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25 de junio de 2020

¿Puede existir educación desde esta TV?

A raíz de errores cometidos por docentes durante las “clases” públicas a través del canal oficial, que forman parte de los diversos medios para que “la educación siga”, se ha abierto una polémica, donde los promotores de lo ocurrido se alarman críticamente de lo que es el producto de su política en educación, para denigrar a la docencia.

Desde el ministro de Educación, Nicolás Trotta, hasta los medios de ambos lados de la supuesta grieta, y los gobiernos provinciales, incluyen a los programas “educativos” de la TV pública entre los instrumentos que garantizan la “continuidad del proceso educativo”, conscientes de que la conectividad deja afuera a gran parte del estudiantado e, incluso, de la propia docencia.

Los errores de las/os docentes durante la emisión de uno de esos programas forma parte de las pruebas de que allí no existen las premisas básicas de la enseñanza y el aprendizaje. Por lo tanto, los privatistas de la educación se mofan de su propia criatura, no de la que defendemos con uñas y dientes las y los docentes.

Queda expuesta la precarización de la formación docente, lo cual también es un resultado de la política educativa de los que ahora se ponen en el papel de maestro Ciruela.

Dicho esto, hay que entrar en la esencia de lo ocurrido.

¿Es reivindicable el error del docente?

Parto de una respuesta negativa.  El error puede jugar, no como método sino como circunstancia, un papel pedagógico. Pero, excepto que haya sido planificado por el docente y así indicado previamente, cuando se menciona que el error también enseña, se trata del error del estudiante, no del docente.

El docente no puede inducir el error, y menos reiteradamente como ha ocurrido en estos programas de TV. El rigor científico de lo que se enseña es una condición para que la calidad educativa sea tal. Obvio que la calidad educativa, a pesar de que la cacarean, no es del interés de los gobiernos ni de los capitalistas de la educación. La calidad educativa la defendemos las/os docentes, pero para eso es necesario no cometer errores durante la clase.

Obvio que ningún docente es infalible, pero el error del docente produce deseducación, confusión, todo lo contrario a la calidad educativa. No se lo puede justificar a la ligera.

Sin embargo los errores docentes, sea en algoritmos, en la escritura, en las formas de redacción, en temas de los más diversos, son muy frecuentes.

Claro que no es responsabilidad del docente, sino de las políticas de primarización de contenidos y la precarización y mercantilización de las condiciones de estudio en los Institutos de Formación Docente.

No es bajo las actuales condiciones que se generan las bases para reducir al máximo los errores docentes, al contrario, se los potencia.

Como en tantos otros aspectos de la vida, el capital genera barbarie y luego la utiliza como fundamento para sus planteos de… más barbarie. Por eso la justificación del error docente como algo superficial, pasajero, no es un ángulo correcto.

El ángulo del oficialismo gubernamental y la Ctera

La responsable de la emisión del programa de la TV Pública defendió los errores diciendo: “con un buen abordaje del error también se construye conocimiento”, en función de defender el concepto central y nombre del ciclo: “seguimos educando”.

No, con tutoriales, plataformas web, portales, programas de TV o en la virtualidad, la educación entendida como el proceso de enseñanza-aprendizaje no sigue. Con errores docentes o sin ellos, no sigue.

No fue casualidad, que desde el día uno de la cuarentena el ministro Trotta en conferencia de prensa anunciara la puesta al aire en la TV Pública de dos programas de dos horas cada uno con contenido pedagógico para todos los niveles (de inicial a secundaria), “donde tendrán todas las herramientas pedagógicas para seguir enseñando y seguir aprendiendo, que haya continuidad”. La aclaración del ministro acerca de que “la escuela es irremplazable” es para la tribuna.

Y en esa misma conferencia de prensa anunció que ya estaban conversando con Ctera sobre esta metodología del vínculo de trabajo de las/os docentes durante la suspensión de la presencialidad.

La “paritaria” que se firmó hace un par de semanas, como se ve, es fruto de un largo proceso de “conversación” de la burocracia sindical con la patronal. Claro, a espaldas siempre de las y los docentes.

No es casualidad entonces que esa “paritaria” desde el punto uno reconozca como “trabajo docente” a la virtualidad, habilitando así el teletrabajo como otra “forma de trabajo” docente. Es trabajo del docente, pero de ninguna manera trabajo docente, lo cual implicaría que hay un proceso de enseñanza-aprendizaje. La presencialidad es irremplazable para que esto ocurra.

Como no podía ser de otra manera, la burocracia de CTERA ha convalidado toda la línea gubernamental.

En el texto de la paritaria se coloca como “marco referencial normativo” nada menos que al Convenio Nº 177 de la OIT, una oda al teletrabajo como “forma de relación laboral”, a la que define como “trabajador a domicilio… para prestar un servicio conforme a las especificaciones del empleador, independientemente de quien proporcione el equipo, los materiales u otros elementos utilizados para ello…”, con lo cual el resto del texto de la “paritaria” es papel mojado, porque el marco normativo es… ¡la OIT!

En resumen el teletrabajo para la docencia ha sido acordado por la Ctera y el gobierno de tal manera que haya que seguir las “especificaciones del empleador” (adiós a cualquier libertad de cátedra o de opinión conceptual de los conocimientos), pero sin la obligación del empleador de proporcionar las condiciones de desarrollo de las tareas.

Los privatizadores de la educación, los precarizadores laborales y los que vacían los contenidos científicos de festejo.

Así, no habrá mejor, sino peor educación y docentes cada vez con más errores.

 

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