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12 de mayo de 2020

En el Barrio Rodrigo Bueno, “no hay ni un peso para el pan” y “los kits sanitarios brillan por su ausencia”

Los vecinos relatan cómo se vive la pandemia en esa zona del sur de la ciudad, donde se registraron dos nuevos casos esta semana.
Por Julian C.

Acorde a los últimos registros nacionales oficiales, Capital Federal es la zona del país más afectada por el coronavirus, con 2.156 contagios informados a la mañana de hoy. Una gran masa de estos (685 según los últimos datos de la ciudad) se ha producido en los barrios populares, donde la propagación del Covid-19 se ve favorecida por las precarias condiciones de vida, combinándose la falta de redes cloacales y de agua corriente, el hacinamiento dentro de la vivienda y la necesidad de salir a buscar un sustento.

En el Barrio Rodrigo Bueno, al sur de la ciudad, se registraron dos casos en la última semana.

Javi, vecino de allí, contó a Prensa Obrera cómo se vive la situación: “es difícil la verdad, cada uno de los vecinos la está remando como puede. En los asentamientos de emergencia es muy difícil hacer una cuarentena apropiada, lamentablemente aunque uno quiera no puede tomar las precauciones necesarias para evitar el virus. Aparte mucha gente se quedó sin trabajo: ese es otro problema, porque muchos en el barrio viven el día a día”.

Todos los vecinos entrevistados por nuestro medio coinciden en que si bien hubo un aumento de la permanencia en las viviendas y el uso generalizado de barbijos, son ellos quienes los fabrican ya que el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta no los proporciona, como tampoco entrega kit sanitarios para minimizar los riesgos. “Los kit brillan por su ausencia”, asevera Yanina. En el mismo sentido, María se hace eco de la urgencia social y sanitaria: “todos los barrios necesitamos kit sanitarios para poder protegernos y alimentos para seguir sobrellevando la cuarentena. A esta altura se está haciendo insostenible, la gente necesita trabajar para cubrir sus necesidades básicas y pagar alquiler, como es mi caso y el de muchos vecinos en el barrio”.

Mientras el gobierno nacional se ufana en acordar el pago de la deuda usuraria, cuatro millones de personas se quedaron afuera del Ingreso Familiar de Emergencia y se estiraron los plazos para cobrar esos 10 mil pesos, que no alcanzan ni por asomo a cubrir las necesidades acumuladas en casi dos meses de cuarentena. Joel sufre las consecuencias directas de esta política: “me bajé la aplicación de Rappi, estoy saliendo con la bicicleta porque no tengo un peso ni para comprar el pan y no me salió el IFE. No me mata el coronavirus pero me voy a morir de hambre”.

Las ollas populares y comedores del barrio están sobrepasados por el hambre comunitaria. “Estamos subsistiendo con el comedor”, admite Yanina. Y agrega que a falta de entrega de alimentos del Estado, se apela a la solidaridad en el barrio: “les pedimos a algunos negocios y a los comensales que nos apoyen con las donaciones para poder cocinar y que ellos también puedan almorzar”.

Ante la falta de alimentos, los vecinos del barrio han decidido acompañar los reclamos del Polo Obrero, en la lucha por la satisfacción de sus necesidades básicas, profundizadas por la pandemia.  Javi nos da sus motivos: “mucha gente está en la lona con todo lo que está pasando, no sólo están sufriendo lo del virus, económicamente no dan más. Es muy difícil hacer una cuarentena sin  nada para comer, por eso apoyamos los reclamos de canasta de víveres y el Ingreso de Familiar de Emergencia para los que más lo necesitan, sin excepciones y sin tantas excusas”.

Cada día que los gobiernos no cumplen sus compromisos, crece el hambre. María es concluyente: “Hay comedores a los cuales no está llegando mercadería para preparar la comida, mucha gente está en lista de espera y necesita un apoyo urgente. Muchos trabajamos en negro y no nos están depositando el sueldo. Ya son más de cincuenta días paralizados en nuestras actividades y necesitamos por lo menos lo básico que es tener comida en la mesa para nuestros hijos y familia”.

Desde el Polo Obrero, reclamamos un seguro al desocupado de $30.000, apertura de nuevos puntos de entrega de bolsones de comida en Rodrigo Bueno y en todos los barrios, aumento de las partidas de alimentos para comedores y merenderos, reparto de kits de limpieza para las familias, extensión y aumento inmediato del subsidio habitacional para el pago del alquiler de las familias que se hayan quedado sin ingresos.

Es urgente la centralización del sistema de salud, gestión de los recursos sanitarios bajo control de los trabajadores y  un impuesto a las grandes fortunas para sostener a la población más vulnerable. Rechazamos la restructuración de la deuda: si se paga la deuda externa, no comemos.

¡Organicémonos para luchar por una salida de los trabajadores desocupados frente a la pandemia!

 

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