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19 de mayo de 2020

Educación en tiempos de pandemia: talleristas de ESI

Por Verónica Torres
Mendoza

Gisel Molina (Ciencias de la Educación) y Alejandra Olaiz (Filosofía) formaron parte de los cursos “Hablemos de ESI en las escuelas”, coordinan talleres y ambas tienen formación académica y específica en ESI. Están dentro del sistema educativo como talleristas, pero también, participan de colectivos no gubernamentales y son trabajadoras profesionales en Proyectos de Extensión de la UNCuyo.

“La ESI es inquietud, interpelación, afectividad; es ética. El placer es una deuda pendiente de la ESI, pero la vamos construyendo.” Alejandra Olaiz

La ESI tiene “tres patas”: capacitación, los referentes y los promotores de derechos (el alumnado). Por el ASO (aislamiento social obligatorio), la ESI se quedó sin esa pata tan importante que es el contacto directo con los/las chicos/chicas. Sin embargo, con cuarentena y con virtualidad, éstas jóvenes y entusiastas trabajadoras mantienen su compromiso: “La ESI es una forma de entender la vida”, comentan Gisel y Alejandra, “es afectividad y ética, no es moral, plantea una interpelación y un estar inquieto frente al paradigma que invisibiliza. Es el reconocimiento de los derechos por la salud; abre la voz del cuidado y de la sororidad, de eso de entenderse en otras lógicas de trabajo y otras pedagogías que tienen que ver con los afectos, pero también con eso de acercarse a alguien y preguntar y entender y compartir con tus pares. Trabajar en la ESI te da una energía especial, al mismo tiempo, le ponés el cuerpo y eso también se siente.” (Alejandra Olaiz)

Esta pedagogía, con una nueva lógica surgida del reclamo de les estudiantes y del movimiento de mujeres contra las violencias para trabajar lo educativo no es reconocida por el gobierno de Mendoza –recordemos que presentó su plan de estudio 2020 en el Instituto Alameda de las Iglesias Evangélicas, principales negadoras de la ESI- por lo tanto no es una materia curricular y sólo se abre paso en las escuelas  por demanda de la comunidad educativa.

“La ESI tiene 14 años y esta interpelación implica y permite que los participantes se movilicen y sea activa. En la virtualidad, como ahora con esta cuarentena, la ESI debe afrontar también que se pierde la mirada de un pibe o una piba que no lo pasa bien. Los talleres virtuales te permiten reinsertarte en este contexto, te dan fuerza, son distintos y a la vez son un espacio de contención, de juntar fuerza.”

Siendo talleristas de ESI suelen ser atacadas por su posición sobre el aborto, las identidades autorpercibidas y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos. Muchas veces son hostigadas sea en un barrio, una institución y por encima de todo, en una sociedad sostenida en la imposición de un paradigma clerical que silencia y oculta. Eligen, como ellas dicen, dónde usar el lenguaje inclusivo y el pañuelo verde ante los diversos terrenos donde actúan.

La ESI precisa una enorme cantidad de condiciones políticas, empezando por un Estado separado de las iglesias y de sus principios de sometimiento y discriminación. Sin embargo, para las entrevistadas “es un camino que ya no se para” aunque en este momento la agenda de los medios y la del gobierno haya “freezzado” la presentación del proyecto de la legalización del aborto y aunque los gobiernos se nieguen a modificar la ley ESI para hacerla efectiva en todo el sistema educativo. Esta es una realidad, no es tema de agenda y se sigue con los protocolos de acompañamiento en el ILE, barreras más o menos conforme intervengan como contención o como impedimento, algunos “terceros” en los casos de ILE: ambas acompañan a jóvenes y se comprometen con esto. O sea, es una tarea que solamente es posible gracias a la conciencia de docentes de diferentes niveles y de otras y otros profesionales que abren un camino a pesar del Estado, sus gobiernos y sus orientaciones reaccionarias.

Las vallas más grandes que afronta la ESI -como propuesta de defensa de los derechos sexuales y reproductivos desde un marco científico, laico y estatal- son las que levanta el propio Estado partiendo del desconocimiento de estos derechos por los gobiernos. Incluso la propia Ley ESI en su art. 5 impide la laicidad y un criterio científico al adaptar la aplicación de la misma al ideario de cada institución o de sus miembros. Todo esto favorece la reproducción de la ignorancia y una actitud de hostilidad y violencia en la sociedad. 

Para las talleristas de ESI no hay dinero del gobierno, la mayoría de las veces solo incomprensión e impotencia. Tienen las condiciones laborales más inestables del sistema educativo (aún impera la visión biologicista a la hora de elegir el taller y si hay llamados, médicos o personal de salud son convocados prioritariamente aunque no tengan la preparación pedagógica específica que se requiere). Para las entrevistadas “la ESI habla es una bandera pedagógica. Sabemos que no es por dinero sino por el ‘amor pedagógico”.

O sea, es una tarea que solamente es posible gracias a la conciencia y compromiso de docentes de diferentes niveles, de la lucha estudiantil y también de la participación de otras y otros profesionales que abren un camino en el sistema educativo a pesar del Estado, sus gobiernos y sus orientaciones reaccionarias.

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