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23 de junio de 2020

El error forma parte del proceso de aprendizaje

¿A qué se deben los ataques a las docentes que cometieron “errores” en sus exposiciones televisadas?
Por Gabriel Lubo
maestro de primaria, Programa Maestro+Maestro, miembro de la comisión directiva de Ademys

Un Homo sapiens contra un dinosaurio, ganaba el dinosaurio. Cinco Homo sapiens contra un dinosaurio, se los comía el dinosaurio. Con 20, también. Si esos 20 se organizaban, lo mataban”.

Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno porteño

“No está bueno que la Historia mire siempre hacia atrás, como que deberíamos conmemorar cosas del futuro, tipo hacia adelante”.

Gabriela Michetti, exvicepresidenta de la Nación

“El camino que hemos emprendido todos los días tiene un metro más de asfalto, una sala más, un pibe más que está preso”.

Esteban Bullrich, exministro de Educación nacional

Casi siempre que algunos medios de comunicación, como Clarín y La Nación, expresan su línea editorial conservadora y reaccionaria en notas que se ocupan de la educación, es para contribuir a empujar una reforma del sistema educativo y flexibilizar el trabajo docente.

En estos días se “viralizaron” extractos de videos de maestras que, en plena exposición de temas de enseñanza de contenido escolar, habrían cometido errores (matemáticos u ortográficos). Según reseña Infobae, quien arrojó la primera piedra habría sido el economista Manuel Adorni, a través de un “irónico” (agresivo) tuit. Dicho sea de paso, este mismo economista, en una nota de opinión en el diario Ámbito Financiero aseguró que en 2001 la gente salió a la calle “en defensa de la propiedad privada” (1/5), entre otras aberraciones. Está claro que le pagan justamente para eso: para decir barbaridades, sin el menor rigor.

Muy rápidamente, Clarín y La Nación tomaron el tema para darle una nota de color a su permanente campaña de hostigamiento a la docencia, en este caso con el ángulo de la falta de formación y el desastre educativo producto de que los docentes no saben enseñar porque ni siquiera conocen el contenido con el que trabajan. Enseguida se anotó al pelotón la inefable Guillermina Tiramonti, exfuncionaria del gobierno de María Eugenia Vidal como coordinadora del Consejo de Formación Continua de la Provincia de Buenos Aires.

De qué se tratan los supuestos errores

Las maestras que han sido expuestas de la peor manera por estos medios llevaron adelante una exposición de contenidos de enseñanza escolar con todas las dificultades que tiene la llamada virtualización: hablarle a una cámara y no a alumnos presentes, entre otros problemas. Esos “errores” superficiales, producto del apuro y seguramente de los nervios de la situación, no se hubiesen producido o habrían durado un escasísimo tiempo hasta que ellas mismas se percataran y los corrigieran con los propios estudiantes presentes, de haberse producido en un aula. Cabe destacar que, de hecho, las maestras se corrigieron, pero esa parte fue recortada adrede por los “denunciadores”. Particularmente, en el caso del error en la ortografía de una palabra, la corrección fue acompañada de una reflexión (pensar en el sustantivo “hierba” para estar seguro de cómo escribir el adjetivo “herbívoro”).

La operación que está detrás de este ataque tiene que ver con dar cuenta de que hay una crisis en el sistema educativo y que los responsables son los docentes, nunca el Estado. Todas las reformas educativas de las últimas décadas tienen en común un proceso de degradación de los contenidos de enseñanza, que en el caso de la EGB de la Ley Federal de Educación menemista fue muy claro. En 2018, la Legislatura porteña, con mayoría del PRO, aprobó la ley de creación de la UniCABA que pretende vaciar y destruir los 29 institutos de formación docentes de la ciudad en pos de una pretendida excelencia académica, fuertemente cuestionada por toda la comunidad educativa como lo contrario: una política de vaciamiento de la formación docente que abre la puerta a la privatización y al cierre de profesorados por existir una oferta “desmedida”, según los promotores de esta ley.

Conviene tener presente que la exposición de un tema de enseñanza de contenido escolar a través de un video no es una clase propiamente dicha. La pretensión de emular una situación de clase “normal pero a distancia” y por televisión responde más a una puesta en escena por parte del gobierno nacional que a una necesidad objetiva de la sociedad y, sobre todo, de las niñas y niños a quienes está dirigido.

Sin embargo, el conjunto de la docencia se encuentra a lo largo de todos estos meses haciendo un gran esfuerzo, junto a estudiantes y familias, por mantener un acompañamiento pedagógico en una situación extraordinaria, al que las autoridades educativas vienen corriendo de atrás y reaccionando sobre los hechos consumados, desde la propia suspensión de clases el 16 de marzo, sin ningún tipo de preparación ni anticipación que diera lugar a la posibilidad de establecer acuerdos y planear la continuidad sin la presencialidad. Ante la improvisación gubernamental, corresponde valorar todos los aportes de la docencia y la dedicación de estudiantes y familias.

Revisión y reflexión, enseñanza y aprendizaje

La revisión de las actividades realizadas y la reflexión sobre lo aprendido, son los ejes del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Seguramente, a los “opinadores” lo que menos les interese sea lo que debiera suceder en todo proceso de enseñanza y aprendizaje. Esto es, la organización del aula como un equipo de trabajo que de forma colaborativa resuelven los problemas que se van presentando y proponiendo. El hacer en el aula, como pensar la ortografía o resolver cálculos o algoritmos matemáticos, requiere la revisión de las actividades realizadas. Promover el volver mirar el resultado y el proceso que cada uno llevó a cabo, la contrastación entre los distintos resultados dentro del grupo, escuchar e intercambiar sobre las distintas maneras de encarar una situación problemática o la escritura de un texto o una palabra cuya ortografía nos genera dudas, son partes constitutivas en el trabajo de generar en el aula un espacio de reflexión, crítica, revisión y, finalmente, aprendizaje.

Alguien puede conocer una regla ortográfica o una fórmula de resolución de cálculo a través del uso de un algoritmo matemático y aun así cometer un error superficial. Esto es absolutamente posible y se subsana, justamente, en la interacción con otros (con otros pares docentes, entre docentes y estudiantes, entre los propios estudiantes), en la revisión y en la propia reflexión sobre lo que se está aprendiendo. En ausencia de todo este dispositivo, lo que nos queda es cómo se vio en la pantalla un programa de televisión “educativo”, recortando intencionadamente unos pocos segundos.

La exposición pública del “error” de manera denigrante y descalificadora es un golpe a la docencia, pero también a las niñas, niños y adolescentes que también se sienten expuestos a tomar la palabra en los encuentros virtuales, o subir a las plataformas sus propias producciones o lo que pudieron ir resolviendo en sus casas de las actividades enviadas por sus docentes. Si el error forma parte del proceso de enseñar y aprender, esta cruzada contra las maestras se vuelve un ataque contra las posibilidades, ya de por sí limitadas en las condiciones actuales, de producir y compartir conocimientos.

Qué hay detrás de estos ataques a las maestras

Una mirada vulgar, que cualquiera señalaría como arcaica, sostiene la condición aséptica del conocimiento en el docente, y a éste como un transmisor de saberes con pretensión de absolutos y acabados. Paradójicamente, y sin solución de continuidad, la desautorización de la docencia por parte de sectores interesados en el derrumbe educativo, preconizan la llegada de la virtualidad “para quedarse”, como la panacea de la educación del mañana, en contraposición a lo obsoleto de la “enseñanza tradicional”.

Se trata de expresiones locales de grandes capitales que vienen apostando a la educación, por un lado, a través de la imposición de reformas educativas que adapten las condiciones de la educación a los requerimientos del mercado laboral, cada vez más precario y que precisa una mano de obra con escasa formación específica contribuyendo a la “adaptabilidad” a la flexibilización del trabajo y a la realización de tareas rutinarias que requieren una baja calificación y formación.

Por otro lado, los ataques a la educación pública refuerzan la idea de la necesidad de expandir la oferta educativa, más allá del Estado, y que las escuelas de “gestión privada” puedan competir libremente con las de “gestión estatal” y, por lo tanto, sean subsidiadas por el Estado. Finalmente, es ya indisimulable la intención de los llamados “dueños de internet” (Google, Microsoft, Facebook, Apple) de introducir sus productos como base para el sostenimiento de las propuestas educativas cotidianas, más allá de la pandemia. Estas grandes empresas tecnológicas incrementaron su cotización conjunta en unos 750.000 millones de dólares desde la última semana de marzo a fines de abril (Página 12, 10/5). No sólo estas grandes empresas, también Zoom, Edmodo, Jistsi y otras se anotan para colocar y cotizar sus productos.

Los intereses sociales que hay detrás del ataque a las maestras de la TV Pública son los mismos que imponen reformas educativas precarias para convertir la educación en un negocio.

 

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