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23 de marzo de 2020

El trasfondo político de la fundación de Tribuna Docente, bajo la dictadura militar

A 44 años del golpe genocida

Reproducimos el editorial del número 100 de la revista de la agrupación Tribuna Docente, de junio del 2014, donde se hace una reconstrucción del proceso político de fundación en los últimos años de la dictadura.

Los 100 números de Tribuna Docente
Una batalla incansable que ha dado sus frutos 

La salida del número 100 de Tribuna Docente es un motivo de gran alegría y satisfacción. Como lo pusimos de relieve, allí, en el año 1980, quienes fuimos parte del núcleo fundador de Tribuna, el lanzamiento de la revista estaba estrechamente vinculado a la creación de una agrupación clasista, bajo las banderas de la independencia política. No se trataba sólo de lanzar al ruedo una nueva publicación sino de promover un reagrupamiento de fuerzas dirigido a abrir una nueva perspectiva sindical y política a la docencia. Los 100 números de Tribuna son un testimonio de esa batalla, que fue pasando por diferentes etapas.

Tribuna Docente nace en los últimos años de la dictadura militar La publicación de su primer número, en noviembre de 1980, coincide con una etapa de reactivación de la lucha docente. Viene al caso recordar que, ni siquiera, en los periodos más negros de la dictadura, cesó la actividad docente . La docencia, ya tempranamente, desarrolló una resistencia al golpe y a toda su ofensiva antisindical. Con anterioridad al 76, el gremio docente había dado un salto histórico con la constitución de Ctera. Los maestros se reconocía a sí mismos como trabajadores de la educación y se organizaban a imagen y semejanza que el resto de la clase obrera; una superación de la vieja agremiación liberal, basada en una estructura de carácter jerárquica y profesional. Este proceso se inscribía en una radicalización importante de la docencia, tanto en el plano político como sindical. Uno de los principales propósitos del golpe fue, precisamente, tratar de interrumpir ese proceso que empalmaba con un tendencia más general del movimiento obrero, que venía de protagonizar la huelga general de junio y julio del 75 que enfrentó el Rodrigazo del gobierno peronista de Isabel. Testimonio de este giro en la docencia son los centenares de compañeros desaparecidos, que honran la memoria del gremio. 

La salida de Tribuna en noviembre de 1980 viene precedida por un manifiesto publicado, 5 meses antes, en el mes julio, en que proclamamos "la posibilidad y la necesidad del sindicalismo docente". Destacábamos que la saña represiva contra los maestros tenía su explicación. La docencia cumple una doble condición. Por un lado como asalariado, pero además, satisface una función ideológica estratégica: es la encargada de formar los recursos humanos y educar las nuevas generaciones. En la lucha docente converge, por un lado el combate por las reivindicaciones sociales comunes del conjunto de los explotados y por el otro, la lucha por el porvenir de la educación.

La batalla por poner en pie al sindicalismo docente estuvo relacionada, desde el vamos ,con una lucha política .Quienes luego constituimos Tribuna Docente salimos con fuerza a denunciar la estrategia de pretendía progresar a la sombra de la dictadura militar, levantada por una parte del izquierda y en especial, el PC, que apoyaba al gobierno. El sindicalismo docente y la defensa de las conquistas no dependían de ningún visto bueno de los militares sino de la derrota de sus planes. El camino pasaba por organizar a los sindicatos "en forma autónoma, sin depositar expectativas en el gobierno o algunas de sus alas."(Declaración a la que hacemos referencia) 

Las páginas de Tribuna Docente dan cuenta de esta batalla. Nuestra publicación fue acompañando los esfuerzos y los avances que la docencia fue dando para reconstruir su tejido gremial. Al compás de este proceso, se fue extendiendo y consolidando la agrupación, a nivel nacional. Esta tarea fue inseparable de una permanente delimitación política. El número 4 de Tribuna realiza una crítica a los planteos de la Multipartidaria, integrada por los principales partidos patronales (UCR, PJ, Mid, Democracia Cristiana, Partido Intransigente) que se conforma cuando se opera la declinación de la dictadura militar y que es la que va organizar un relevo ordenado de los multares en el poder. En sus páginas, advertimos sobre las tendencias de esa coalición a un compromiso con el régimen militar en crisis y con la reforma educativa clerical, privatista, hecha a la medida de los planes del Banco mundial que ésta llevó adelante durante su gestión. Esta advertencia se vio plenamente confirmada con el advenimiento de la democracia, cuyos gobiernos, de Alfonsín en adelante ,dejaron en pie gran parte del legado reaccionario dejado por el régimen militar. En el sistema jurídico y, también, en materia educativa.

El movimiento docente no es ajeno a estos avatares políticos. Este proceso de reconstrucción del gremio docente que arranca a fínales del proceso militar va a estar atravesado por tendencias encontradas. Por un lado, una tendencia combativa, autónoma, independiente de la burocracia sindical, que trata de retomar y profundizar los pasos iniciales que dieron pie a la fundación de CTERA.

Por otro lado, se abre paso otra tendencia con un pasado combativo, pero que va acentuando sus lazos con los gobiernos de turno y su integración al estado .Esto es incompatible con la democracia sindical y, menos aún, con la defensa de las reivindicaciones docentes. Vamos a asistir a un progresivo proceso de regimentación burocratización y de destrucción de la democracia sindical interna que se va a expresar en el cambio de dirección de Ctera, que va a pasar al control de la Celeste, la que avanza también en el copamiento de la estructura sindical de la provincia de Buenos Aires.

El choque entre estas dos perspectivas concentró la atención, como no podía ser de otra forma, de Tribuna. No faltaron los debates y polémicas. Es imposible referirse a todas ellas pero, si hay que seleccionar una de ellas, fue la de la huelga general. Esta polémica atravesó este período, en especial del 85 en adelante, en que las tendencias a la huelga general empezaron a calar hondo en la docencia y tropezaron, una y otra vez, con el chaleco de fuerza representado por la burocracia. Contra los argumentos descalificatorios contra la huelga general de la Celeste, que sostenía que era “desgastante”, se alzó la voz de Tribuna, quien replicó que lo “desgastante” y difícil de mantener eran los paros aislados, cada uno o dos meses, que no obtenían ninguna mejora real, que eran incapaces de modificar la política antipopular del gobierno y que provocaban perdidas de jornadas y de premios sin que los docentes vislumbraran ningún futuro en ellas. “Los docentes – afirmábamos- ya saben cómo se sale de los paros aislados: con las manos vacías.” La burocracia pretendió borrar con el codo lo que la docencia a exhibió con su lucha. Tribuna Docente también se encargó de desenterrar del olvido la rica tradición de lucha, en particular la huelga general del 58, de 21 días de duración, a través de la cual la docencia arrancó el estatuto del docente. Esta confrontación de posiciones, que se fue dando a la par de la experiencia que el activismo fue transitando, fue un componente importantísimo del bagaje que fue acumulando la docencia que preparó el terreno para la huelga general de 1988. La burocracia se vio obligada a decretarla en medio de una presión irresistible de la base docente y trabajó, desde adentro, por estrangularla durante su desarrollo. 

Huelga señalar que esta polémica conserva una inusitada actualidad. Las dos grandes y victoriosas huelga docentes, de Salta y Buenos Aires de este año constituyen el mejor balance y respuesta a este debate que viene atravesando la vida del gremio. Estas huelgas, en comparación de 1988, incorporan un cambio sustancial y es el peso mucho más relevante de quienes vienen enfrontando a la burocracia y pugnando por una nueva dirección en el gremio. Es el caso de los Sutebas combativos en la provincia de Buenos Aires y la coordinadora elegida y responsable ante la asamblea docente, que tomó en sus manos la conducción de la lucha salteña, desplazando a la viejas dirigencias carneras de todos los colores. 

La tarea perseverante, obstinada e incansable llevada adelante durante estas décadas, y de la cual da testimonio los 100 números de Tribuna, ha dado sus frutos. Estamos asistiendo a una nueva transición en el movimiento docente, a una nueva tentativa por poner en pie una dirección sindical pero a diferencia del pasado, con mayor claridad y conciencia En este proceso, de renovación sindical del cual formamos parte, no hay lugar para la neutralidad política. No existen compartimentos estancos entre lo sindical y lo político. La lucha por una nueva dirección del movimiento obrero y un nuevo horizonte sindical es inseparable de la ruptura con los partidos políticos tradicionales y del afianzamiento de una alternativa y una perspectiva política independiente de los trabajadores. Este nuevo escenario de luchas, huelgas y nuevas direcciones sindicales ha ido de la mano - y guarda una relación estrecha -con el ascenso de la izquierda. Tenemos que continuar y profundizar ese camino.

 

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