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12 de mayo de 2020

Sin controles, más empresas retoman la actividad

La pandemia comienza a tener un curso azaroso.

La decisión del gobierno nacional de habilitar el reinicio de las actividades a 640 empresas industriales -a la que se sumaron Rodríguez Larreta, en CABA, y Axel Kicillof, en la provincia de Buenos Aires, abriendo la posibilidad de que se ponga en marcha una amplia gama de sectores comerciales y de servicios- vuelve a colocar sobre la mesa el tema de la multiplicación de los contagios tanto en los medios de transporte como en los propios lugares de trabajo.

Si bien la autorización oficial va acompañada con un “protocolo” donde se plantean precondiciones a cumplir por las patronales, tales como garantizar el traslado del personal para que no deba utilizar medios de transporte público y que se implementen en las empresas las medidas de seguridad sanitarias recomendadas, su efectiva ejecución depende de un control estatal que, hasta ahora, ninguno de los gobiernos –nacional, de la Ciudad y provinciales- se ha destacado por imponer.

Además, el protocolo deja la puerta abierta para la transgresión patronal. Dice que los trabajadores deben viajar en vehículos provistos por la compañía, “autos propios o movilidad individual”, lo cual hace prácticamente imposible controlar a las empresas que, así, pueden hacer recaer sobre los trabajadores la responsabilidad de su traslado.

Es que, además, se permite transportar bicicletas tanto en los trenes como, ahora, en los subterráneos. Sin duda, habrá una creciente utilización del servicio público de pasajeros, lo que parece quedar claro cuando se establece que, a partir de hoy, colectivos, trenes y subtes retoman sus frecuencias y programaciones habituales previos a la declaración del aislamiento social y obligatorio, es decir que se multiplica la cantidad de servicios.

Quien dejó entrever el cuadro que se presenta con la apertura de muchos sectores, comerciales y de servicios, ante el importante crecimiento en los casos positivos computado de los últimos días en la Ciudad y el conurbano, fue el propio Rodriguez Larreta, quien declaró: "nos jugamos todo” porque “el riesgo del contagio masivo sigue estando” y agregó que esto "nos preocupa, nos alarma”. Y, como el resto de los gobernantes, hizo recaer la responsabilidad del cuidado en los propios trabajadores y vecinos a quienes les planteó que "si no se cumplen las pautas de distanciamiento, volveremos para atrás”, como si la pandemia pudiera manejarse a su voluntad.

El virus también habita adentro

A su vez, tal como surge del relevamiento del Observatorio de los Trabajadores de Prensa Obrera -una muestra de la realidad que se vive en las fábricas y demás lugares de actividad laboral-, un alto porcentaje de las empresas y organismos estatales que están en actividad no cumple con los protocolos sanitarios y, ante la inacción oficial, esto llevó a que, en muchos casos, los obreros y empleados debieran tomar medidas de fuerza para lograr que las mismas se implementaran.

En algo más de tres semanas reportamos en el Observatorio 23 denuncias contra municipios y organismos estatales y 41 contra empresas privadas, porque no respetan los protocolos de seguridad sanitaria, todas las cuales fueron realizadas por los propios trabajadores sin que, en la mayoría de los casos, ni antes ni después, hubiera intervención alguna por parte de las autoridades oficiales.

Esto se muestra con brutal claridad en el caso de los hospitales, sanatorios y centros de salud estatales y privados, donde las denuncias de falta de elementos de seguridad sanitaria alcanzan a establecimientos de todo el país, ante lo cual los trabajadores de la Salud han dado importantes luchas en defensa de la vida propia y la de los pacientes.

También, entre muchos otros lugares, hubo denuncias sin sanción alguna en las cadenas de Coto y Carrefour, donde empleados afectados por el coronavirus han debido ir a trabajar y puesto así en peligro de contagio a otros compañeros y clientes.

Y, a la vista de todos y en la calle, y con el aval del Ministerio de Trabajo, está el tremendo cuadro que viven miles de jóvenes de las apps, como Uber Eats, Rappi, Glovo y Pedidos Ya, que trabajan en total desamparo, sin que las patronales les entreguen los más elementales elementos de seguridad, cobertura de salud ni ART.

Este cuadro se replica en el interior del país. En el ex Ingenio El Tabacal, cuyos trabajadores denuncian que está en actividad sin autorización alguna, que transporta a los obreros hacinados en vehículos y que no entrega ni barbijos. Todo ante la mirada complaciente de la gobernación. Y en el puerto de Mar del Plata, donde quedaron en cuarentena dos tripulaciones porque las patronales no aplicaron ningún protocolo.

El derrotero de la pandemia está comenzando a recorrer un terreno azaroso. Las presiones de los distintos sectores capitalistas para que se reinicie toda la actividad laboral es replicada cada vez más por los gobiernos nacional y provinciales y el control es cada vez menor.

Los trabajadores, que en las difíciles condiciones del aislamiento y la traición de las burocracias sindicales de todo pelaje, han dado luchas enormes (en innumerables hospitales y centros de atención, en Penta, en BedTime, en la mina de Andacollo y la batalla enorme de los compañeros del neumático, entre varias otras) deben tomar en sus manos la defensa de las condiciones de trabajo, la seguridad sanitaria, sin confianza en los patrones ni en los gobiernos que responden a los intereses de los capitalistas.

 

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