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22 de marzo de 2020

Mujer y dictadura

A 44 años del golpe militar genocida
Por Rayu Alaniz APeL

Durante la dictadura militar, la mujer tuvo un papel protagónico en diversos terrenos. Desde aquellas compañeras que militaban desde antes de golpe, a las compañeras secuestradas y sometidas a los más diversos vejámenes y a parir en clandestinidad, a aquellas mujeres que salieron a la calle y se organizaron para buscar a sus hijos e hijas y denunciar el accionar genocida.

Las compañeras que fueron secuestradas no fueron elegidas de modo azaroso o como un simple motín de guerra sino que eran activas militantes políticas. Durante el proceso militar, jugaron roles de contención de los compañeros que eran presos políticos y también por ello fueron secuestradas. Nuestra organización tuvo en cautiverio a dos compañeras, Laura Dabas de Correa y Susana Granica, quienes fueron secuestradas cuando salían de las visitas en los penales donde estaban detenidos como presos políticos sus compañeros.

Los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) reprodujeron el sistema machista y de violencia a la mujer. La metodología genocida llevada adelante por los perpetradores no se privó de agredir especialmente a las mujeres. En todos los centros clandestinos la materialización de la cosificación de la mujer se manifestaba no solo en el abuso sexual ejercido sobre ellas sino también en la utilización de esa mecánica para intentar quebrar a los compañeros que no tenían modo alguno de liberarlas de estos padecimientos, los vejámenes llegaron a mostrar la mayor perversidad de los milicos que violaban a las madres frente a sus hijos. El estado de embarazo de las compañeras –que representaba el17% de las cautivas- no impedía que sean agredidas sexualmente, o torturadas, sino que también se las obligaba a parir en las peores condiciones de salubridad en salas de parto improvisadas y con el auxilio de otras compañeras que fungían como parteras. En la mayoría de los casos sus hijos eran arrebatados de sus brazos inmediatamente y apropiados.

La mujer también fue exhibida por genocidas que, en el extremo de la cosificación y la deshumanización, sacaban a las compañeras de los centros clandestinos y las llevaban a lugares de diversión como restaurantes y boliches bailables. Los “caballeros del mar” salían a pasear su hombría mostrando orgullosos a sus supuestas conquistas a quienes las volvían a encerrar en la ESMA. Toda esta violencia sexual fue sistemática y no existió centro clandestino que no echara mano de ella para cumplir sus objetivos de exterminio.

A 44 años del golpe, y a 13 de la reapertura de los juicios, es insignificante el número de genocidas condenados por delitos sexuales, pero también la cantidad de víctimas que pudieron llevar su caso a juicio. Se consiguieron 31 sentencias por casos de abusos sexuales que equivale a 112 víctimas de un universo muchísimo más extenso. El Poder Judicial se mostró reacio a avanzar en este punto y se tuvo que librar una dura batalla para que, en primer lugar, se deje de subsumir los abusos sexuales dentro del delito de tortura, y para que comiencen a juzgarse. A pesar de las presentaciones de las querellas de Justicia Ya! de Buenos Aires y La Plata, todavía representan a una ínfima cantidad ya que en la mayoría de los casos, los jueces mandar a instrucción los casos lo que significa una nueva dilación en la consumación de los juicios. Se estima que, con el tiempo promedio de duración de los juicios, no se terminarán hasta el año 2025 lo que significa que un porcentaje altísimo de genocidas habrá muerto, aumentando la cantidad de “inocentes” por impunidad biológica.

La resistencia

Un gran faro de resistencia durante la dictadura, encarada por la mujer, fue el nacimiento de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas y de Madres de Plaza de Mayo que empezaron a reclamar por la aparición con vida de sus hijas e hijas. Pateando durante horas por ministerios, secretarías e iglesias, siendo desalojadas de la Plaza por los milicos, y sufriendo ellas mismas secuestros y desapariciones como es el caso de Azucena Villaflor quien fue arrojada al Río de la Plata desde un avión de la Marina.

Las Madres se plantaron y empezaron a rondar en la Plaza de Mayo en reclamo por la aparición de sus hijos, hijas y nietes.

Catalina Guagnini, militante del Partido Obrero, se convirtió en una gran referente de la Comisión de Familiares. Los tres hijos de Cata y una nuera fueron secuestrados durante la dictadura militar. Dos de ellos, permanecen desaparecidos, así como su nuera. Desde 1973 Cata colaboraba con el Partido Obrero, en particular con el periódico de Política Obrera que aún en dictadura siguió saliendo y distribuyéndose.

Por su calidad de dirigente de Familiares, Cata fue perseguida por lo que tuvo que trabajar en clandestinidad lo que determinó que fuera al exilio en Brasil. Con la llegada de la dictadura brasilera, Cata regresó de forma clandestina a la Argentina y militó activamente por la aparición con vida de los compañeros y compañeras detenidos desaparecidos, en especial, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos llegó al país para corroborar las denuncias de violaciones que se estaban cometiendo en el país.

Destacamos también el accionar de tres compañeras que estuvieron cautivas en la ESMA, Sara Osatinsky, Alicia Pirles y Ana María Martí, en una conferencia de prensa llevada adelante en París, en el año 1978, denunciaron la situación de derechos humanos que estaba padeciendo Argentina y dieron un listado de los compañeros detenidos desaparecidos que habían podido reconstruir durante su secuestro en la Escuela de Mecánica de la Armada. Ese listado fue publicado en la contratapa de Política Obrera, el periódico de Política Obrera (nombre que el Partido Obrero sostuvo desde su fundación hasta 1983 en que adquirió la actual nominación).

Antes, durante y después de la dictadura, la mujer jugó un rol central en la organización de la resistencia, y por ello también fueron víctimas del plan genocida.

Por ello hay que rechazar como a la peste la postulación que la dictadura trascurrió en un terreno yermo. Fue resistida desde las bases, desde la clase trabajadora que el mismo 24 hicieron paro, desde la juventud y desde las mujeres, Nuestra organización tiene entre sus filas destacadas compañeras que lucharon en tiempo real. Tenemos el orgullo que muchas de ellas sigan militando para la construcción de un Partido Obrero, como Ileana Celotto, quien, siendo muy jovencita, y en dictadura asumió la difícil tarea de ser apoderada partidaria para intentar sacar al Partido de la clandestinidad y así obtener la personería jurídico-política. Otro ejemplo es Nora Biaggio, quien actuó en la construcción de Tribuna Docente en la propia dictadura y se puso al frente de una campaña para que liberen a Miguel Del Plá, Juan Carlos Interlandi y otros compañeros secuestrados en Córdoba en 1982. Ellas marcan el legado y el ejemplo para una nueva generación de luchadoras, que codo a codo seguimos reclamando por todas las reivindicaciones de la mujer.

A 44 años del golpe, Madres de Plaza de Mayo (LF) como Nora Cortiñas, Elia Espen y Mirta Baravalle siguen sosteniendo de pie una organización de lucha contra la impunidad de ayer y de hoy, reclamando por sus hijos y nietos, pero también acompañando cada lucha de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

A Cata, a la Tona Luna y a todas las mujeres detenidas desaparecidas y a las Madres que lucharon y siguen luchando de forma independiente del Estado contra todo atropello, nuestro homenaje.

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