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19 de marzo de 2020

Coronavirus: los “efectos positivos” en el ambiente

En los últimos días, en muchos medios, se ha señalado que se observa una serie de efectos positivos en el ambiente como producto de las medidas aplicadas en el mundo para hacer frente al coronavirus. Una drástica reducción de la concentración de gases de efecto invernadero, de la contaminación de las aguas y la reaparición de fauna en las ciudades son algunos ejemplos. 

Informes publicados por la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) ponen de manifiesto, a través de imágenes satelitales, una significativa caída en los niveles de contaminación de los espacios aéreos de China e Italia, los dos países más afectados por la pandemia hasta el momento. Se trata específicamente de un descenso por encima del 25% en la emisión de gases de efecto invernadero -como el dióxido de carbono (CO2) y el dióxido de nitrógeno (NO2)- desde que comenzó el brote de la enfermedad. Los datos se obtuvieron a través del Tropomi (Tropospheric Monitoring Instrument), actualmente la herramienta más precisa capaz de cartografiar los gases contaminantes. 

Un escenario temporal que pone en evidencia la depredación capitalista del ambiente

Las medidas tardíamente aplicadas por los distintos gobiernos para intentar controlar la propagación del virus han obligado a limitar significativamente –a pesar de las patronales- la actividad industrial y la circulación vehicular. Esto implica una enorme reducción en el consumo de carbón y petróleo lo cual ha llevado a este novedoso escenario. En China se han ido expandiendo las mejoras en la calidad del aire desde Wuhan –epicentro de la crisis- hacia grandes centros urbanos como Beijing y Shangai. En Italia se ha observado la reaparición de cisnes, delfines y jabalíes en zonas como Venecia y Cerdeña; producto de la suspensión del turismo y el tránsito de barcos. 

Sin embargo, estos efectos “positivos” en el ambiente deben ser analizados cuidadosamente. En primer lugar, comprendiendo el carácter excepcional –y por lo tanto temporal- de esta situación.  La contracara es una recesión generalizada, que está golpeando a los trabajadores con despidos y rebajas salariales. El hilo conductor de uno a otro es la falta de una planificación que permita asignar prioridades y recursos garantizando las condiciones de vida para los trabajadores y el equilibrio ambiental.  

En cuadro de crisis y declinación histórica, el capitalismo agudiza sus tendencias a la anarquía de la competencia recrudeciendo sus mecanismos de explotación y depredación hacia los trabajadores y la naturaleza. 

Por una industria planificada y orientada al servicio de las necesidades populares

Es por ello que, lejos de ver como una “solución” a la crisis ambiental y el cambio climático la suspensión de la actividad industrial o las pretensiones de reorientarla hacia formas más ecológicas a través de “créditos verdes”, debemos poner en cuestión el esquema capitalista de la producción. Las huelgas internacionales y movilizaciones masivas contra el cambio climático han levantado la consigna “si el capitalismo destruye al planeta, destruyamos al capitalismo” identificando la responsabilidad del régimen y su control en la producción como el núcleo del problema. 

En consecuencia, resulta fundamental la lucha por el control obrero del proceso productivo y su orientación al servicio de las necesidades de la humanidad. Solo una industria planificada y controlada por los trabajadores, que no privilegie el lucro individual y la acumulación de una clase social sino el bienestar general, será capaz de revertir la crisis ambiental y humanitaria que atraviesa nuestro planeta. 

La clase trabajadora en el mundo está jugando un rol fundamental, con los métodos de la intervención directa y la huelga, tratando de quebrar la decisión de las patronales y los Estados de que sigan asistiendo a sus lugares de trabajo exponiéndose al contagio y propagando el virus. En ese sentido es que planteamos que tanto la salida a la crisis ambiental como el control de la pandemia deben estar en manos de los trabajadores hacia una reorganización social en defensa del ambiente y nuestras condiciones de vida. La lucha por una transformación social de raíz en manos de la juventud y la clase trabajadora es el único camino para defender nuestro planeta. 

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