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23 de marzo de 2020

Irán: entre el coronavirus y la injerencia imperialista

Con más de mil muertos y veinte mil infectados, Irán es uno de los países más castigados por el coronavirus. Sin embargo, quienes reducían la responsabilidad del temprano avance de la enfermedad al “despotismo asiático” de los ayatolas, recibieron un baño de realidad al ver que la “civilizada” Italia le arrebataba cómodamente el primer lugar a China entre los afectados por la pandemia. La extensión del virus en suelo europeo da cuenta de que el trasfondo último del contagio no está en las prácticas culturales –reales o inventadas- sino en la bancarrota capitalista mundial.

Crisis económica

El coronavirus encontró a Irán golpeado. El recrudecimiento de las sanciones económicas dictadas por Estados Unidos representa un golpe demoledor. En los últimos días, cinco compañías de Emiratos Árabes Unidos sufrieron represalias por la compra de petróleo iraní en 2019, repitiendo lo ocurrido contra empresas sudafricanas y chinas por operaciones similares. La emergencia de la pandemia no ha propiciado ninguna tregua.

En 2018, las sanciones agravaron la crisis económica de Irán. La merma en los ingresos desencadenó una inflación cercana al 45% en 2019 y una devaluación del 60%. Esto disparó todos los índices de desocupación, pobreza y carestía.

Las sanciones estadounidenses pusieron de relieve la dependencia iraní del mercado mundial y sus límites como potencia regional. Además, sacaron a la luz los lazos entre el Estado y los nuevos ricos, sostenidos por la especulación inmobiliaria y las privatizaciones. El desprestigio gubernamental y las medidas de ajuste –incluyendo el recorte del gasto en salud- encendieron la furia popular en noviembre pasado, que los ayatolas ahogaron en sangre (se puede ver "Abajo la condena a muerte contra manifestantes en Irán").

La crisis obligó a la “hermética” república islámica a una salida impensada: el fomento del turismo internacional. Su veloz crecimiento, basado en la inyección de dinero estatal, ilusionaba al gobierno con un aporte del sector equivalente al 3% de los ingresos fiscales. Sin embargo, la amenaza de guerra luego del asesinato del general Soleimani, seguida de la pandemia del coronavirus en temporada alta, derrumbó los castillos de arena. La combinación entre la apertura a la circulación de extranjeros (la más “occidentalista” de la región) y la necesidad de mantener en marcha la economía, fueron los factores determinantes en la extensión del virus.

Crisis política

A pesar de las declaraciones del ayatola Jamenei –el poder real tras bambalinas-, el coronavirus no basta para explicar la abstención del 60% (75% en la capital Teherán) en las elecciones de febrero pasado.

La causa de la baja concurrencia fue la proscripción de 7000 candidatos, incluyendo a los “reformistas” (que ejercen formalmente el gobierno) y al ala crítica de los “conservadores”. Con estos resultados, el intendente de Teherán Mohammad Bagher Qalibaf, ex comandante de la Guardia Revolucionaria y favorito de los ayatolas, se perfila como principal figura política. La escalada estadounidense parece haber propiciado el repliegue del régimen hacia su núcleo más duro.

Bajo la bandera del combate al coronavirus, Teherán anunció la liberación de diez mil presos políticos y el pedido de una línea de crédito al FMI. El sojuzgamiento estadounidense de Irán es, también, un tiro por elevación a la influencia rusa y a la expansión china.  Sin embargo, la intervención de estos países ha sido de una cautela extrema. Pero el punto central es avanzar en la recolonización imperialista, especialmente yanqui del Irán. Y en hacer retroceder su peso político en el mapa del Medio Oriente (Gaza, Líbano, Siria, etc.). El arrinconamiento del régimen de los ayatola, en el marco de una escalada comercial por el petróleo entre Arabia Saudita y Rusia, puede precipitar reacomodamientos regionales sorpresivos.

Por una intervención de los trabajadores

En general, los sectores que se reivindican de izquierda se dividen sobre Irán entre quienes apoyan un cambio de régimen (en acuerdo con Estados Unidos) y quienes embellecen los choques de los ayatolas con el imperialismo, depositando expectativas en Rusia.

La izquierda norteamericana debiera estar en primera línea reclamando el cese de las sanciones y el boicot a la exportación de medicamentos e insumos para enfrentar la pandemia. El reclamo de cese de sanciones debe incluir también los casos de Venezuela y Cuba. Un año atrás, Trump montó una ofensiva contra el gobierno venezolano, amenazando con la intervención militar, usando el pretexto de llevar ayuda humanitaria al pueblo de Venezuela. Ahora quiere someter a estos regímenes negando el libre comercio de importación de productos farmacéuticos, lo que agrava la pandemia en esos países. Esto unido, lógicamente, a los reclamos dentro de los propios EEUU para imponer medidas de defensa de los trabajadores contra la desidia de Trump.

Para favorecer la intervención de la clase obrera iraní, se debe apuntar a reclamar medidas que garanticen el salario y amplíen el gasto en salud. El descontento contra el imperialismo debe ser enfocado también a golpear a los cómplices locales: los bancos y la burguesía. Deben cuestionarse los privilegios militares y clericales, y el reforzamiento del aparato represivo, oponiéndole la libertad plena para las organizaciones obreras. La lucha contra la pandemia puede ser también el puntapié para estrechar los lazos de clase obrera en toda la región.

 

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