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25 de junio de 2020

Universidad de General Sarmiento: de dónde venimos y cómo afrontamos el segundo semestre

El rectorado y el centro abrazan el pago de la deuda a los buitres, se callan frente a la asfixia presupuestaria.
Por Julián Battistessa
Secretario académico del centro de estudiantes

Llegando a finales de junio estamos concluyendo el primer semestre del año en un contexto de pandemia y confinamiento que se estiró durante toda la cursada. ¿Qué implicó esta situación para la comunidad educativa de la Universidad Nacional General Sarmiento (Ungs)?

Desde el Yunque UJS-PO planteamos, desde el vamos, que debían garantizarse los medios para que la virtualidad no profundice la deserción y, por otro lado, no precarice las tareas docentes. De lo contrario, sería una virtualidad forzosa que profundizaría las desigualdades sociales hacia adentro. No nos equivocamos: el alto número que quedó afuera de la cursada tiene como base el 10% (censo Ungs) de les estudiantes que no tiene acceso a internet, aunque crece considerablemente, incluso, entre quienes sí tienen. La universidad no se dio una sola política para garantizar la cursada. Las tablets de las que disponemos en la biblioteca juntaron polvo durante cuatro meses. Los gastos adicionales para acceder a dispositivos (por ejemplo internet) que permitieran participar de la cursada fueron abordados íntegramente por estudiantes y docentes. Esto generó que aquellos que lograron costearlos cursaran y el resto no. Sálvese quien pueda y como pueda.

El pasaje a la nueva modalidad, como si nada hubiera sucedido, hizo cuesta arriba el semestre: horas y horas de videollamadas, materias practicas donde les profes no disponen de elementos básicos como un pizarrón para explicar un ejercicio, problemas con la conectividad, entre otras cuestiones. Además de estos problemas cotidianos enfrentamos un contexto más que hostil de crisis donde la composición altamente trabajadora de nuestra universidad se vio golpeada por los despidos, la precarización laboral (40% de les estudiantes que trabajan en el caso de la Ungs) y los recortes de salarios. Muches nos vimos comprometides a tareas domésticas adicionales por el cuidado de familiares frente a la suspensión de clases y otras actividades.

Aun habiéndose cursado ya casi todas las asignaturas muchas no saben su destino. La gestión aún no definió los métodos de evaluación ni tampoco si se van a poder promocionar materias a distancia. Es que primero dijeron virtualidad hasta el final, luego 6 semanas de clases presenciales hasta recular para tirarle la pelota a los institutos y coordinaciones de carreras para que tomen una decisión. La incertidumbre reina entre docentes y estudiantes frente a las idas y vueltas de la gestión que, pasado el primer semestre, sigue sin ofrecer un plan integral para la comunidad educativa.

El Ceungs del PJ: entre la inmovilidad y la farsa

Frente a este cuadro desde el Yunque expusimos un pliego de reclamos para darle una salida positiva a la virtualidad y para que no quede nadie afuera. Nuestro planteo principal fue y es que ningún estudiante pierda la regularidad durante lo que dure la cuarentena; dejar libres a estudiantes por no poder cursar sería criminal por parte del rectorado. Que se brinden las herramientas necesarias para que todes podamos acceder a clase, tanto para estudiantes y docentes. Sobre les docentes planteamos que la universidad debe hacerse cargo de las horas extras necesarias para adaptar los contenidos. Nos pronunciamos contra el pago del aguinaldo en cuotas, exigimos su pago íntegro, como corresponde, y, fundamentalmente, que sus salarios se indexen a la inflación y al costo de vida real. Rechazamos que se utilice la cuarentena para precarizar la labor docente convirtiéndolos en “telemarketer”. Que se respeten sus derechos laborales plenamente. Estos puntos que mencionamos, desde ya elementales, fueron desoídos completamente por la conducción del Centro de Estudiantes (Ceungs). El Puente y el Funyp no organizaron un solo reclamo. Su adaptación al gobierno y al rectorado, tal como se esperaba, fue total. Su mayor logro fue un censo, que llegó tarde, donde les estudiantes rechazaron la modalidad virtual pero nada hicieron con ello. Frente al cuestionamiento de la izquierda y un sector estudiantil decidieron disfrazar su inacción con campañas de marketing armando tutorías ad honorem o charlas con la Celeste de Suteba, sin organizar ni solucionar un solo problema real de les estudiantes. Impulsaron una “beca” bochornosa, costeada con plata del municipio, de $250 por única vez, restringida a 40 estudiantes cuando en total somos 20.000. Desde nuestra secretaría académica del centro impulsamos la campaña por una reunión del Centro (#PoneleFecha) que se masificó en pocas horas, y conquistó que el Ceungs se reúna luego de varios meses. El pliego de reivindicaciones y una campaña para conquistarlas fueron bloqueadas por la conducción del centro. Los pocos puntos que se votaron a favor no fueron desarrollados por el Ceungs, perpetuando la parálisis. De la reunión no dejaron participar a ningún estudiante por fuera de la comisión directiva. No quieren un centro participativo, organizado y fuerte, sino todo lo contrario.

¿Qué hacer?

Frente a este cuadro debemos sacar conclusiones y preparar la pelea para el próximo semestre, que, lejos de traer buenas noticias, todo indica que la cosa irá peor. Tanto el Ceungs, como el rectorado, como el sindicato docente se encuentran alineados por arriba con el gobierno nacional. Han dado el visto bueno a la negociación vergonzante que Guzmán y Alberto Fernández mantienen con los fondos buitre y que se prevé una clara victoria de ellos sobre los intereses de nuestro país. Colocar la inmensa mayoría de los recursos del país al pago a los usureros, sumado a un nuevo acuerdo con el FMI, trae bajo el brazo un ajuste de proporciones mayores sobre los trabajadores, la universidad pública, la salud, etc.

La impotencia del rectorado para dar soluciones a la comunidad educativa, que hizo esfuerzos extraordinarios para no perder el semestre, nace de un presupuesto vigente votado en diciembre del 2018, cuando el dólar estaba a $36. Ese presupuesto hoy se encuentra pulverizado por la topadora inflacionaria de un 65%. Esto lleva a que la universidad tenga un ajuste presupuestario peor que el que llevó a cabo López Murphy por aquellas épocas del 2001.

Defender la universidad pública y la Ungs en particular, parte de organizarnos de manera independiente del Estado por todos nuestros reclamos puntuales. Estos solo pueden ser satisfechos conquistando un presupuesto universitario acorde a las necesidades reales y a la inflación. Por otro lado, es elemental que nos demos la tarea de organizar a la juventud precarizada. Son cientos les estudiantes que laburan en las “apps de trabajo” o fast food, o en empleos precarios. Organizarnos por nuestros derechos laborales también es una manera de atacar la deserción universitaria. Laburando 10 horas por día, cobrando salarios bajísimos, y expuestos al Covid-19 no podemos cursar.

Desde el Yunque impulsamos la organización estudiantil con esta perspectiva. Por eso, además de las reivindicaciones puntuales del estudiantado, ponemos arriba de la mesa la pelea por el proyecto de ley presentado por el Frente de Izquierda para la aplicación de un impuesto a las grandes fortunas que permitiría atender a fondo el sistema sanitario; y darle un impulso económico a las universidades y con ello a las necesidades que brotan en cada una de ellas. Y al mismo tiempo, llamamos a debatir y rechazar el pago a los fondos buitre, y el repudio completo a la deuda externa y a la sumisión nacional frente al FMI.

 

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