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20 de mayo de 2020

Kicillof, como Larreta, viola la cuarentena

El verso de la "reapertura" progresiva en la provincia de Buenos Aires.

“La Capital es un foco infeccioso”, en estos términos el gobernador Axel Kicillof se trenzó con Larreta y el gobierno porteño de Cambiemos a quienes acusa de romper la cuarentena por las salidas recreativas y la apertura de los comercios porteños. El detonante fue la explosión de casos de coronavirus en el Barrio 31 que costó la vida a dos referentes y militantes sociales, y el crecimiento exponencial en los barrios populares capitalinos con 1.500 contagios a la fecha. A la vera del gobernador bonaerense, Sergio Berni, el ministro “cuartelero”, llegó a sugerir el cierre de los accesos a la Capital Federal aunque después relativizó su amenaza ante el rechazo que provocó en el gobierno nacional. Kicillof, que viene bancando las patoteadas de Berni, calificó el “amurallamiento” de la Capital Federal como impracticable, señal de que más allá de las escaramuzas la línea dominante del capital pasa por el cierre de filas de toda la burguesía en torno al pago de la deuda externa y un acuerdo con los fondos buitre. En pleno default técnico, también el delfín de Cristina Kirchner tiene que acordar con Cambiemos para que la oposición derechista vote la autorización de nuevo endeudamiento por 500 millones de dólares y avale una oferta de pago a los acreedores en la provincia de Buenos Aires.

En un plano más general estos choques son parte de una disputa al interior de la coalición del gobierno peronista frente a un Alberto Fernández que salió a bancar la gestión de Cambiemos en la Capital Federal. Este principio de crisis política ha llevado a Kicillof a impostarse como un opositor firme a la flexibilización de la cuarentena cuando hasta hace muy poco era el vocero de la apertura “productiva”. Sin ir muy lejos, y a principios de mayo, el ministro de salud Daniel Gollán declaró que “si nos quedamos en casa nos morimos de inanición” para justificar lo que llamó el contagio administrado. Como ocurre con el pago de la deuda y la ofensiva de despidos y suspensiones el levantamiento de la cuarentena es también un reclamo de toda la clase capitalista.

Más allá de la demagogia, la “apertura progresiva” tiene números concretos. En la provincia de Buenos Aires se reabrieron 500 empresas y distintas actividades industriales después de la conferencia de prensa que Alberto Fernández compartió con Larreta y Kicillof en lo que algunos llaman la “triple alianza”. Esta perforación de la cuarentena llega en las vísperas del pico de la pandemia y cuando ya son 77 las comunas donde se detectaron casos de coronavirus. Recién el martes 19 de mayo el gobernador Kicillof anunció la puesta en marcha del plan “Detectar” en los asentamientos y barrios precarios de la provincia lo que pone en duda los números oficiales de contagio conocidos hasta la fecha, por falta de testeos masivos. Los operativos en los barrios populares y la presencia del ejército en el conurbano no apuntan contra la circulación del virus sino contra la organización de los trabajadores y toda respuesta popular al hambre y al aumento de la pobreza cuya proyección llega a niveles similares al 2001.

Esta semana Kicillof “sinceró” lo que venía ocurriendo excluyendo de la cuarentena a un listado de los municipios de más alta concentración demográfica y número de contagios en el conurbano. Que el gobernador haya elegido a la fábrica Volkswagen como escenario de la “apertura progresiva” -“si se paran las máquinas, para el país”- dice mucho de la política del kirchnerismo que critica para la tribuna las rebajas salariales mientras avala los pactos de reducción de salarios firmados entre las patronales automotrices y la burocracia del Smata. En Matanza, San Martín, Tres de Febrero, Pilar, Quilmes y Zárate se abrieron las plantas automotrices, metalúrgicas , textiles, químicas y petroquímica, talleres gráficos, empresas de electrónica y electrodomésticos, fábricas de maquinaria y equipos, tabaco, indumentarias , del cuero, de la industria del neumático, plásticos , celulosa, cerámica, papel y juguetes entre otras. Afirmar, como lo hace Kicillof, que las empresas van a garantizar los protocolos de salud en las fábricas es entregar la vida de los trabajadores a las mismas patronales que violan la prohibición de despidos y suspensiones y pactan con la CGT la reducción nominal de los salarios.

El paso en falso de Berni, quien pretendió colocar a la Bonaerense en el centro de la escena con el fallido bloqueo policial a los accesos a la Capital, choca con las tendencias acuerdistas del aparato del PJ, los intendentes y el propio Alberto Fernández en representación de la clase capitalista. Una integrante del comité de expertos y epidemiólogos que asesora al gobierno nacional cruzó duro a Kicillof y al ministro de Salud bonaerense con declaraciones de apoyo al accionar de Larreta en Capital y alertando que el virus circula en la provincia. Todos los intendentes de la primera sección electoral que agrupa a las comunas de la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires presentaron una declaración conjunta al gobernador reclamando la flexibilización de la cuarentena “para impedir despidos y cierres de empresas”. Un chantaje directo que tiene a una gran masa de trabajadores como rehenes de los capitalistas y forzados a volver al trabajo sin la protección necesaria. La presión aperturista es una política común de todos los jefes comunales incluidos Espinosa de La Matanza y Maira Mendoza de Quilmes que integran el pelotón de los municipios exceptuados.

Es el gobierno el que viola la cuarentena por cuenta de los capitalistas. La quiebra masiva de la cuarentena plantea reivindicaciones fundamentales como la formación de los comités de seguridad e higiene en los lugares de trabajo con poder de veto, el control popular para hacer cumplir los protocolos de salud, el equipamiento de los hospitales, camas de terapia intensiva y la provisión de elementos de protección para los trabajadores sanitarios, la centralización del sistema de salud y el no pago de la deuda externa que hipoteca a la provincia para concentrar todos los recursos en el combate contra la pandemia y la lucha contra el hambre.

 

 

 

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