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18 de junio de 2020

La militarización del transporte no va a frenar la escalada de contagios

El crecimiento es el resultado de la flexibilización de la actividad económica.

El crecimiento de los contagios y el récord de fallecidos en la jornada del pasado miércoles prendió la alerta roja y el gobierno archivó las declaraciones de confianza en la capacidad del sistema de salud en el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba) para hacer frente a la pandemia de coronavirus.

El presidente Fernández puso el foco en el transporte, al que considera el principal difusor de contagios. En efecto, hay una escalada de casos entre los propios trabajadores del sector, consecuencia, en parte, de la negligencia y desprecio por la salud de los trabajadores de las gerencias de los ferrocarriles y el subte, sus contratadas y las empresas del transporte automotor.

Recientemente, las muertes por Covid-19 de dos tercerizados del ferrocarril San Martín, de un trabajador de Vías y Obras del Mitre y de un chofer de colectivos de la línea 520 de la zona sur del conurbano desmintieron dramáticamente al ministro Mario Meoni que había negado la existencia de casos en el transporte.

La afluencia de pasajeros viene en ascenso desde hace semanas y responde a un hecho indiscutible: la apertura de la actividad económica al compás de la flexibilización de la cuarentena por la fuerte presión de los grupos capitalistas a la cual los gobiernos, tanto nacional como Kicillof y Larreta, cedieron. A esto hay que agregar la situación de quienes no tienen trabajo, o trabajan en negro o changuean y por lo tanto buscan el sustento diario que el Estado no garantiza. Fernández se la “agarra” con los “runners” para eximir de responsabilidad a las patronales que desde el comienzo han sido activas militantes de la anticuarentena.

Sin embargo, la decisión de Fernández consiste en hacer caducar todas las autorizaciones de circulación, con excepción de los trabajadores esenciales, a partir de la cero hora del viernes 19 del corriente y saturar de policías y gendarmes las cabeceras y estaciones principales de trenes para controlar la restricción de circulación.

Esta solución “manu militari” del presidente tiene el mismo sesgo que la militarización de las barriadas y tendrá el mismo resultado respecto de preservar a la población de la expansión del contagio: el fracaso. Las estaciones de tren, subte y paradas de colectivo se van a convertir en el terreno donde aquellos trabajadores de actividades no esenciales, pero liberadas, que no admitan perder el día de trabajo y hasta el empleo, peleen por viajar, con escenas de violencia (sobre todo policial) incluidas.

El aumento de contagios y muertos por el Covid puso de manifiesto otro tema: la precariedad del sistema de salud que el gobierno no resolvió en estos 90 días. Nunca se brindó información oficial del número real de camas de terapia intensiva y del equipamiento disponible, tanto en el sector público como privado, a pesar del requerimiento periodístico permanente. Un informe sobre la situación en CABA revela que el gobierno porteño no sabe dónde está el 80% de los casos positivos en la ciudad (unos 10.000) que se atienden en el sistema privado de salud, es decir, no tiene control sobre los posibles trasmisores del virus. Por otro lado, los propios epidemiólogos repiten en los medios la necesidad de aumentar los testeos, se desconoce el verdadero alcance y eficacia del plan Detectar y la prensa ironiza que, en los pagos de Kicillof, los “testeos” barriales de los intendentes oficialistas se circunscriben a consultar al vecino si se siente afiebrado.

En este contexto de nula inversión en salud y ausencia de una centralización estatal de los recursos, el fantasma de una empinada curva de contagios a la chilena asoma inquietante.

Fernández no se atreve a tomar la determinación de volver a la cuarentena estricta porque implicaría un choque con el interés de los capitalistas que también han impuesto, con la colaboración de la burocracia sindical de la CGT, la impunidad de las suspensiones y los despidos masivos, así como la rebaja de salarios, homologada por el Ministerio de Trabajo y prorrogada por un decreto del mismo Fernández.

Lo que está claro es que el camino para frenar los contagios no está en el control de los medios de transporte como tema central sino en suspender la actividad económica realmente no esencial por 15 días, garantizar que los trabajadores que no tienen un ingreso fijo tengan acceso a una asistencia mensual de $ 30.000 que les permita tolerar la cuarentena; centralizar el sistema de salud para, entre otras cosas, tener el control de la evolución de los contagiados y manejar la epidemia en función de garantizar la salud de la población.

Como hemos manifestado en la calle “Sin salario, salud, trabajo y alimentos no hay cuarentena”.

 

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