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19 de marzo de 2020 | #1585

Coronavirus: la lucha del magisterio hizo cumplir el aislamiento de la docencia

El ministro Nicolás Trotta ordenó que todos los docentes debían cumplir horario con normalidad en la más anormal de las crisis por la que haya pasado la Argentina y el mundo. Esta resolución ponía en riesgo innecesariamente la salud de todos los trabajadores de la educación y contribuía a mantener un movimiento en las calles que sigue extendiendo el virus. Pero la organización y tenacidad de los docentes le torció el brazo y logró imponer que en las escuelas se mantengan sólo guardias mínimas.

El gobierno nacional –y junto a él los gobernadores provinciales- han privilegiado el interés económico de las empresas por sobre la salud de la población, evitando garantir que los trabajadores puedan tomar licencias laborales a costo del capitalista en resguardo de su salud individual y de la salud pública frente al coronavirus. Ese interés social se expresó en la negativa a suspender las clases, lo que estuvo obligado a revertir por el avance de los contagios y por la lucha docente que lo impuso. Lejos de garantir que se redujera la circulación social, una vez decretada la suspensión de clases, el ministro de Educación, Nicolás Trotta, por cadena nacional, mandó a los docentes a cumplir horario en todas las escuelas, lo que significaba anular por completo el sentido de la medida. No sólo pretendió regimentar a los docentes, sino evitar que ese camino lo siguieran el resto de los trabajadores, desprotegidos por completo ante la avaricia patronal (en shoppings, trabajadores de apps de reparto, transporte, etc). 

Siguiendo las indicaciones del ministro Trotta, todas las gobernaciones decretaron el día lunes 16, a horas del anuncio presidencial de que había que evitar la circulación social, normativas para que los docentes cumplieran horario completo. Incluso, no se contemplaba la inasistencia del o de la docente que tuviera hijos o familiares mayores de 60 años a cargo. Alicia Kirchner y Axel Kicillof rivalizaron con los gobernadores de la “derecha”, como Rodolfo Suárez de Mendoza, en la tarea de perseguir a los docentes.

En Santa Cruz, la presidenta del Consejo de Educación Provincial lanzó una ofensiva contra los docentes de esa provincia; horas después, se conocía el primer caso de coronavirus en Calafate, y cientos de aislados en la provincia, por lo cual el intendente de esa localidad cerró todas las actividades salvo salud, farmacias y supermercados. Una acción colectiva de reclamo del sindicato antiburorático Adosac rechazando la obligatoriedad de los docentes de concurrir a las escuelas y un planteo de paro de ATE para lograr lo propio para los estatales, obligó a Alicia Kirchner a establecer por decreto el aislamiento de todos los agentes del Estado.

Con la misma ferocidad se despachó la administración del gobernador “amigo de los maestros” Axel Kicillof. En una resolución de la Dirección General de Escuelas se estableció que “durante el plazo que dure la suspensión de asistencia de estudiantes, el personal docente, no docente y directivo concurrirá normalmente a los efectos de mantener el desarrollo habitual de las actividades administrativas, la coordinación de los servicios sociales y las actividades pedagógicas que se programen para el presente período de excepcionalidad”. La intervención de los Sutebas multicolores y la bronca de los docentes enfrentó desde el lunes a primera hora el apriete de inspectores y directivos. Tribuna Docente circuló una nota de descargo para retirarse de las escuelas de amplia difusión en los distritos celestes, y el repudio obligó al propio Suteba a impugnar esa resolución. En Buenos Aires también se impuso el resguardo de los docentes y las escuelas están abiertas en base a guardias mínimas.

En Río Negro, esa lucha la organizaron los sindicatos multicolores de Unter. La directiva de ese sindicato, ante la decisión de la gobernadora de obligar a los docentes a concurrir a los establecimientos, fue la de instar a los y las compañeras a quedarse en la casa, pero no tomó ninguna medida ni reclamo público para garantizarlo. Pasado el día lunes, también aquí se conquistó el aislamiento de maestros y profesores. Esa lucha durante estos tres días hábiles fue la constante en Entre Rios, Mendoza, Neuquén, Chaco, Misiones, Ciudad de Buenos Aires –en manos de Ademys-, en Salta, en Chubut. La provincia de Formosa es la peor de todas. Allí Gildo Insfrán ha montado un operativo de apriete de control desde la Dirección Ministerial escuela por escuela. Controla a los trabajadores de la educación, no a la pandemia.

Como consecuencia de esta resistencia, se ha establecido en la mayoría de las jurisdicciones y escuelas el criterio de preservación de los alumnos y docentes por sobre los aprietes del Ministerio de Educación y de los gobernadores. La dirección de Ctera ha sido un cero a la izquierda en la protección de la docencia frente a estos ataques. 

Nuestros reclamos

Desde los sindicatos multicolores y antiburocráticos y Tribuna Docente reclamamos el cese de los aprietes de funcionarios y directivos, la no concurrencia de los docentes sin necesidad de establecer ningún trámite, en el lógico marco de la sustentación de guardias mínimas. 
En segundo lugar, garantizar la entrega de verdaderos bolsones de comida para paliar la situación del conjunto de la comunidad educativa, que ni el gobierno nacional ni el provincial garantizan, porque las empresas que tienen la concesión de los comedores incumplen sus contratos.

Volver atrás todas las cesantías, consecuencia de la suspensión de los actos públicos y concursos por el desarrollo de esta crisis sanitaria.

Asimismo, nos pronunciamos por unir esta lucha a la de los padres de nuestros alumnos, trabajadores que también reclaman licencias para cuidar la salud de sus familias y de ellos mismos, a cargo del patrón y/o del Estado, y el refuerzo de los recursos económicos y humanos necesarios para fortalecer el sistema de salud vaciado por los gobiernos y los capitalistas desde décadas.
 

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