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22 de marzo de 2020

Coronavirus: el colapso sanitario y los reclamos de enfermería

La crisis sanitaria que hoy tiene plena visibilidad con la propagación del Covid-19 no es una novedad. El desfinanciamiento del sistema público, y la precarización de sus trabajadores, ambos de largo aliento y llevados adelante casi sin distinción por los sucesivos gobiernos, han venido funcionado como un reguero de pólvora sobre todo el sistema de salud, llevando al vaciamiento y la privatización de la salud. 

Uno de los eslabones más débiles de este engranaje pesa sobre las espaldas de enfermeras y enfermeros, en particular en el sistema público. Salarios de miseria y jornadas interminables, ambas nucleadas en la discriminación y la falta de reconocimiento profesional, son apenas la superficie. Por debajo, y como consecuencia de la falta generalizada de personal, están las presiones para hacer módulos (horas extras mal pagas) y tomar tareas que no son propias (multitarea). La falta de insumos de trabajo cierra el círculo de la precarización de enfermería. 

Es este sistema de salud, con estas condiciones laborales para sus enfermeras y enfermeros, el que recibe una pandemia con elevados índices de propagación, como la del Covid-19. No son necesarias muchas proyecciones para advertir el colapso sanitario. Tal es así que todas las problemáticas del sector se profundizaron. Si el salario ya era bajo, se ha deteriorado frente a una tarea que es más insalubre que antes. Ni hablar de la sobrecarga de tareas y las largas jornadas laborales, que se ven reforzadas ante la emergencia sanitaria. Si ya existía una merma de los insumos habituales, ahora faltan guantes, barbijos, escafandras, por mencionar algunos de los elementos más necesarios. 


Tanto el gobierno nacional como el de Rodríguez Larreta se desbordan en elogios hacia trabajadores de la salud en general y de enfermería en particular. Pero atender una pandemia es incompatible con una mayor precarización de su trabajo, que es a lo que estamos asistiendo. La contracara de este cuadro entre trabajadores de la salud es la de las patronales y los usureros de la deuda externa, que están recibiendo cuantiosos subsidios y un oneroso pago de intereses y capital. Los 1.700 millones de pesos, que Alberto Fernández anunció para reforzar el sistema de salud, son apenas la mitad de lo que el país paga de deuda en un sólo día. La unidad nacional contra la pandemia, que ostentan Alberto Fernández y Larreta, tiene a los trabajadores de la salud en el fondo de las prioridades. 

En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, las medidas tomadas por Larreta distan de revertir la situación y hasta la agravan. Una de las primeras, aún sin implementar, fue la incorporación de 200 enfermeras/os que se hayan retirado, es decir, ¡de la población de riesgo! El reciente anuncio de 400 enfermeras/os más no explicita si seguirá este método, que camina a un fracaso seguro, mientras el sistema público de la Ciudad hoy cuenta con sólo 120 camas de internación. Al otro extremo de la falta de incorporaciones se encuentra la crisis de las licencias. La población de riesgo que se encuentra en el sistema, en muchos casos, no está pudiendo acceder a ellas. El gobierno supeditó el otorgamiento de licencias a la revisión de una comisión que comparte con la burocracia sindical municipal, que sólo sale de su eterna “cuarentena” para entregar a los trabajadores -como cuando se opuso al pase de enfermería a la carrera profesional de salud. Con una paritaria suspendida, una inflación que no cesa, y un cuadro de trabajo de emergencia, Sutecba hace la plancha en toda la línea. ATE no mantiene ninguna diferencia de fondo. Es que las direcciones de unos y otros son tributarias de la política del gobierno nacional. 


Muy lejos de la actitud de la burocracia sindical, la pandemia del Covid-19 no depone sino que refuerza los reclamos de las enfermeras y los enfermeros. Un sistema de salud desfinanciado y con sus trabajadores precarizados no puede afrontar la emergencia sanitaria. La reversión de este cuadro está en manos de la lucha de sus trabajadores, no de los gobiernos que han llevado al colapso sanitario. Es por eso que ya han aparecido las primeras asambleas, como en el Hospital Ramos Mejía. 

Desde Tribuna Municipal, llamamos a seguir este camino, con reuniones de delegados y asambleas que, con las precauciones y cuidados del caso, organicen la lucha por las reivindicaciones de enfermería. De la misma forma, llamamos a conformar comités electos de seguridad e higiene para controlar el cumplimiento de los protocolos y la disponibilidad de los insumos, cuidando tanto a las y los trabajadores como a los usuarios de salud. 

Pase a la carrera profesional de enfermería. Reconocimiento de las horas extra, basta de módulos. Aumento salarial y actualización mensual por inflación. Otorgamiento irrestricto de licencias a la población de riesgo. Incorporación de 1.000 enfermeras y enfermeros recién recibidas/os o por recibirse. Entrega inmediata de insumos de trabajo. Formación de un comando centralizado por parte del Estado y bajo control de los trabajadores para utilizar el conjunto de los recursos de salud de la Ciudad, tanto públicos, privados y de obras sociales para atender al conjunto

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