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19 de marzo de 2020

Cacerolazos masivos contra Bolsonaro

Los vaivenes del gobierno brasileño frente a la pandemia.

El abordaje de la pandemia de coronavirus por parte del gobierno brasileño ha desatado cacerolazos de repudio en los últimos tres días en las principales ciudades del país (San Pablo, Rio de Janeiro, Fortaleza, Recife, Belo Horizonte, Porto Alegre, entre otras). Según los informes de los medios, el repiqueteo de las cacerolas (bajo el lema de Fuera Bolsonaro) se sintió tanto en barrios de clase media como en áreas suburbanas de San Pablo. En contraste, los contra-cacerolazos de apoyo al mandatario fueron pálidos.

Las primeras respuestas sonoras contra el gobierno se dieron cuando Bolsonaro calificó al coronavirus como una “fantasía” agitada por los medios, pese a que Brasil es el país más afectado de América Latina (con 4 muertos y cientos de infectados) y algunos integrantes de su gabinete contrajeron la enfermedad.

La envergadura de la crisis obligó finalmente al presidente a recalcular. Hoy se anunció el cierre de fronteras y en los dos últimos días se pusieron en marcha una serie de medidas, que apuntan sin embargo a transferir la carga de la crisis sobre los hombros de las masas.

Es que Bolsonaro ha anticipado la posibilidad de una reducción de la jornada laboral unida a una rebaja salarial de hasta el 50%. Uno de sus funcionarios justificó esta medida diciendo que “mucho peor es quedarse sin empleo”. Asimismo, se discute la posibilidad de suspender los contratos de trabajo y aplicar el banco de horas a trabajadores en cuarentena, de manera que deban compensar la forzada licencia que tiene como causa a la pandemia, con futuras jornadas extenuantes de trabajo.

Unido a esto, el gobierno ha dispuesto un paliativo miserable para los trabajadores no registrados (40% de la fuerza laboral) y ha debido aumentar el presupuesto para subsidios sociales.

Si los trabajadores son golpeados por el gobierno a raíz de la pandemia, los empresarios en cambio son resarcidos. Ya se anunció una inyección de fondos para bancos y habría otra para aerolíneas. El ministro de Hacienda, el ultraliberal Paulo Guedes, ha llamado en tanto a acelerar la batería de medidas de ajuste y rescate al capital (privatizaciones masivas, reforma tributaria, etc.)

Así como hay empresas que fuerzan a sus empleados a asistir al trabajo, pese al riesgo para la salud de éstos, otras suspenden masivamente o cierran, y dejan a la deriva a los trabajadores. El denominador común es asegurar los negocios a costa de la fuerza de trabajo. En el ABC paulista, el principal cinturón industrial del país, las automotrices han licenciado 50 mil trabajadores. Al mismo tiempo, la incertidumbre económica es alegada como motivo para despedir. Frente a 59 cesantías, los metalúrgicos de Caoa Chery (en San Pablo) han paralizado la planta en reclamo de la reinstalación.

En cierto modo, los cacerolazos terminaron reemplazando las movilizaciones que no pudieron realizarse debido al coronavirus. Para el 18 estaba prevista una jornada nacional de luchas, convocada por las centrales sindicales (CUT y Conlutas, entre otras), que entre otros puntos cuestionaba la política de ajuste del gobierno sobre el presupuesto educativo y de salud. 

Cabe señalar que el gobierno paulista ha pronosticado posibles 45 mil casos de coronavirus. Si esto fuera así, el frágil sistema sanitario brasileño podría verse desbordado. El ajuste sobre la salud pública es criminal, más aún teniendo en cuenta el crecimiento de enfermedades como el dengue y el sarampión.

Es la economía...

El coronavirus supone también una enorme amenaza a las promesas oficiales de un despegue económico. El real se ha devaluado al nivel más alto desde su creación y el Bovespa (índice bursátil de San Pablo) llegó a sufrir el jueves 12 su peor caída desde la crisis de 1998.

Todo esto tiene su impacto en el plano político, golpeando el proyecto bonapartista de Bolsonaro. Las movilizaciones del día 15, en reclamo del cierre del Congreso, sólo reunieron a algunos centenares de sus seguidores. 

El movimiento obrero viene protagonizando aguerridos combates contra la agenda de ajuste del gobierno y la burguesía, aunque ha sufrido derrotas, como los despidos masivos en petroleros y la imposición de la reforma previsional a nivel federal y en varios estados. En esto tienen una gran responsabilidad las conducciones sindicales (empezando por la directiva de la CUT), que llevan a cabo una política contemporizadora que evita avanzar en un plan de lucha. 

El PT, en tanto, que se llena la boca hablando contra el gobierno, es cómplice de las políticas de ajuste en los estados que gobierna. Y se limita a orientar todos sus cañones hacia las elecciones municipales de este año.

La pandemia reactualiza el problema clave de poner en pie un plan de lucha en la perspectiva de la huelga general, para echar a Bolsonaro-Guedes y su plan de guerra contra las masas.

 

 

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