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22 de junio de 2020

Paritaria del sindicato de la carne: el salario sigue perdiendo

Tanto la Federación Gremial del Personal de la Industria de la Carne y sus Derivados, que lidera el histórico burócrata “Beto” Fantini, como la Federación de Sindicatos de Trabajadores de la Carne y Afines (Fesitcara), firmaron con las cámaras empresarias del sector un aumento salarial del 17% por tres meses (mayo, junio y julio), sumado a un monto no remunerativo por única vez de $2.200 correspondiente a mayo. Para los meses siguientes se señala, de manera extremadamente vaga, que las partes se sentarían “nuevamente a negociar” (Agrositio, 22/5/20)

Entre ambas federaciones agrupan a la mayoría de los trabajadores de la actividad, siendo la de Fantini la que tiene más afiliados en todo el país: 50.000.

El año pasado el acuerdo paritario se cerró en marzo. Constó de un aumento de un 28% en tres cuotas (la última en diciembre) con una cláusula de revisión en noviembre, por la cual luego se acordó un 17% más hasta marzo 2020. El total de esa paritaria, entonces, fue de un 45%, cuando la inflación interanual (marzo 2019-marzo 2020) fue de 48,4%. Con ello, los trabajadores de la carne perdieron 3,4% de poder adquisitivo.

En marzo no se discutió la paritaria 2020, en abril tampoco. El acuerdo salarial que se firmó ahora contempla una recomposición en negro de $2.200 que corresponde a la inflación de abril. Según Ámbito Financiero, la proyección anual de inflación ronda el 38,7%. Descontando el 11% de inflación real que ya tuvimos hasta mayo, restan 27,7% para los meses que quedan en el año. Con el 17% que acaba de cerrar la burocracia de la federación de la carne, y de no haber nuevas subas, el salario de los trabajadores quedaría nuevamente por debajo de la inflación, ahora en un 10%. O incluso más, si la proyección inflacionaria citada se viese superada: el informe recientemente presentado por el jefe de Gabinete al Senado prevé que podría alcanzar hasta el 53,8% para 2020 (Ámbito, 18/6); mientras que el próximo vencimiento de acuerdos de precios podría disparar más aún los aumentos.

El segundo problema radica en que numerosos establecimientos tienen obreros con salarios básicos que parten de montos muy bajos, que no superan los $20.000. Sin atacar estos salarios mínimos de miseria, cualquier porcentaje de aumento sobre estos montos sirve para poco y nada.

Por otro lado, el rubro de la industria de la carne se caracteriza por una alta rotación y falta de estabilidad laboral, como consecuencia de la complicidad de las federaciones de la carne con las patronales. Los “trabajadores del cuchillo” tienen una capacidad que es muy requerida; sin embargo, los frigoríficos tienen la práctica (avalada por el Estado, la justicia y los sindicatos) de deshacerse de trabajadores con antigüedad para no pagar categoría y escalas. Son, luego, recibidos por otras empresas que no reconocen su antigüedad y calificación. Además, es una labor en ocasiones irregular, obligando a los trabajadores a someterse a infernales ritmos de producción (cuando hay faena) para asegurarse de mayores ingresos y sobrevivir en los momentos que baja la demanda.

¿Quién votó por un aumento salarial del 17%?

Para el acuerdo firmado no hubo ninguna deliberación colectiva. Los trabajadores son convidados de piedra. Es precisa la intervención de los trabajadores para frenar la pérdida de poder adquisitivo. Las federaciones deben convocar a asambleas.

Son los trabajadores de Penta y de Cabaña Argentina los que nos muestran un camino distinto al de la burocracia sindical, resolviendo en asambleas los planes de acción en defensa de sus puestos de trabajo. Los cierres de fábrica y la inestabilidad laboral, por supuesto, dificultan una organización sistemática de los trabajadores en cada establecimiento para pelear por mejores salarios y condiciones de trabajo. Por eso, es preciso barrer con las patotas sindicales de los Fantini y compañía, para poner en pie una alternativa sindical clasista y antiburocrática.

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