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17 de marzo de 2020

Repartidores de las apps: entre el contagio y la supervivencia

La empresas no se hacen cargo del personal pero si de las ganancias.

La crisis el coronavirus ha desatado todo tipo de medidas a nivel internacional con el propósito de evitar su propagación, sin embargo no son pocos los sectores que han quedado al margen de toda protección y que incluso son sometidos por sus patronales a una gravosa exposición con el único objetivo de aumentar o mantener su rentabilidad: este es el caso de los repartidos de las apps (o riders) que en todo el mundo implican una variante de trabajadores ultraprecarizados, sin acceso a los derechos más elementales.

El caso de los riders ha dado que hablar en la prensa internacional debido a que se trata de una actividad de riesgo que los países más comprometidos no han suspendido y cuya eventual cesación, sin la adopción de otras medidas urgentes, dejaría a miles de repartidores sin su sustento económico diario. Los repartidores de las apps viven de su trabajo, a cuenta de las entregas que realizan, bajo una modalidad precarizada de “plataformas” virtuales, que evitan reconocer el carácter de la relación de dependencia entre los riders y las empresas dueñas de las apps.

Crisis y negocios

Tanto en Italia como en España, dos de los países más afectados de Europa por el Covid-19, las principales empresas de apps de reparto (Glovo, Just Eat, Uber Eats, Deliveroo) han aprovechado la crisis desatada por la extensión del virus, y las medidas de aislamiento de la población, para aprovechar un salto en el negocio de entregas domesticas.

Algunas empresas, como es el caso de Uber Eats, han ido aún más lejos, lanzando campañas publicitarias con slogans como “Aprovecha esta semana, quédate en casa y pide Uber Eats” o “no te la juegues”, sumado a distintas promociones, todo en vistas a explotar el aislamiento de la población sobre la base de una mayor exposición de los repartidores. Esto suscito un repudio generalizado que obligo a la empresa a pedir disculpas públicamente.

Pero lo cierto es que, más allá de las campañas publicitarias, el sistema de reparto por medio de las apps se ha disparado al mismo ritmo que crecen las restricciones a la circulación y se multiplican los casos de cuarentana o aislamiento domiciliario. Si bien los bares y restoranes han bajado sus ventas aún mantienen parte de su actividad gracias a las entrega de pedidos que garantizan los riders. El aumento más significativo se da en las apps como Glovo que ofrecen un servicio tipo “supermercado virtual” de abastecimiento de todo tipo de productos, que por momentos colapsa ante el crecimiento exponencial de la demanda.

El contraste de esta “logística excepcional” de abastecimiento es que el peso de las tareas recae en los repartidores de las apps, los cuales no son reconocidos como empleados por las empresas, razón por la cual no están contemplados en ningún tipo de medidas de protección ni garantías económicas para resguardar su salud ante la propagación del coronavirus. Las empresas se han dedicado casi exclusivamente a “brindar recomendaciones” acerca de cuidados y medidas de higiene, como si se tratara de un personal ajeno a su competencia. Por otra parte, no se garantizan elementos de seguridad e higiene de ningún tipo, y los recaudos pasan por dar ciertas indicaciones acerca de cómo evitar el contacto directo en las entregas: “Han enviado unos vídeos bastante patéticos sobre cómo hay que entregar los paquetes a distancia. Te piden que te hagas con tu propia mascarilla o guantes para usarlos durante el trabajo” explica uno de los dirigentes de la asociación española Riders x Derechos.

En Italia, donde las condiciones son aún más graves, se han paralizado innumerables servicios pero no así el caso de los repartidores. Distintos agrupamientos de riders de las ciudades de Bolonia, Nápoles, Milán y Roma, lanzaron la convocatoria a un paro de actividades a pesar de no estar dadas las condiciones de un sostén económico durante el cese de sus actividades. La situación es tan alarmante que señalan “nuestra vida y nuestra salud valen más que una pizza, un sushi o un sándwich”. Demandan que el Estado italiano garantice un sustento económico y cobertura médica.

Las empresas hasta ahora solo garantizan una cobertura económica para los repartidores en cuarentena o que hayan contraído el virus, es decir cuando ya está comprometida la salud de los trabajadores.

Argentina

En nuestro país aún no se registra un salto en la demanda de las aplicaciones, sino más bien una retracción como resultado de la implementación, en varios sectores, del trabajo a domicilio sin que aun exista una política de aislamiento generalizado. Aun así esto ha golpeado a la baja los ingresos de los repartidores de las apps quienes viven del trabajo a destajo.

Sin embargo, están planteados los mismos problemas que recorren a los riders a nivel mundial: la falta de provisión de elementos de seguridad e higiene; la exposición frecuente a personas en aislamiento, cuarentena o cuidados domésticos; el no reconocimiento de las patronales dueñas de las plataformas digitales; la ausencia de todo tipo de garantía económica y cobertura médica; etc.

Esta dramática situación de los repartidores de apps los coloca ante la disyuntiva de salir a ganarse el pan poniendo en riesgo su salud y sus vidas o conservar sus vidas poniendo en riego su alimentación y supervivencia. Se vuelve urgente un paquete de medidas para garantizar la seguridad de los y las riders, que incorpore el cese de toda actividad de reparto; la desafectación del pago del monotributo; un seguro económico para los repartidores de las apps; cobertura de obra social y servicios médicos. Que no lucren con la vida de los trabajadores.

 

 

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