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13 de marzo de 2020

Francia: crisis del coronavirus y crisis política

Por Roberto Gramar
Desde París

El presidente Emmanuel Macron habló finalmente el jueves por la noche sobre la epidemia y las medidas que tomará el Estado. Su discurso reveló a la vez la miseria social capitalista, que está en el origen de la crisis, y la miseria política del régimen actual, que está en la raíz de la impotencia para combatirla.

Italia es el futuro

Las escasas explicaciones científicas que logran emerger nos dicen que el futuro es más bien imprevisible y que, en términos más claros, lo más probable es que Francia siga el camino de Italia, con una semana o diez días de atraso, porque las curvas son muy parecidas y porque finalmente Italia del Norte está al lado y es muy parecida a Francia, con un mayor porcentaje de ancianos.

En cambio, en la propaganda televisa de los periodistas y los comentaristas, orquestada por el gobierno, se trató de poner el énfasis en las diferencias y se alimentó la ilusión de que no se iba a llegar a los mismos extremos en las medidas a adoptar. El ejemplo más claro es el cierre de las escuelas. Macron lo anunció el jueves por la noche y el ministro de Educación había dicho 24 horas antes que no iba a haber cierre. El resultado es que nada se preparó, el cierre provocará un trastorno enorme para las familias obreras y el Ministro sigue diciendo que la enseñanza no será afectada gracias al aprendizaje a distancia. Esta vez es Francia la caricatura de Italia. En las semanas precedentes no había jabón en las escuelas para lavarse las manos -el método eficaz contra la propagación. Esta es la crisis real del virus que el presidente trata de tapar con un parche.

Lo mismo sucede con el sistema hospitalario. Es una evidencia que ya no responde a la crisis en muchas regiones y que no responderá en las próximas semanas en la región parisina. En los últimos años se cerraron miles y miles de camas, se redujo el personal, no se renovaron los aparatos, se aplicó un sistema de financiamiento aberrante para la salud pública. Es lo que pasó en Italia. El sistema de seguridad social, a diferencia de los Estados Unidos con seguros privados y servicios pagos, todavía permite salvar lo esencial, aunque Macron lo está horadando año tras año. Ahora el presidente, para evitar las críticas a su política y sus medidas, elogia lo que antes denigraba, aprueba lo que antes condenaba.

El Ministerio ha sido incapaz de abastecer los hospitales y profesionales de barbijos y la especulación se hizo presente: una muestra de negligencia enorme que favoreció la difusión del virus y disminuyó la disponibilidad del personal médico.

En los temas de largo plazo, los investigados han denunciado que la investigación fundamental sobre los virus y epidemias, que se puso en marcha con los episodios anteriores de gripe, fueron desfinanciados y retrasados porque se le ha dado prioridad a la investigación privada y a objetivos inmediatamente lucrativos.

Nadie le cree nada

El gobierno de Macron se está desplomando y tiene que abordar la epidemia en pleno retroceso político. Enfrentó y enfrenta movilizaciones sociales radicales -chalecos amarillos, jubilaciones, hospitales- con la represión y la mentira. Miente no solo ideológicamente, afirmando los beneficios del capitalismo, sino también más directamente, sobre los hechos y los resultados de su política. Dice una y otra vez que el sistema hospitalario está preparado para la crisis, cuando se sabe que está desmantelado, que el gobierno le ha negado los recursos para un funcionamiento normal, que el personal de las urgencias está en huelga desde hace 1 año. Cuando Macron visitó los hospitales para mostrarse junto al personal, que se sacrifica todos los días, uno de los médicos le recordó explícitamente que si el Estado podía contar con el personal, el personal no podía contar con el Estado, como se veía desde hace 1 año con la huelga.

El discurso del presidente, para tratar de salvar esta hostilidad evidente de una mayoría de la población, adoptó a la vez un tono marcial -soy el jefe-, de unidad nacional -todos somos solidarios-, de que todo está previsto -cuando el gobierno improvisa-, de que se gastará lo necesario -cuando no se le da plata los hospitales-, de que la sanidad es la prioridad -cuando lo es la empresa capitalista.

Esta serie de mistificaciones -que no son exclusivas de Macron- está subrayada por la naturaleza bonapartista del gobierno y por la crisis política que está enfrentando. Encontró en el virus un medio para salir airoso y lo utiliza con todo el cinismo posible. Quiere ahogar todo debate democrático sobre su política, toda discusión sobre sus medidas. La población está condenada a la pasividad y al individualismo.

Salvar la explotación capitalista

El discurso de Macron utilizó varias veces la fórmula “cueste lo que cueste” para significar que no habrá restricciones presupuestarias. Lo utilizó para la sanidad... y para las empresas. Sabemos que es una falsedad en lo que se refiere al hospital y es cierto en lo que se refiere a las empresas.

La crisis se está manifestando ya en miles de empresas que reducen drásticamente su actividad -el turismo, los restaurantes, el lujo son esenciales en la economía- y la cadena de pagos se está cortando. Aquí el gobierno no tiene límites: ordenó ya que no se cobren las cargas y los impuestos en el mes de marzo e indicó que en pocos días más anunciará un plan de apoyo presupuestario. Los economistas estiman que el costo total será entre 20 y 25.000 millones de Euros (27.500 millones de dólares).

En su discurso, Macron reclamó el apoyo de la Unión Europea, que poco puede hacer dada la política del Banco Central Europeo y las diferencias nacionales. Este punto toca un rasgo del desarrollo de crisis, las fuerzas centrífugas que operan en el mercado mundial. Trump considera que Europa es su enemigo que le envía el virus y no se toma siquiera el trabajo de prevenir a los países afectados que sus ciudadanos no podrán viajar a los Estados Unidos. El presidente Macron, con toda la energía que quiere simular, no puede hacer otra cosa que tomar acta de la agresión de su amigo Trump.

Todo será hecho para salvar la continuidad de la explotación capitalista, incluso la indemnización por paro parcial debido a la disminución de las ventas. Sin embargo, este es un costo que el gobierno le hará pagar a la población y a la clase obrera con el aumento de impuestos y tasas en la próxima fase. No lo pagarán los capitalistas, habido cuenta que sectores enteros quedan excluidos de esta indemnización. Los desocupados estarán más desocupados y el 1° de abril comienza a regir la nueva ley sobre el paro, que reduce las indemnizaciones e aumenta brutalmente los obreros/as sin ninguna indemnización.

En lo inmediato, habrá un incremento exponencial de la circulación monetaria y de las deudas, que multiplicarán la explosividad de la crisis. Es el verdadero anuncio del discurso de Macron.

Salvar la unidad nacional

El llamado a la unidad nacional no podía estar ausente y fue uno de los ejes de la alocución. La oposición parlamentaria dijo presente al llamado del jefe y confirmó la unidad nacional. El dirigente de LFI (La Francia Rebelde), Jean-Luc Melenchon, estimó en twitter que “el momento (era) el de la solidaridad y la cohesión...y no el de la polémica”. En la crisis se percibe más claramente la naturaleza política de cada uno: Melenchon es un demagogo de la “rebelión popular” que claudica ante la presión burguesa. Dice presente cada vez que lo llaman.

Macron anunció finalmente que las elecciones municipales se harán los domingos 15 y 22 de marzo, en 2 turnos. Aquí aparece su enorme fragilidad. Se sabe que hasta último momento, antes del discurso, se proponía anunciar su postergación. La oposición de los líderes de derecha lo convenció de lo contrario porque lo amenazaron con una tormenta política. Las elecciones en efecto serán una derrota del gobierno en favor de la derecha y de la izquierda. Es el próximo episodio, que el presidente no pudo patear para adelante, por la flaqueza de su poder autoritario. Lo utilizó para imponer el proyecto de jubilaciones sin voto de la Asamblea Nacional pero la movilización social puede obligarlo también a retroceder en esta cuestión central.

Imponer la autoridad del Estado al punto de un estado de excepción, organizar la pasividad de la población, atomizar su actividad aún más de lo habitual, ahogar todo debate político y las libertades democráticas, fueron los objetivos de la intervención del Presidente. La respuesta deberá estar a la altura. La movilización y las organizaciones obreras y populares tienen que discutir, proponer e imponer medidas, en colaboración con los científicos y expertos, para proteger en todo lo posible a la población y salvar el interés general y no en favor de un poder político decadente y de un sistema social que nos conduce a la barbarie. 

La crisis es social y un objetivo central de la burguesía, sobre todo de las burguesías imperialistas, es asegurar la continuidad del sistema de explotación y para obtenerla hay que legitimar el régimen político de dominación, son sus modalidades concretas, para que la población acepte pasivamente las medidas que se le imponen y sus costos terribles.

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