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24 de junio de 2020

El Ministerio de Salud de Santa Fe, botín de caza de los monopolios de medicina privada

El trasfondo de la renuncia del ministro Carlos Parola

El pasado 10 de junio, luego de muchas idas y vueltas renunció el ministro de Salud del gobierno de Santa Fe, Carlos Parola. Junto con él, en dominó, se produjo la defección de Carolina Cudós, que se encontraba al frente de la Dirección de Epidemiología y del titular del área de Arquitectura e Ingeniería de Salud, Raúl Brengio, que ya había presentado su dimisión a fines de marzo. En lugar de Parola, ocupa desde la fecha el cargo al frente del Ministerio de Salud, Sonia Martorano, médica titular de la AMR (Asociación Médica de Rosario) y quién era secretaria de Salud hasta el momento.

Esta fue la primera renuncia del gabinete de Perotti desde que asumió, aunque si existieron otros amagues de renuncia, como el del Ministerio de Producción tras el primer anuncio de Alberto Fernández de la expropiación trucha de Vicentín, y el evidente lobby sojero con enormes vasos comunicantes con el gobierno de Perotti.

La versión oficial del motivo de la renuncia de Parola indicó que la misma estuvo motivada por el hecho de que Parola no estaba dispuesto full time al ministerio cuando cursamos una pandemia, por ser parte de grupo de riesgo por su edad. Incluso que las decisiones fuertes en materia sanitaria ya no pasaban por sus manos. Sin embargo, esta afirmación, aunque cierta, es por demás insuficiente en relación a la disputa y crisis de fondo.

Tita S.A y Grupo Oroño

Carlos Parola ya había ocupado el cargo de ministro de Salud durante el segundo mandato del gobernador Carlos Reutemann. Tras su paso por el gobierno ajustador de Reutemann y responsable de las inundaciones en Santa Fe Capital, Parola se ubicó en la Dirección General del Sanatorio Allende de Córdoba, de los más importantes de esa provincia. El Sanatorio Allende fue denunciado por ser aportante de la campaña electoral de Schiaretti en 2015, y al mismo tiempo de ser empresa proveedora del Estado. Un toma y daca, con negociados de por medio entre empresarios de la medicina y el poder político.

Así, en diciembre pasado Parola se sumó al gabinete de Perotti, por pedido expreso del gobernador. Un hombre involucrado en manejos turbios y negociados entre la medicina privada y el Estado, al frente de la salud pública de más de 3 millones de santafesinos.

El estallido de la pandemia precipitó el choque de intereses al interior del ministerio. Los dos grupos empresariales de medicina más poderosos de la provincia comenzaron una disputa a fondo por el control del presupuesto de salud de Santa Fe. Por un lado, Tita S.A, propiedad de Carlos Tita, médico empresario oriundo de Rafaela de donde proviene Perotti, que se ha ido devorando a su paso empresas en crisis, como el sanatorio Julio Corzo, o el emblemático Hospital Italiano de la ciudad de Rosario. Por el otro lado, el Grupo Oroño, propiedad de Villavicencio, que ha ido concentrando en sus manos distintos institutos médicos, laboratorios y sanatorios, al punto tal de tener de forma exclusiva y monopólica distintos estudios, terapias y procedimientos médicos a realizar a pacientes.

“Los privados como Tita S.A o el grupo Oroño ejercieron una enorme presión por estos días. Consideran que tienen el poder necesario y suficiente como para incluso, imponer el nombre de un Ministro de Salud, reveló a LPO un ex miembro de una gerenciadora, retirado de la actividad”. (La Política Online 17/06). La disputa es por el reparto de los fondos públicos destinados a salud, con la pandemia de Covid-19. El gobierno de Perotti aprobó partidas presupuestarias extraordinarias para salud por 15 mil millones de pesos, destinadas a insumos, servicios e infraestructura, para lo cual emitió deuda además de los subsidios que recibió de nación. Las empresas de medicina privada, agrupadas en la Asociación de Clínicas, Sanatorios y hospitales privados de Rosario, que vaya “casualidad” preside Villavicencio, reclaman mayores subsidios.

Según esta información periodística, que aporta la explicación más plausible de la renuncia de Carlos Parola, este hombre puesto por Perotti era el que debía representar los intereses sobre todo del grupo Tita S.A. Su reemplazo, Sonia Martorano tiene estrechos lazos con el Grupo Oroño y la corporación médica, muestra de un gobierno a merced del lobby capitalista en salud. Incluso se habla de que el remplazo de Martorano fue apuntalado por el intendente de Rosario Javkin, también con vínculos con Villavicencio.

Vaciamiento, rebrote y lucha

En momentos donde los grupos capitalistas se sacan los ojos por hacerse con el presupuesto público de salud de Santa Fe, la provincia enfrenta un nuevo rebrote de Covid-19. Los casos llegaron a Rosario, lo que representa un enorme peligro potencial, ya que en estas ciudades se concentran las villas miseria. El rebrote empezó por localidades agrarias, con baja población, pero con un aumento importante de positivos en poco tiempo, todos ellos vinculados a actividades laborales, habilitadas por el gobierno de Perotti y los intendentes, producto de la presión de la clase capitalista. Flexibilizar la cuarentena, para que los empresarios sigan obteniendo ganancias, mientras los trabajadores son quienes ponen el cuerpo y se exponen a los contagios y a las muertes.

El rebrote que está comenzando, encuentra al sistema de salud provincial completamente vaciado. El 73% de las camas de terapia intensiva corresponden a clínicas privadas. Con estimaciones de una ocupación de esas camas para otras patologías de alrededor del 50% en el mejor de los casos, las camas de cuidados intensivos destinadas para Covid-19 apenas pueden pasar las 100, para una población de 3 millones de personas. Los hospitales carecen de insumos, los médicos, enfermeros y demás personal de salud denuncian que no existen los elementos de bioseguridad para la protección adecuada. Médicos residentes, enfermeros y trabajadores de la salud, todas las semanas están realizando concentraciones, asambleas y medidas de lucha para reclamar por su salario y por sus condiciones de trabajo.

El reclamo por un sistema de salud integral y centralizado acorde para enfrentar la pandemia, con infraestructura, condiciones laborales y salariales, con insumos, con personal suficiente, choca de lleno con los intereses de los grupos de medicina privada, que asaltan los presupuestos públicos con la complicidad de los distintos gobiernos.

 

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