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12 de marzo de 2020

Los pulpos de la industria farmacéutica no se tocan

El gobierno ni siquiera se plantea un control de los precios, que crecieron 457% en cuatro años
Por Matías Neuro
Hospital Gutiérrez

Ginés González García anunció en diciembre de 2019, al asumir como ministro de Salud de la Nación, la reducción del 8% y el congelamiento de los precios en medicamentos hasta el 31 de enero.

Los precios llevan acumulada una suba del 457% en los últimos cuatro años (Página12, 17/12/19). En 2019 escalaron incluso por encima de la inflación general (85% contra un 52,9%).

Los que más subieron fueron los importados que representan el 29% de los que se venden en las farmacias. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), entre mayo de 2015 y enero de 2020 el aumento en los precios de los medicamentos con la cobertura del Pami ascendió a 338 por ciento (El Cronista, 8/3).

No hace falta ser un campeón en matemáticas para ver lo insuficiente de la medida tomada entonces por el gobierno, que fue extendida posteriormente hasta el 29 de febrero.

El 1° de marzo se dio la señal de largada. Apenas en la primera semana los precios subieron un promedio del 2,1%, con algunos que llegaron hasta el 10%, según un relevamiento de la consultora Elysis que analizó 161 variedades.

Los pulpos farmacéuticos que concentran el monopolio de las patentes y sobrefacturan escandalosamente por encima de los costos de producción, no demoraron en remarcar los precios descongelados, una tendencia que, sin intervención del gobierno, seguirá en franco aumento. Y esto golpea en los bolsillos de trabajadores, jubilados y los demás sectores populares.

Activos aportistas a las campañas electorales patronales e integrantes de la mesa chica de la UIA que almorzó en los primeros días de gobierno con Alberto, los capitalistas de la industria farmacéutica fueron grandes ganadores durante el macrismo y se perfilan para continuar en la misma sintonía, aunque su relación con el gobierno pueda tener conflictos, como parte de la puja respecto del destino de los recursos fiscales que el gobierno quiere orientar al pago de la deuda y el libreto de ajuste del FMI.

El saqueo a los jubilados y pensionados tiene su capítulo aparte en las andanzas del sector farmacéutico.

La caja del Pami y la industria farmacéutica

El macrismo redujo drásticamente las prestaciones y el porcentaje de la cobertura del Pami para los medicamentos. Luana Volnovich (actual directora del Pami), Alejandro Vanoli (el director de la Administración de Seguridad Social) y Alberto Fernandez anunciaron el pasado 14 de febrero el acceso gratuito a 170 medicamentos "esenciales" para los afiliados, pero no dijeron que los recursos provendrán una parte de los recursos del propio Pami, lo que supone restarle dinero a otras prestaciones y programas que costea el instituto.

Y la otra parte, según dijo el Pami provendrá de la confiscación devaluatoria disimulada con un "solidario" impuesto PAÍS que grava el dólar "turista", lo que afecta a trabajadores y empleados que lo utilizan como una forma de ahorro y que no toca a los capitalistas, ya que están exentos los agroexportadores, las mineras, las petroleras y los industriales (Ambito Financiero, 11/3).

Sin un control de los precios, un sector de jubilados tendrá una franja de medicamentos gratuitos pero el negocio de los pulpos farmacéuticos se va a mantener de manera floreciente. Solo que ahora el dinero saldrá del Pami y el impuesto. Por esa razón no hubo quejas de ninguno de los pulpos del sector.

Y los trabajadores y demás sectores populares seguirán sufriendo el desbocado aumento de precios que libremente fijan los pulpos farmacéuticos.

La caja del Pami, por su enorme volumen de compras, es una fuente decisiva de las extraordinarias ganancias de los pulpos farmacéuticos que aplauden este Vademecum sin reducciones drásticas de precios como correspondería en la "solidaridad" de crisis económica que anuncia el gobierno.

Las obras sociales

Un cuadro similar se da con las obras sociales, desreguladas desde el menemismo -sin que ningún gobierno las reconstruyera-, que han sido vaciadas con el desvío de los fondos a la medicina prepaga, a lo que se suma la baja en los salarios (que supone menores aportes) y la desocupación y el trabajo en negro, lo que supone que casi la mitad de los trabajadores no realiza aportes.

La caída de sus coberturas en prestaciones y medicamentos parece no tener fondo. Quienes celosamente manejan los recursos, firman contratos y convenios de las obras sociales son los burócratas sindicales, porque allí anidan los mayores recursos de sus corruptelas millonarias.

El cambio de autoridades de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) colocó al frente del máximo organismo de control a Manuel Limeres quien ya ocupó el mismo cargo del 2002-2008. Linares responde políticamente a Ginés. Ambos fueron nombrados en los mismos cargos actuales por Eduardo Duhalde en 2002 y ratificados por Néstor Kirchner. Ahora regresaron con Fernández.

Las promesas de una producción pública de medicamentos con genéricos no pasaron en aquel entonces de meras copias. Mucho menos en un desconocimiento progresivo de las patentes, corazón del lucro capitalista.

Los anuncios rimbombantes de un nuevo Plan Remediar y el efímero congelamiento de precios regresan esta vez en una versión incluso más limitada a la precedente.

El camino de salida a este saqueo histórico de los pulpos farmacéuticos es la producción masiva por parte del Estado, el desconocimiento de la propiedad de las patentes y la nacionalización de todos los laboratorios productores

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