algunos meses se organizaba junto al Polo Obrero para reclamar por trabajo genuino y así encontrarle una respuesta a su preocupación central: juntar recursos para irse de Entre Ríos.

El asedio femicida de Nicolás Martínez la perseguía desde hacía mucho y Florencia quería encontrar un lugar lejano para poder vivir y estar con su hijitx. “Para limpiar casas, cuidar gente mayor o chicos, no tengo problema por favor avísame de cualquier cosa”, le escribía a su amigo Adrián, quien antes de saber que la habían matado, le insistía a Florencia para que viera urgente un mensaje que le mandó con un aviso laboral de un restaurante.

De la violencia psicológica, Martínez había escalado de forma vertiginosa a la violencia física: el mismo día en que Fátima repelió el ataque con ácido muriático, tuvo que sortear la amenaza que le hizo de cortarle el cuello con un cuchillo. Luego de que se mudara a lo de su tía abuela, el violento cercó la casa en la que solían convivir con alambres de púas, perros y escribió en un poste del perímetro “Acá no entra la puta de Florencia”.

Con todas estas evidencias Fátima Florencia radicó la denuncia en la policía de Paraná y en la fiscalía, donde la ningunearon. Como ella misma se encargó de comunicar a todo el país en los audios póstumos que divulgó su amiga Florencia, joven esteticista y mamá, como Fátima. Ella cuenta que impulsa la lucha por el esclarecimiento del crimen para que “haya justicia por Fátima (Florencia como le decíamos sus amigos) y porque quiero que mi hija tenga un futuro”.

Un régimen político de espaldas a las mujeres

En un comunicado miserable, el gobierno municipal de Adán Bahl (PJ) intentó deslindar responsabilidades detallando que habían dispuesto de todas las medidas previstas para “estos casos”. Es decir que estaríamos en presencia de una tragedia inevitable, donde un individuo superó a todo el aparato del Estado.  Lo peor de la respuesta del gobierno es que no está dirigida a explicarse frente a la sociedad, sino a desmentir al bloque opositor de la UCR que emitió un comunicado que se limita a criticar la ausencia del botón antipánico. 

Sus amigos niegan que Fátima tuviera el botón y aclaran que la perimetral no estaba siendo custodiada por la policía. Días antes del crimen varios personas vieron a Martínez merodear la Casa de la Mujer de Paraná, donde Fátima vivía hacía un mes. En el pretendido descargo, la Secretaría de mujer y género de Paraná informa que cada vez que salía Fátima era acompañada por personal de la Casa de la Mujer.

“¿Por qué pensás que ese día salió sola?”, le preguntamos a su amiga Florencia: “El régimen de ingreso y salida era muy estricto, a mí me pidieron mucha documentación para entrar. El día que yo fui a visitarla la persona que tenía que acompañarnos nos dijo que saliéramos nosotras dos porque estaba muy cansada, había trabajado toda la noche y no daba más”. Nuevamente la precarización laboral y un gobierno que descarga la responsabilidad sobre trabajadorxs súper explotados.

En la casa de Martínez habían quedado secuestrados los DNI y toda la documentación de Fátima y su hijx, así como la ropa de ambos. Sus amigos piensan que el día en que salió del refugio fue  a buscar esto, decidida a irse definitivamente de la Casa de la Mujer a la que describía “como una cárcel”.

La desatención, la falta de presupuesto, la precarización laboral, es responsabilidad de todo el régimen político.

Un crimen oscuro, con complicidad judicial y policial

Antes de ser asesinada, Fátima denunció en sus audios a la policía y al ex juez Héctor Toloy por traficar influencias y bloquear el avance de las medidas de restricción que ella tramitaba. La sospecha sobre la policía es patrimonio común de toda la población, en la última movilización que se produjo los manifestantes rodearon al sub jefe regional de la policía de Paraná que tuvo que escaparse y terminó refugiado en la casa de un particular.

La lucha por la emancipación de la violencia

Fátima Florencia necesitaba recursos reales, materiales, concretos, para salir de la situación de violencia. Un trabajo genuino, una vivienda propia, protección para bloquear la violencia femicida. En su búsqueda encontró un refugio vaciado de recursos con trabajadorxs precarizados, una casta judicial y una policía atravesada por sus compromisos con el delito, gobiernos completamente ajenos a las necesidades de las mujeres trabajadoras, incapaces de darle siquiera una salida transitoria a una mujer que está luchando por su vida.
Este sábado se producirá una nueva movilización en Paraná reclamando perpetua para el femicida Nicolás Martínez. En esta lucha está planteada la necesidad de sentar también en el banquillo de los acusados a todo el aparato del Estado cómplice de este delito, que Fátima Florencia Avecedo se encargó de denunciar en tiempo real y que sus amigxs, trabajadores como ella, están impulsando en su memoria. Queda planteada la pelea por el cuidado de un hijx que perdió a su madre y a su padre en el mismo crimen, exigimos que aparezcan todos los recursos que el Estado le negó a Florencia.

El movimiento de mujeres debe pelear por poner bajo control de las organizaciones independientes de los gobiernos las instituciones de cuidado que hoy son cáscaras vacías en manos de gobiernos capitalistas. Lanzar un plan de lucha para terminar con la peste de la desocupación que ata a las trabajadoras a la violencia cotidiana. A reclamar una paritaria digna de las trabajadoras de casas particulares. Casas refugio con presupuesto, personal en planta permanente y un monitoreo constante de quienes en verdad luchamos por las mujeres.

Ni una Menos. El Estado es responsable  

Fátima Florencia Avecedo, ¡presente!

 

 

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