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13 de mayo de 2020

Ruidazo en la Villa 31 contra la crisis sanitaria y el hambre

En la noche del martes, las y los vecinos de la Villa 31 organizaron un ruidazo al interior del barrio a partir de la alarmante noticia de que la cifra de contagiados por coronavirus llegó a 511 y que todo indica que seguirá subiendo.

La medida, a la cual el Polo Obrero se sumó con fuerza y le dio un impulso, fue en reclamo de una real asistencia por parte del Estado: la provisión de alimentos, agua potable, elementos de limpieza y testeos masivos en el barrio.

La falta de agua es uno de los principales reclamos de quienes viven en la villa. En pleno inicio de la pandemia, la mayoría de las viviendas se vieron privadas del servicio, al punto tal de que tuvieron que ser asistidas por camiones cisternas y otros métodos precarios.

En el barrio se realiza un operativo común entre nación y la Ciudad y viene efectuando controles a personas que demuestran síntomas de Covid-19. Sobre este operativo, muchas vecinas y vecinos denuncian dos aspectos; primero, que a quienes no presentan síntomas no se le realiza test alguno, siendo que existen casos asintomáticos; segundo, que quienes presentan síntomas o aparece la sospecha de estar contagiados -muchas veces por ir espontáneamente a hacer consultas- se las lleva a zonas de aislamiento donde comparten baño y lugares comunes con personas que efectivamente están contagiadas.

El comité de crisis conformado por el gobierno nacional integra a la iglesia, organizaciones políticas y funcionarios, con el único propósito de eximir de responsabilidad al Estado nacional y de generar un frente de contención ante los reclamos de los vecinos. Se trata de los gobiernos responsables por el hambre, el desastre sanitario y las consecuencias fatales de estos.

Los resultados están a la vista, la curva de contagio en las villas está lejos de aplanarse y esto tiene un denominador común en la falta de trabajo genuino, un ingreso económico estable y el hacinamiento -que eran un problema previo a la pandemia- lo que obliga hoy a quienes viven en los barrios a salir en busca de un sustento para pasar la crisis.

Mientras tanto los gobiernos que ajustan a los trabajadores, pero aflojan con los bonistas, siguen pagando la deuda “como el FMI manda”, y flexibilizan aún más la cuarentena a pedido de las patronales, exponiendo a toda la clase trabajadora a posibles contagios. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que es absolutamente insuficiente para una cuarentena que lleva ya casi dos meses, todavía no ha sido cobrado por la totalidad de quienes fueron beneficiados, incluso luego de dejar a buena parte de los inscriptos afuera.

Desde el Polo Obrero impulsamos un protocolo de acción frente a la crisis, que debe ser discutido por vecinas y vecinos en pos de que sean ellos mismos quienes organicen la defensa de la salud, conformando comités de seguridad e higiene que pongan en pie los reclamos y un total cumplimiento por parte del Estado. Estas manifestaciones son la punta para comenzar a organizar al barrio, en medio de la pandemia, por una urbanización real y todas sus reivindicaciones.

 

    

 

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