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17 de junio de 2020

Francia: nuevas manifestaciones contra el gobierno

Los trabajadores de la salud, los grandes protagonistas en todo el país.
Por Roberto Gramar
Corresponsal París, 17 de junio de 2020

La población y el movimiento obrero se rebelan cada semana contra el gobierno y su política con una presencia sistemática en las calles. Esta vez fueron las manifestaciones del personal hospitalario y de defensa del servicio público de salud; unos días atrás, la juventud de los barrios volvió a manifestar contra la represión; el sábado está prevista una movilización en defensa de los trabajadores inmigrantes y de los “sin papeles”. Mientras tanto, el presidente Macron y la burguesía discuten los planes para salvar al capitalismo en quiebra; se concentran por ahora en los discursos pero apoyan la represión policial: el poder contra el desarrollo de la huelga política de masas. Vamos a una confrontación importante para el curso internacional de la lucha de clases.

La lucha de los trabajadores de la salud

Durante el pico de la pandemia, el trabajo, la devoción, el sacrificio, de los trabajadores de la salud fueron cruciales para evitar el colapso de los hospitales y una situación sin control. Fue un contraste notable con la ineptitud y la mala fe de ministros y altos funcionarios. La población manifestó todos los días su apoyo a los trabajadores, mientras aumentaba la desconfianza en el presidente Macron. El drama de la pandemia viró al sainete cuando Macron le prometió al personal una condecoración, que sería pública en el desfile militar del 14 de julio, aniversario de la Revolución Francesa. Los adornos del Estado burgués en descomposición al servicio del capital en contraste con el trabajo de médices y enfermeres al servicio de la población.

Durante más de un año, estos trabajadores se movilizaron en defensa del servicio público y de las urgencias, por un aumento inmediato de los salarios de miseria de las enfermeras, contra la supresión de camas, el ahogo presupuestario y los planes de privatización. Crearon un conjunto de colectivos, interhospitalarios y en sus lugares de trabajo. Las movilizaciones se sucedieron todas las semanas y en todo el país. Los sindicatos, con pocas excepciones, asistieron más bien como espectadores.

Era inevitable que el conflicto tomara más fuerza luego del pico de la pandemia. El martes hubo concentraciones y manifestaciones en más de 200 ciudades; en París, la movilización reunió cerca de 20.000 personas; en Lyon y Nantes 10.000; en Tolosa, 20.000; en las ciudades medias algunos miles y en los pueblos, decenas y centenas. Una de las consignas más coreadas fue “el Covid me trajo la rabia”. Macron era el destinatario.

Resulta difícil hacer una caracterización general de todas estas movilizaciones; en algunos casos, como en París, los aparatos sindicales lograron aparecer a la cabeza y la participación se concentró en los trabajadores de los hospitales y los militantes de izquierda; en otros, como en Nantes, fueron los colectivos los que animaron la movilización y hubo una fuerte participación popular y de jóvenes.

Es un rasgo general de estos eventos: la movilización es alimentada por el trabajo de los agrupamientos de base de los trabajadores, que no logran sin embargo organizar, establecer y aparecer con un cuadro sindical combativo, una coordinadora nacional de organismos de base, que devenga en una alternativa nacional de dirección. Existen decenas y hasta centenas de estos agrupamientos pero la izquierda sindical de lucha de clases se mantiene en la dispersión. Los grupos políticos militantes, por su parte, trabajan en forma separada y a través de las implantaciones que logran establecer.

La “participación” es la trampa de la burguesía

Una y otra vez, el gobierno y las patronales recurren a la trampa de la participación, de la “concertación” en el lenguaje macronista. Se trata de asociar a las burocracias sindicales a las decisiones tomadas por el poder, con la utilización de un simulacro de negociación. La oposición es tolerada, pero no la ruptura.

Con este método, el gobierno organizó el “encuentro de Segur” (por la ubicación del Ministerio de la Salud) con centenares de participantes, donde se habla de todo, no se negocia y no se decide nada. Los sindicatos son devorados por las reuniones y los papeles. El Ministro de niega a indicar cuál será el aumento propuesto para las enfermeras y para el presupuesto de los hospitales, camas, equipos, material, medicamentos. El propio Macron, en su discurso del pasado domingo, volvió a los homenajes, a las promesas y a la reorganización del sistema, como una forma de avanzar en la privatización y en el desmantelamiento del hospital público.

Hay un calendario político preciso. Macron anunció hace unos días que “habrá que trabajar más”, en un discurso fatuo, de autoelogio. El programa preciso de ataque contra la población y sus condiciones de vida será conocido en la primera quincena de julio, con un inevitable reacomodamiento político. El ministro de la Salud reserva también las “conclusiones” del encuentro de Segur para julio.

La mayor parte de los sindicatos, y también de los colectivos, participa en la mascarada de este encuentro, aunque critica su organización. El Colectivo interhospitalario denuncia la “falta de transparencia” y la ausencia de organización (reuniones de dos horas con 40 intervenciones y ningún resultado). Los aparatos sindicales aceptan esta trampa. Por ahora, solo el sindicato SUD (Solidarios) se retiró del encuentro.

Buscan cansar y confundir a los trabajadores. Es así como el diario Le Monde, la buena conciencia de la burguesía imperialista, tituló su informe sobre la manifestación del martes: “En la calle, el personal de salud fatigado y asqueado”. Se puede agregar que el cansancio y el asco deberían transformarse en rebelión política. Este es el peligro que conoce el gobierno y por eso Macron aprovechará los meses del verano para anunciar sus medidas más terribles.

La “izquierda de la izquierda” se adapta a este cuadro. Emitió una declaración unitaria para el día 16, que queda reducida al apoyo a los reclamos de aumentos de presupuestos y de salarios, sin proponer ninguna agitación política, de enfrentamiento con el gobierno. Se denuncia a la concertación de Segur pero no se plantea la ruptura. Se apoya a los sindicatos y se diluye la lucha contra la política del gobierno en la crisis capitalista, a la espera sin duda de las elecciones del 2022. Estas son las posiciones vergonzantes del bloque La Francia Rebelde de Melenchón, el NPA, rupturas derechistas del NPA y rupturas “progresistas” del PS.

Esta izquierda sigue el juego de los grandes aparatos sindicales. Sin ninguna vergüenza, la CGT y Force Ouvrière, además evidentemente de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (Cfdt), emitieron una declaración de apoyo al plan europeo Merkel-Macron de subvenciones directas de la Unión Europea a la burguesía, para paliar su crisis. Los aparatos sindicales se comprometen con los planes burgueses imperialistas y difícilmente pueden ser los adalides de las luchas obreras y contra la opresión, nacionales e internacionales.

La represión es la columna vertebral

Aparentemente, la fiebre de las manifestaciones ganó también a la policía, que continuó con su campaña activa de defensa de la represión. En su discurso del domingo, Macron atacó a las manifestaciones contra el racismo y defendió abierta y brutalmente a la policía. Sin embargo, no fue suficiente. Se reclama la caída del ministro del Interior, como una señal política clara de los métodos que se van a utilizar para defender el orden burgués.

Todo indica que la próxima reorganización ministerial va a satisfacer estos reclamos. La represión será todavía más claramente la línea de defensa del gobierno; Macron tratará de cubrir en parte esta realidad con la colaboración cada vez más vil de los aparatos sindicales y la adaptación cómplice de la izquierda.

Las movilizaciones en curso deberán ampliarse en las próximas semanas y meses y catalizarse en septiembre, luego del verano. La burguesía tratará de imponer su política de crisis: desocupación masiva, quiebra de centenares de miles de comercios, talleres y empresas, la miseria, desmantelamiento de la salud y la educación, agravamiento de las condiciones de vivienda. Las cuestiones de la organización militante de la clase obrera, la juventud, los barrios, las mujeres, estarán más claramente a la orden del día, con estallidos sociales masivos, con una huelga de masas en desarrollo. Todo indica que la necesidad de la organización política revolucionaria será paralela a la estructuración de las formas más avanzadas posibles del frente único. Hay que trabajar incansablemente por la clarificación política y programática y por el avance de la intervención independiente de la clase obrera.

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