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26 de marzo de 2020

Pichetto y su apoyo por derecha al gobierno nacional

En el día de hoy, el excandidato a vicepresidente por Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, expresó su apoyo a las medidas tomadas por el gobierno de Alberto Fernández en torno al Covid-19 (“Cualquier Presidente hubiese hecho lo mismo que Alberto Fernández”). 

En esta línea, afirmó “a las villas hay que entrar con las fuerzas armadas porque los alimentos no pueden estar ni en manos de punteros ni en la de los planeros”. Aquí, el exsenador busca en primer lugar deslegitimar el enorme esfuerzo que las organizaciones populares, como el Polo Obrero, están haciendo para garantizar el funcionamiento de los comedores en todos los barrios del país, donde existen numerosas denuncias por faltantes de comida. Al mismo tiempo, este busca reforzar el papel de las fuerzas armadas en la cuarentena obligatoria que, como ya denunció Néstor Pitrola en su artículo, lejos de garantizar la distribución de los alimentos y la satisfacción de las necesidades populares, buscan reforzar el aparato represivo del Estado frente a una posible “respuesta de la población ante el endurecimiento de las medidas de prevención… y en particular cuál puede ser la respuesta de los sectores más informales y postergados de la economía y la situación de los barrios más vulnerables.” 

Mientras ya son cientos los videos que circulan en redes sociales y en portales como Prensa Obrera denunciando los abusos policiales, y existiendo más de 8.000 detenidos, según Correpi, Pichetto insiste en esta línea y afirma "yo acentuaría el accionar de las fuerzas de seguridad y protegería los activos empresarios" y continúa “hay que tratar que las empresas queden bien después de todo esto”. Aquí, además del ya mencionado ángulo represivo, Pichetto actúa como vocero de la clase capitalista, quien ya ha sido beneficiada con numerosos subsidios y exenciones impositivas de toda índole, siguiendo en numerosos casos produciendo a pesar de producir ningún bien esencial, como es el caso de fábricas de golosinas o de bebidas alcohólicas, dando pie a los numerosos despidos, licencias sin goce de sueldo o suspensiones existentes en la actualidad. Pero bien mirado es un aval a los despidos (y más aún) una promoción de estos, como vía para “limpiar las empresas” y “dejarlas sanas”, en la línea bajada por Bolsonaro.

Esto contrasta por lo planteado por el PO-FIT Unidad, que a través de sus voceros, en los lugares de trabajo, en todos los barrios y en el Parlamento, ha desarrollado un programa antagónico: la prohibición de suspensiones y despidos, la cuarentena obligatoria para todos los trabajos no esenciales con goce de sueldo, el otorgamiento de un seguro de urgencia $30.000 para todos los desocupados, trabajadores en negro y monotributistas, la centralización del sistema de salud, y el control obrero de la producción y distribución de los productos esenciales mientras dure toda la crisis sanitaria. Esto puede ser posible tan solo si se frena la sangría de capitales que le genera al país el pago de la deuda externa usuraria para lo que, en lo que va del 2020, ya se han destinado más de $140 millones en pagos de vencimientos, haciendo más que urgente la ruptura con el FMI y el desconocimiento de la misma.

Las declaraciones de Pichetto buscan aportar al relato de unidad nacional que tanto medios oficialistas como opositores buscan generar, pero logran más bien mostrar su carácter ilusorio: no hay unidad nacional o conciliación de intereses posibles, sino más bien una exacerbación de la carga sobre los trabajadores en la crisis: expuestos al vaciamiento del sistema sanitario llevado adelante por todos los gobiernos de turno, a los despidos y suspensiones, a los despidos y suspensiones o la falta de garantías en torno a los elementos de supervivencia mínimos como la vivienda, los alimento o elementos de higiene. La llegada del Covid-19 expone, una vez más, el costo de un régimen en descomposición que lejos de garantizar el bienestar de la población ha dispuesto toda su generación de riquezas en torno al pago de los intereses de la deuda externa, haciendo más que necesaria una intervención enérgica e independiente de todos los trabajadores. 

 

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