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21 de marzo de 2020

Polémicas y problemas de la cuarentena capitalista

Socialismo o barbarie
Polémicas y problemas de la cuarentena capitalista

Guillermo Castro Ojo Obrero Fotografía

En los diarios, en los medios radiales y televisivos, pero también en las redes y, fundamentalmente, en los lugares de trabajo, un procedimiento imprescindible –cortar la circulación social del coronavirus- se ha transformado en lucha social.

El gobierno y la oposición patronal han hecho causa común y cerrado filas en una campaña que busca blindar al régimen político. La mínima crítica, en particular en lo que respecta a los ataques contra la clase obrera, es reprimida. La contracara son las prebendas capitalistas, los despidos, las licencias sin goce de haberes, las condiciones laborales que promueven la circulación del virus, en defensa de las ganancias empresarias.

Empresas cuya actividad no puede ser considerada en absoluto esencial para subsistencia y atención de la población reclaman ser eximidas y ordenan a sus trabajadores asistir a prestar tareas (es el caso de Siderca, Pepsico, cervezas Quilmes e Isenbeck, numerosas gráficas y muchísimas más); las patronales de las plataformas de repartidores de comidas se desentienden de cualquier derecho y protección de sus trabajadores; los supermercadistas venden como nunca pero sus trabajadores están completamente expuestos y con jornadas extenuantes. La duplicación, a un día de los anuncios, de las actividades económicas esenciales dispuesta por el gobierno fue el reclamo patronal.

En medio de la pandemia, el capital sólo sobrevive violando la cuarentena, superexplotando de la peor forma a la clase obrera y profundizando la miseria de los sectores más humildes.

Los trabajadores de la salud en la primera posición de los ataques

En la cima de los ataques a los trabajadores está la pauperización de los técnicos y de los científicos nada menos que del Instituto Malbrán. Según la burocracia sindical de ATE, integrada al gobierno de Fernández, “en la actualidad, el salario de un técnico especializado está muy cercano a la línea de indigencia y el de un profesional con más de 5 años de carrera, en el límite de la línea de pobreza” (Infogremiales, 20/3). Por otro lado en el Malbrán, 8 de 13 trabajadores están precarizados. La burocracia de Hugo “Cachorro” Godoy, sin embargo, no ha hecho nada más allá de dar la información.

En igual sentido, la Asociación de Profesionales Universitarios de la Administración Pública (Apuap) de la provincia de Jujuy reclamó que "es imprescindible que el Ejecutivo provincial tome la decisión de otorgar una ayuda económica extraordinaria para los trabajadores de la salud” que hoy cobran salarios iniciales de entre 31.000 y 36.000 pesos, por debajo de la línea de pobreza (ídem).

No es diferente la realidad de los trabajadores de la salud en el ámbito privado. En la carísima clínica Swiss Medical, “la empresa prepaga emitió un comunicado interno que circula en las redes anunciando que las inasistencias serán "justificadas pero no remuneradas" (Infobae, 20/3).

El carácter de clase de la política de Fernández, aún con una cuarentena necesaria, echa leña al fuego del coronavirus.

Sólo encierro, es medieval

En la edad media, las pestes no podían contenerse en sus catastróficas secuelas, ni prevenirse ni derrotarse con la ciencia y la medicina. El distanciamiento social – fuego mediante- era la única salida. Los más desposeídos pagaban el peor costo.

Para el ministro de Salud, Ginés González García, cuando “los 31 nuevos casos detectados en las últimas horas se concentran mayormente en el área metropolitana de Buenos Aires y algunos de ellos ya no son importados, por lo que estimó que se está inminentemente en la posibilidad de una circulación social del virus" (La Nación, 20/3).

Para el oficialismo el único camino es el encierro de la población, pero sin avanzar decididamente en un paquete de medidas elementales como el aumento sustancial del presupuesto para salud, la producción de respiradores y componentes que ayuden a la detección el virus (mediante una rápida reconversión de fábricas) y la provisión masiva de todos los elementos de protección combinadas con medidas de fondo como terminar con la sangría del pago de la deuda externa.

Destrucción de fuerzas productivas

Mientras la gente muere, los capitalistas y sus voceros piensan en el post coronavirus.

Una nota publicada en La Nación por Sergio Berensztein, un vocero del gran capital, dice que la pandemia llegó en un momento de colapso y crisis económico-política y social en ascenso, “los activos del mundo estaban totalmente sobrevaluados antes del coronavirus, el disparador ideal para la actual corrección” (ídem). La “corrección” es la destrucción masiva de fuerzas productivas.

Para los capitalistas se trata “de pensar qué cambios perdurarán en el mundo cuando el coronavirus ya no sea una amenaza, en especial en términos de comercio, industria, trabajo a distancia, formas de vida y de consumo, el papel de la salud pública y, fundamentalmente, la desconfianza de la población respecto de las clases gobernantes” (ídem). Una pintura del carácter profundo, revolucionario, de la crisis planteada.

Socialismo o barbarie

La cuarentena de Alberto Fernández exculpa al capital y al Estado que super-explota y negrea desde los trabajadores de la salud hasta los sectores más vulnerables sin trabajo. Medidas elementales, como la prohibición de despidos y suspensiones, el otorgamiento de un subsidio como mínimo de $30.000 a todos los trabajadores informales, cuentapropistas, monotributistas y desocupados, no están en el radar oficial.

Necesitamos una cuarentena al servicio de las necesidades de la población, que se pongan todos los recursos económicos, financieros, logísticos y productivos al servicio de la salud pública, bajo control de la clase obrera y de la población trabajadora.

 

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