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22 de marzo de 2020

Coronavirus: sobre la persecución policial a los que no cumplen el aislamiento

Con el anuncio de la cuarentena total las redes fueron escenario de debates respecto a la aparición de policías, gendarmería, prefectura en las calles con el objetivo de controlar la circulación de personas según lo dicho por el propio presidente. Se pudieron ver vídeos en donde la policía circulaba por los barrios como en Lugano con patrulleros ordenando a la gente a ingresar a sus casas, o en Fuerte Apache de manera amedrentadora y también en La Matanza.

Quienes defienden las decisiones oficiales, argumentan que el control es necesario ya que son muchos los que hacen caso omiso de la situación y no respetan la cuarentena incluso siendo posibles infectados. Si bien es real este señalamiento, no logra explicar por qué son los barrios que albergan a porcentajes mayoritarios de trabajadores cuentapropistas, precarizados e informales los que tienen que sufrir un operativo de mayor vigilancia, frente a otras latitudes de la ciudad. Justamente estos barrios por sus condiciones de hacinamiento y falta de conexiones de agua, cloacas y una urbanización real son más propensos a sufrir la expansión del virus, así como vienen sufriendo el dengue. Sin embargo en vez de garantizar la presencia de insumos sanitarios como lavandina, alcohol en gel, jabón y repelente para hacer frente a la crisis, el gobierno aumenta la cantidad de personal de las fuerzas armadas.

No se puede permitir que la actitud de unos pocos “egoístas” sirva para justificar un fortalecimiento del aparato represivo con la vigilancia y el control a quienes han quedado en un limbo total respecto a su situación laboral con el inicio de la cuarentena. El gobierno ofrece migajas ($5.000) para el enorme espectro de laburantes que viven del trabajo diario, no dice nada acerca de los monotributistas y deja a libre interpretación algunas partes sobre las tareas que son esenciales, dando lugar a que algunos empresarios obliguen a sus trabajadores a seguir concurriendo con el fin de no ver sus ganancias perjudicadas. En Chaco ya se ha reprimido, se dieron arrestos domiciliarios y hasta 17 encarcelados en un día por infringir la medida, siendo en muchos casos trabajadores que salían por necesidad. Esta provincia es un ejemplo de un panorama general en el país, y es que afrontar esta crisis con sistemas de salud devastados lleva a los gobiernos a optar por un control social mayor como si eso fuera a evitar un colapso.

Tampoco se puede perder de vista, que en países que hoy se encuentran siendo el centro de la pandemia como España e Italia, los Estados tomaron medidas similares a las del gobierno argentino permitiendo que muchas fábricas sigan produciendo a pesar de que se trata de industrias no esenciales, lo que generó luchas en distintos lugares de trabajo exigiendo el cese de la producción y licencias para no perder salarios y su consecuente persecución y represión policial. En esa materia el gobierno argentino también toma nota de la experiencia europea que puso a las fuerzas armadas a mediar con las consecuencias sociales de la pandemia.

Para el Partido Obrero no se debe minimizar que el gobierno priorice el control policial por sobre el abastecimiento del sistema de salud frente a una crisis sanitaria. No es menor que mientras se patrulla el barrio de Lugano, el Hospital Grierson de esa comuna no disponga de ninguna unidad de terapia intensiva. Nuestro programa contrasta las políticas oficialistas, ya que consideramos que, si bien el aislamiento es necesario en la situación en la que estamos, no es la solución a nuestros problemas. No se debe perseguir a quienes ante la desesperación de la falta de un ingreso salgan de sus casas infringiendo la cuarentena, sino que debe otorgarse un seguro por su desocupación de $30.000 para garantizar su subsistencia y consecuente permanencia en los hogares. El gobierno debe poner en marcha un reforzamiento del sistema de salud, otorgando presupuestos extraordinarios, dotando de recursos, personal, camillas, respiradores para poder realmente aprovechar la ralentización de la expansión que traería la cuarentena para rearmar al sistema de salud para la batalla que se avecina. La forma es centralizando el sistema público y privado a nivel nacional bajo control de los trabajadores y profesionales que se están desenvolviendo en esta crisis, contrariamente a lo que viene sucediendo en materia de salud a nivel mundial, con privatizaciones de todo tipo, y local, con el desfinanciamiento del sistema sanitario con el fin de destinar ese dinero al pago de la deuda usuraria.

 

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