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19 de marzo de 2020 | #1585

Un paso adelante en la crisis

Elecciones municipales en Francia
Por Roberto Gramar
París, 18 de marzo del 2020

Las elecciones municipales en Francia pasaron casi desapercibidas en el medio de la crisis y la epidemia sanitaria. Sin embargo, hay que prestarles atención porque fueron a la vez un indicador del derrumbe del sistema político y un acelerador de la dislocación de la autoridad bonapartista de Emmanuel Macron y su gobierno.

Recordemos que estas elecciones son convocadas cada 6 años (las anteriores fueron en 2014) en 36.000 comunas, a 2 vueltas. De esta multitud de comunas -una organización que viene de la Revolución Francesa y de la transformación de las parroquias en entidades civiles- interesan realmente las 236 ciudades de más de 30.000 habitantes, que concentran más del 90% de la población. Las comunas, gobernadas por un alcalde electo por el consejo municipal, han perdido autonomía y peso político con el régimen de la Va República, aunque los 500.000 concejales y los 36.000 alcaldes siguen siendo un elemento constitutivo de la red del poder burgués y de sus partidos. Los presupuestos comunales alimentan a una parte de la burocracia y de los negocios burgueses; los servicios públicos que prestan los municipios afectan muy directamente la vida cotidiana de la población.

Los resultados electorales

Las elecciones municipales no se presentaban bien para el oficialismo luego de la movilización histórica de los chalecos amarillos y del combate contra el proyecto de jubilaciones . El macronismo reducía sus aspiraciones a una buena elección y eventualmente un triunfo en las 3 grandes ciudades: París, Lyon, Marsella y a la elección de 5.000 concejales sobre 500.000. La campaña electoral y la crisis sanitaria, sin embargo, derrumbaron esta perspectiva.

El gobierno no fue capaz de imponer su autoridad para postergar la primera vuelta el 15 de marzo, al explotar la epidemia, y se vio forzado a diferir la segunda, porque decretó el confinamiento. Sin ninguna iniciativa, mostró su fragilidad y sus vacilaciones; todo lo contrario de lo que requiere el bonapartismo. Aunque el rey todavía no está desnudo, ya perdió su ropa de fiesta y de trabajo.
Los resultados electorales fueron catastróficos para el gobierno y se caracterizaron por una abstención del 55%, inédita en este tipo de elección. Son 20 puntos más que en el 2014. De estos 20 puntos, 10 pueden ser atribuidos a la epidemia y otros 10 a la abstención creciente en todas las elecciones de la juventud y la población de los barrios pobres: 65 o 70% en las comunas populares. La legitimidad que el poder quiere obtener de la democracia burguesa y las elecciones se disuelve y queda en evidencia ante todo la represión y la burocracia.

Establecer un balance general de las cifras es difícil porque hubo 36.000 elecciones y solamente en la primera vuelta. No obstante, las tendencias generales quedaron claramente fijadas. Ante todo, en base a los resultados electorales del 2017 y del 2018, los macronistas esperaban ganar en París, Lyon y hasta en Marsella, gracias a una trenza local. Suponían también que podían ganar otras ciudades en listas conjuntas con los partidos de derecha y de esta manera estructurar su propia red de poder local, que legitime a su vez al poder central.

Los resultados del domingo a la noche fueron muy diferentes, en realidad opuestos, bien que en los comentarios periodísticos se habló sobre todo del coronavirus. En las 3 grandes ciudades, el oficialismo se presentó dividido y en París tuvo incluso que cambiar de candidato en medio de la campaña por un escándalo sexual. Los macronistas no figuraron para nada entre los posibles vencedores de la segunda vuelta. En París le fue bien al Partido Socialista y a la alcaldesa Anne Hidalgo de ese partido; en Lyon a los ecologistas del partido EE (Europa Ecología); en Marsella a la izquierda y los ecologistas sin partido. El primer ministro Edouard Philippe pagó su propio tributo en Le Havre, ciudad donde se había impuesto en el 2014 en la primera vuelta, tuvo ahora un 43% y el candidato comunista y de la unión de izquierda que le sigue, el 35%. Si la segunda vuelta se concretaba el próximo domingo, Philippe podía perfectamente perder su alcaldía y hubiera debido renunciar como primer ministro.

Las conclusiones que se pueden extraer de los resultados de la primera vuelta y de esta elección municipal trunca van todos en el mismo sentido. El bonapartismo macronista está en un derrumbe. Sin reproducir las miles de cifras y las centenas de combinaciones políticas que se organizaron, las tendencias importantes fueron: abstención creciente y mayoritaria que marca todos los resultados; derrumbe político del macronismo; ascenso electoral de los ecologistas; buenos resultados para el PS y la unión de izquierda; el Frente Nacional de connotaciones fascistas hace una buena elección en las pocas ciudades que gobierna y no repite los mismos resultados en el país; el PC continúa su caída y pierde por ejemplo el suburbio simbólico de Saint-Denis; la France Insoumise y Melenchon siguen sin rumbo.

¿Y ahora qué?

El gobierno se vio forzado a postergar la segunda vuelta hasta por lo menos el mes de junio, a la espera de la contención de la epidemia.
En ese momento, va a pagar sin duda sus cuentas. La política sanitaria, la ausencia de iniciativa y las malas decisiones han agravado las consecuencias de la epidemia. El sistema hospitalario ya explotó en el este y está explotando en la región parisina. La catástrofe económica está a la orden del día. La guerra está declarada no contra el virus (como pretende Macron) sino entre las potencias capitalistas e imperialistas. El imperialismo francés continuará su caída. Las elecciones municipales ponen de relieve que Macron no dispone prácticamente de ningún recurso político.

La rendición de cuentas y el balance no se van a demorar. Las formaciones burguesas ya anuncian que la auditoría será sin concesiones; el movimiento obrero y popular podrá retomar la energía de las movilizaciones recientes y la vanguardia obrera deberá avanzar en su intervención independiente, en su reflexión política y en su agrupamiento.

Son alternativas a la orden del día y no simples expresiones de deseos. Europa está ahora en el centro de la pandemia y en el próximo período Francia y Europa deberían estar en el centro de la crisis revolucionaria que se está incubando.

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