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13 de mayo de 2020

Traslasierra, exclusión y ajuste: la realidad educativa en el interior cordobés

Por
Milena Paponi y Diego Varela (Delegados escolares en Tribuna Docente)

A casi dos meses de la suspensión de clases y del decreto de aislamiento obligatorio, escuelas y familias del valle, se encuentran realizando esfuerzos denodados para poder sostener la continuidad de las clases.

Todos los niveles en jaque. Desde los estudiantes del Centros Regionales de Educación Superior (Nivel Universitario) de la ciudad de Villa Dolores, que están librando una lucha para que se suspenda la cursada por la falta de acceso a internet y de trabajo, a los estudiantes secundarios y primarios, que exponen las dificultades que se les presentan para poder completar esta nueva trayectoria escolar pues tampoco cuentan con dispositivos ni conectividad. Las familias deben compartir los escasos recursos (cuando existen) para la virtualidad y la planta docente no se encuentra exenta de esta conflictividad, son miembros de la misma población.

Radiografía de la exclusión

La realidad del Valle es muy diversa. En las zonas urbanas el turismo es la principal fuente económica, pero con una mala temporada antes de la pandemia el aislamiento social profundizó el geográfico a pesar de los puentes de cemento. En las zonas rurales, golpean las dificultades económicas de años de recesión, y las comunicaciones se limitan a una única compañía telefónica con tarifas escandalosas, lo que obliga a romper la cuarentena para recargar crédito, andando kilómetros como sea, para cumplimentar con el rol docente (o alumno) virtual.

El Conectar Igualdad fue un veranito K, que tuvo más ruido que cáscara, igual el plan provincial. Nadie olvida la entrega de estructuras informáticas a escuelas carentes de recurso energético en la zona. Antes de la contingencia se discutía el relanzamiento del Conectar, el equipamiento a cuentagotas en algunas escuelas a principio de año quedó trunco; un programa precario de cabo a rabo. Corta fue la duración de los técnicos territoriales y el plan de mantenimiento y desbloqueo de las netbooks. Así, los monotributistas se estrellaron contra la realidad. La conectividad no es prioridad en la escuela, sí la precariedad laboral. Una forma de contratación, diseñada por el Ministerio de Educación, el de Trabajo y el propio sindicato docente.

La efectividad del sistema educativo del que hablan Nación y Provincia navega en un mar de incertidumbres. Es una seguidilla de órdenes y contraórdenes, de declaraciones de dudosa seguridad de un plan a la altura de las circunstancias. Escuelas con disposiciones de inspecciones y direcciones escolares que por momentos rayan la total arbitrariedad, hasta la imposición del uso de la plataforma virtual del Ministerio como recurso de trayectoria escolar.

Sobran motivos

Más que una autoevaluación institucional al cierre de trimestre, la docencia reclama un debate de las exigencias ante nuevas formas de trabajo. El miserable acuerdo salarial a pesar del rechazo contundente del activo despierta al sector más vulnerable, los jubilados actuales y los próximos. Un zarpazo a la Caja que obliga a poner en pie un programa en defensa del 82% móvil, la apertura de balances y conformación de una dirección con trabajadores y jubilados. La desocupación forzosa entre docentes y tercerizados (a estos últimos con recortes salariales escandalosos) evidencia un tufillo a reforma laboral que es abonado con un accionar de represalias de un Estado que pretende descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. La irrupción de los trabajadores se acelera al calor de agotar todas las instancias de reclamos. Se impone la necesidad de preparar y organizar la intervención de los trabajadores para enfrentar este ajuste con un programa propio. Es la tarea que asumimos desde Traslasierra y en toda la provincia.

 

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