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23 de marzo de 2020

La aeronavegación en bancarrota, la salida está en nuestras manos

Por Corresponsal
Agrupación La Pista

La actividad aérea es la que mejor refleja el estado de shock en el que se encuentra la economía mundial capitalista. Las líneas aéreas, primeras en sufrir el derrumbe de sus acciones al iniciarse la pandemia, fueron arrastradas doblemente en la semana negra que disparó la decisión de Trump de interrumpir los vuelos con Europa (salvo Gran Bretaña).

Low cost como Norwegian, que ya venían en crisis, pierden en lo que va del año el 80% de su valor mientras las consideradas fuertes como Air France o AIG (Iberia/British) caen hasta hoy un 40%.  Ni siquiera el bajísimo valor del combustible, insumo esencial del que siempre dependió la rentabilidad operativa, ha logrado reanimarlas. Corporación América, controlante de Aeropuertos Argentina 2000, propiedad de Eurnekian se hundió 35% en Wall Street.

Que la crisis la paguen los capitalistas

Este panorama es utilizado por las patronales para ejecutar un feroz ajuste sobre los trabajadores aeronáuticos.

La cotización de Dufry, monopolio internacional de los freeshops con locales en 12 aeropuertos de Argentina, cayó un 50% este año y acaba de anunciar una reducción draconiana de personal en todo el planeta.

En este contexto, el freeshop de Ezeiza pretendió mantener la exposición de sus trabajadores a la circulación de miles de pasajeros provenientes de los países de riesgo recibiendo un rechazo masivo de los compañeros a correr riesgos sanitarios. El fracaso de pretender reemplazarlos con personal de gerencias y jefaturas permitió impedir situaciones de exposición al contagio.

La intervención de los trabajadores en el servicio de control de tráfico aéreo ha permitido organizar guardias que limitaron al mínimo la presencia en el puesto de trabajo distribuyéndose en  4 jornadas de 8 horas y 14 francos.

Lo mismo ocurrió con los trabajadores de GPS tercerizados de seguridad, cuya interna combativa organizó el reclamo de elementos de seguridad sanitaria para una tarea que en muchas ocasiones obliga al contacto con los pasajeros.

Pero en las líneas aéreas, bastión de todas las burocracias, subidas al carro de la “gesta heroica” de la repatriación, la extorsión y el atropello escalan con la amenaza de grandes recortes de personal después de la cuarentena.

Así, Latam, que en 2019 tuvo ganancias de 190,4 millones de dólares, anunció que reducía por 3 meses los salarios en un 50%.

En Aerolíneas, con salarios congelados, la amenaza de encabezar las listas de despidos es usada para obligar a las tripulaciones a aceptar vuelos riesgosos y sin elementos de seguridad suficiente. Ya hay una azafata infectada y 7 tripulantes internados con síntomas.
En la línea de mantenimiento, que desarrolla sus tareas en el avión, las licencias obligatorias por edad o enfermedades crónicas generaron dotaciones disminuidas, aumentando la carga laboral, el stress y los riesgos de contagio por escasa desinfección y elementos de seguridad (guantes, barbijos, etc.)

Es necesario sumar a la línea a una parte de  los centenares de técnicos licenciados por el cierre de los hangares,  reduciendo los horarios.

Esta es la clave de la cuestión. La reorganización de las tareas debe quedar en manos de una Comisión de Seguridad e Higiene elegida entre los trabajadores. Si los trabajadores no intervenimos seremos víctimas del coronavirus, o de la rebaja salarial, la precarización y los despidos.

Mientras dura la cuarentena organicémonos a través de las redes para mantener la información que la burocracia sindical oculta y para impulsar todos los reclamos y denuncias.

El servicio aéreo se encuentra en una crisis terminal que no viene de ahora sino que acompaña en forma agravada la bancarrota capitalista mundial. Las líneas ahora claman por el rescate del Estado. Pero un rescate estatal de los empresarios no garantizará los puestos de trabajo ni la garantía de un servicio de transporte aéreo en las condiciones necesarias.

Aparece con fuerza la necesidad de nacionalizar la aeronavegación en todos sus sectores (líneas aéreas, aeropuertos y sistemas de control) sin pago ni reconocimiento de pasivos con otras empresas y bajo el control de sus trabajadores.  

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