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20 de junio de 2020

Kicillof, Berni y la crisis política en la provincia de Buenos Aires

Los choques con el albertismo.

Después de compararse con San Martín, Belgrano y Güemes, el “patriota” Sergio Berni volvió a la carga contra la ministra Sabina Frederic, a quien acusa de no colaborar con la política de “seguridad” de la provincia de Buenos Aires. Para algunos medios de prensa Berni estaría quemando las naves frente a las presiones del gobierno nacional por desplazarlo del gabinete provincial, pero en realidad actúa como avanzada de Cristina Kirchner contra las pretensiones bonapartistas de Alberto Fernández y a la vez despliega un juego propio en el gobierno y gabinete de Kicillof.

Sin inversión en infraestructura, servicios y salud, y con la prioridad puesta en el pago de la deuda, el gobernador se la pasa anunciando programas y obras para el futuro “pos pandémico” mientras reduce brutalmente la frecuencia de entrega de bolsones de alimentos. Kicillof necesita de Berni y su maldita policía para enfrentar los reclamos populares cuando crecen el hambre y los contagios en las barriadas. Que el ministro de Seguridad se presente como un “camarada” más de la Bonaerense y reivindique el gatillo fácil es mucho más que una pose derechista, abre el paraguas ante una posible profundización de la crisis social y política que podría poner contra las cuerdas al propio gobernador.

Berni levanta la puntería cuartelera cuando la provincia de Buenos Aires pasó en un mes de 100 a 1.100 contagios diarios de Covid-19, y cuando el porcentaje de ocupación de camas de terapia en el Gran Buenos llega al 60%. Según el funcionario de Salud Enio García los testeos en las barriadas del Conurbano van acercándose a un 20% de positividad, lo que representa un verdadero polvorín. La vicegobernadora Verónica Magario advirtió que el virus está circulando en toda la provincia, y lo dice porque su patria chica -La Matanza- encabeza la grilla de contagios. Los ataques para responsabilizar a Larreta pretenden ocultar que el 85% de las industrias de la provincia de Buenos Aires están funcionando, ya que el gobierno provincial cedió a la presión de los capitalistas y los pedidos de los propios intendentes.

Distintas encuestas hablan de una caída de la imagen del gobernador al calor del derrumbe del relato de la “cuarentena exitosa” y de la agudización del hambre, la miseria y la desocupación en la provincia. En plena catástrofe sanitaria y social, la alianza entre Kicillof y Berni se sostiene cada vez más en el aparato represivo de la Bonaerense. Esta dupla está chocando fuertemente con los intendentes “albertistas”. El jefe comunal de Hurlingham, Juan Zavaleta, le exigió a Berni que “se ubique”, después de que proclamara provocativamente la jefatura política de Cristina Kirchner. Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría, directamente replicó anunciando el envío de más gendarmes al la zona sur del Conurbano tras una reunión con la ministra Frederic. Los intendentes del PJ no le perdonan a Berni haberse quedado con el control de las policías locales, que fungían como fuerza de choque y caja negra en los municipios.

En la base de esta crisis política en desarrollo está la insolvencia cada vez más aguda de los municipios, que asisten a una caída récord de la recaudación, y la pretensión de Alberto Fernández de avanzar en una relación directa con los intendentes para disputar el control del aparato del PJ bonaerense, en base al giro de fondos nacionales a las comunas. Este choque no se cierra con las partidas por 3.000 millones de pesos extra que el gobernador prometió entregar a los municipios, porque esa suma que no alcanza siquiera para pagar los sueldos… cuando se acerca el cobro del aguinaldo. Con las cuentas en rojo y en default técnico, Kicillof tiene poco margen para seducir a los intendentes del PJ. De hecho, se encuentra negociando con Juntos por el Cambio la autorización para contraer nueva deuda externa por 500 millones de dólares y 20.000 millones de pesos. El pago del aguinaldo en cuotas, el congelamiento de las paritarias estatales y docentes, el ataque al Instituto de Previsión Social (IPS) y el vaciamiento de IOMA para subsidiar al capital privado, son un ajuste que actúa como garantía para cerrar un acuerdo de repago de la deuda con los bonistas.

En medio de estas tormentas políticas el gobierno provincial replicó el pago en cuotas del aguinaldo que afectará a una franja amplia de trabajadores del Estado, como docentes, médicos y judiciales bonaerenses, que incluye con sueldos de bolsillo 62.000 pesos, que están por debajo de la canasta familiar. El llamado a la reflexión que hicieron a Kicillof las burocracias sindicales kirchneristas y cegetistas es puro palabrerío, pero refleja también el temor a una respuesta de los trabajadores. Las ínfulas de Berni tienen el límite de la nueva etapa que se va abriendo para el movimiento obrero, al calor de la entrega de la burocracia y las fisuras en el peronismo gobernante.

Impulsemos la intervención de los trabajadores organizando el reclamo de delegados y activistas por el pago íntegro del aguinaldo, la convocatoria a paritarias, el seguro al desocupado y la formación de comités de seguridad e higiene en los lugares de trabajo, junto a todos los reclamos obreros y populares. Es la tarea del clasismo, para poner en pie a los sindicatos.

 

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