fbnoscript
14 de mayo de 2020

Juventud: entre la pandemia y el hambre

La necesidad de organizarse para enfrentar a un sistema opresor y empobrecedor.

Se torna desesperante la situación de cuarentena para uno de los sectores más vulnerable y más expuesto de la población: la juventud. La etapa en que se pelea por la independencia material y la existencia, es un tránsito caótico y a veces trágico para los pobres.

Los  jóvenes de hoy, son los niños pobres de un pasado no tan lejano. Arrastran una infancia dura, de desamparo estatal tanto alimentario como económico, y en muchísimos casos de padres ausentes por diferentes motivos.

La niñez y la juventud siguen siendo la franja etaria más precarizada; según un estudio de UNICEF del 2018 “En Argentina el 29,7% de las personas está en situación de pobreza. Sin embargo, cuando nos centramos en hogares donde residen niñas, niños y adolescentes este porcentaje asciende al 47,7% (18 puntos porcentuales más que la pobreza en general)” y continúa “la incidencia mayor de la pobreza se verifica para el grupo de 13 a 17 años (51%)”. El estudio también data que los hijo de padres menores a 25 años son los más afectados por la pobreza

Los últimos datos del Indec sobre la juventud siguen alrededor de esos valores. Todavía falta evaluar la pobreza de esta última etapa que en el marco de la pandemia escaló. Se han incrementado los comensales jóvenes en los comedores populares

La juventud necesita respuestas

Alberto Fernández y las figuras del Frente de Todos se la pasan hablando de la juventud y la inclusión, pero no pasan de la demagogia. Las demandas para este sector ARDEN. No se puede calmar el hambre con filosofía barata. El presidente se jacta de interactuar con los jóvenes desde su cuenta de twitter e instagram con un discurso progre, pero tiene a Berni a la cabeza de la Bonaerense, que está demostrando por su intervención, que continúa la política represiva de la anterior gestión de Bullrich y la doctrina “Chocobar”. Un gobierno que prioriza millones a la deuda no puede darle nada a la población trabajadora más que despidos y precarización.

Sobrellevar las adversidades de la vida no es lo mismo para quienes no cuentan con los recursos económicos y salubres. Más allá de que un sector pueda independizarse (alquilando en pareja o solos), muchos pibxs comienzan sus vidas conviviendo con otra/s personas para costear gastos. El hacinamiento, la desproporción entre los ingresos promedios de la juventud y el costo de sostener un hogar son una loza sobre la posibilidad de avanzar con los estudios y tener condiciones de vida estables.

El Estado es responsable

El delito, la trata, el narcotráfico, las adicciones, todas estas variantes que siempre son amparadas por el Estado y las fuerzas represivas que organizan el delito en los barrios, son el único camino que le ofrecen a los pibes. La pobreza y la juventud son un cóctel explosivo. Si no se canaliza en la organización independiente, si no tiene respuestas inmediatas de parte de los gobiernos, este sector está expuesto a muchísimos riesgos que los terminan criminalizando. Por algo todo un sector de la sociedad más derechista brega por la baja de edad de imputabilidad. No es con punitivismo que se va a terminar la “inseguridad”. Para acceder a centros gratuitos estatales (laicos) para el tratamiento de adicciones hay que dar cientos de pasos engorrosos que nunca llegan a nada, librando a su suerte a cientos de jóvenes que están atravesando esta situación. El Estado le entrega a la curia una gran parte del manejo de los centros de rehabilitación; y vacían la “inclusión” al mundo del trabajo.

La precarización a la que es sometida la población joven es un camino perverso, porque acorralan a los pibes a la domesticación de sus voluntades. ¿Qué joven hoy sale a buscar laburo y consigue uno en blanco con obra social y sin contrato temporario? Ni hablar de aquellos que no lograron terminar sus estudios. Las changas, las ferias, la jardinería, la venta ambulante están plagadas de jóvenes en su mayoría varones y padres de familia o con adultos mayores a cargo.

La cuarentena obligatoria puso blanco sobre negro: los más perjudicados para acceder al IFE fueron los jóvenes de entre 18 y 25 años que fueron excluidos por tener a sus madres/padres cobrando un seguro de desempleo de 4mil pesos o pensión, o por seguir figurando como trabajadores en actividad aun habiendo sido despedidos muchos meses antes. 

Aquellos que tienen la posibilidad de continuar sus estudios, se encuentran sin acceso a internet y en los barrios las fotocopias cuestan entre $5 a $7 pesos la hoja, las tareas y trabajos prácticos para presentar en clases son una presión del Estado hacia los docentes y un revés para los estudiantes que no logran hacerlo.

La organización como camino para la emancipación

Dos casos que han ocurrido en el conurbano este fin de semana pintan de cuerpo entero la situación. Dos jóvenes perdieron la vida el sábado 8 de mayo en La Matanza y en Vicente López en distintas circunstancias, ambos jóvenes que no se conocían pero compartieron un destino funesto. Cesar Alejandro Obes de 17 años de edad fue asesinado por dos policías -(un bonaerense y un Federal) que se encontraban de civil-  mientras volvía de comprar a unas cuadras de su casa de Laferrere. El joven, que arrastraba problemas de adicción, fue rematado de 4 balazos y golpeado en la cabeza. Mientras yacía en el piso, los cobardes matadores  le decían a los vecinos “dejalo que se muera como una rata”. Cesar llegó agonizando al hospital Germani y minutos después falleció.

Carlos Hermoso de 23 años, padre de dos hijas falleció tras un paro cardíaco en su barrio de Carapachay, luego de una sobredosis donde previamente le confesó a sus amigos que quería acabar con su vida. El joven había asistido al comedor popular del Polo Obrero y asistía de manera intermitente a la organización. Su madre había fallecido unos meses antes de quedar sin trabajo. Carlos cortaba pasto, alquilaba y contaba que no podía seguir sosteniendo a su familia, que hacía poco se había separado de su pareja y no tenía trabajo ni ningún sustento.

Son dos historias que conmueven por su crudeza y una pregunta que increpa a la sociedad  ¿qué va a pasar con los jóvenes?

Por eso es más necesaria que nunca la organización socialista de la juventud, que denuncie cada injusticia cometida contra nuestras condiciones de vida. Que grite: no pasarán los ajustadores que quieren cerrarnos el paso.

Desde la Juventud del Polo Obrero y la Unión de Juventudes por el Socialismo-Partido Obrero, levantamos un programa de salida, luchamos por el trabajo genuino, por una perspectiva para la juventud trabajadora ocupada y desocupada que está siendo amenazada por el narco y el delito organizado.

No podemos darnos el lujo de seguir preguntándonos por nuestro futuro. Lo tenemos que tomar en nuestras manos. Para que no haya más César, para que no haya más Carlos ni Luciano Arruga.

Por la emancipación de la juventud y la plena libertad de organizarnos y terminar con un sistema capitalista que no tiene nada para ofrecernos.

En esta nota:

Compartir

Comentarios