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23 de marzo de 2020

Los compañeros de Política Obrera desaparecidos por la dictadura

Por Rayu Alaniz Apel

Fernando Sánchez, el “Cura” y Gustavo Grassi “Mondragón” fueron secuestrados el 23 de septiembre de 1978 y estuvieron cautivos en el Centro Clandestino El Atlético para ser luego trasladados a la Escuela de Mecánica de la Armada. Ambos permanecen desparecidos.

Gustavo Grassi fue estudiante del Colegio Nacional Buenos Aires y se incorporó al Partido al calor del Cordobazo. Proletarizado, trabajaba en la textil Selsa. Allí organizó la fábrica junto a nuestra compañera Ana de Once. Conocido su secuestro, se realizó una campaña de recolección de firmas pidiendo su aparición con vida. Gustavo no pudo conocer a su hija que nació al año siguiente de su desaparición. 

Fernando Sánchez fue un trabajador de la Empresa Metalmecánica Argentina (EMA), en 1975 fue encarcelado en la cárcel de Coronda como consecuencia de la lucha por la organización de los trabajadores que se hizo fuerte con el Villazo, una histórica huelga que se llevó a cabo en Villa Constitución en 1974. Una vez liberado, Fernando siguió organizado en el Partido. Al momento de desaparecer, el Cura tenía 36 años y esperaba a su primer hijo, Fernando. Los habeas corpus presentados por su familia, nunca tuvieron respuesta positiva. 

El Partido llevó adelante una campaña nacional e internacional por la libertad de los compañeros, sindicatos y personalidades realizaron gestiones ante las embajadas tanto en Europa como en América. Esta campaña contó con la firmas y declaraciones de Joan Manuel Serrat, Felipe González –secretario del Partido Socialista Obrero Español-, de las centrales obreras de Francia y España y del primer presidente de la Asamblea de la República de Portugal, Vasco da Gama Fernandes. La campaña tuvo tal envergadura que en Madrid hubo un acto convocado por sindicatos y juventud que reunió más de 5.000 personas.

Cristóbal Russo. “Gogó”

El 5 de marzo de 1978, durante un paseo con su hijo Francisco, de 3 años por el Zoo de Buenos Aires, cuatro milicos se acercaron a Gogó y se lo llevaron. Al día de hoy Francisco recuerda la escena donde es subido a un auto con su papá al que no volvió a ver. 

Gogó protegió a su hijo diciéndole que no tenga miedo, que era un juego, que jugaban a las escondidas. Horas más tarde, Francisco fue llevado a su casa y entregado a su madre en un Falcon negro sin chapa. 
Cristóbal, de 31 años, estudiaba Historia y trabajaba en la Dirección de Paseos de la Municipalidad de la Ciudad. Se incorporó al Partido luego de romper con el PCR.

Fue llevado al centro clandestino El Atlético y posteriormente trasladado a la Escuela de Mecánica de la Armada donde fue visto por última vez.

Marcelo Arias. “Chelo

A Marcelo Arias lo secuestraron el 6 marzo de 1978, a la salida de su trabajo en la fábrica Deka Deustz y fue llevado a la ESMA. Así lo declaró Lila Pastoriza en el Juicio ESMA Unificada. Chelo fue dirigente de Política Obrera y obrero mecánico. El golpe militar lo encontró trabajando en la fábrica de autos Chrysler, en la planta que tenía en Monte Chingolo, Lanía. El día del golpe en la fábrica hubo asambleas y Chelo fue uno de los oradores. 

Marcelo tuvo una actitud heroica propia de un militante socialista: obligado por los marinos a telefonear a la casa de sus tías con el objetivo de concertar citas con otros compañeros, Chelo denunció su propio secuestro y quebró la maniobra, además de poner en alerta a todo el partido.

Susana Huarte

A Susana, de 23 años, la secuestraron en Córdoba el 5 de mayo de 1976 junto a su compañero, Alejandro Jerez Borderaud. Estudiaba medicina y era militante de la TERS, la juventud de Política Obrera. Cuando fue secuestrada, estaba cursando un embarazo. Permanece desaparecida al igual que el hijo que estaba esperando. 

Claudio Zorrilla

Claudio militaba en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba. Se incorporó a la TERS con 14 años cuando participó en el Cordobazo. Por su actividad política fue expulsado de dos colegios secundarios, lo que de todos modos no pudo detener sus fuertes convicciones y militancia socialista. En 1972, en una “pinza” fue detenido bajo la acusación de desarrollar actividades subversivas y fue liberado en 1973. Recuperada su libertad, volvió a la militancia. 

Fue nuevamente detenido el 25 de octubre de 1974 cuando compraba materiales para la Facultad y estuvo preso en Informaciones de la policía de la Provincia de Córdoba donde fue torturado durante 20 días hasta que fue trasladado a la U.P. 1 estando a disposición del PEN. El 20 de junio de 1976 fue fusilado en las cercanías del Parque Sarmiento con otros tres jóvenes militantes de organizaciones de izquierda: Mirtha Abdon de Maggi, Esther Barneris y Miguel Barrera. 

El cuerpo de Claudio fue “hallado” en un hospital por una empresa funeraria que contactó a la familia. Por ello, la dictadura trató de instalar que no se trató de un fusilamiento sino de una fuga. 

Al momento de su asesinato, Claudio tenía 22 años. 

Alberto Hojman. “Albertito”

Albertito fue secuestrado el 28 de abril de 1976 en las proximidades de Corrientes y Talcahuano cuando llevaba el periódico partidario Política Obrera para distribuir entre contactos y militantes. Fue militante de la UJS y había egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires. Con 19 años, comenzaba a cursar Derecho en la UBA. A los 17 días de su desaparición, su madre recibe una llamada anónima que le comunicaba que estaba en Coordinación Federal.

Política Obrera tuvo una correcta caracterización del golpe genocida por lo que dispuso un método estricto de tabicamiento y cuidado de los compañeros. A pesar de ello, la organización sufrió la desaparición de compañeras y compañeros, algunos de ellos sobrevivieron, en gran medida por las campañas llevadas adelante por el Partido. Los compañeros y compañeras secuestrados, incluso padeciendo las peores de las vejaciones, protegieron a la organización. Los sobrevivientes continuaron con su militancia revolucionaria, e incluso prestaron declaración en los juicios de lesa humanidad como Pablo Rieznik entre otros. 

La lucha de las compañeras y los compañeros se mantiene vigente por las distintas generaciones que formamos parte de este Partido Obrero. Es un deber militante que nuestra juventud conozca los cimientos del Partido Obrero, tome sus banderas y lleve adelante la organización de los trabajadores hasta el fin de la opresión.

Compañeras y compañeros de Política Obrera ¡Presentes! Hoy y siempre.

 

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