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27 de junio de 2020

Descalabro social y sanitario en la India

Los 490.401 casos confirmados en la India han convertido al país asiático en uno de los más afectados por la pandemia del Covid-19, colocándolo solo por detrás de Estados Unidos, Brasil y Rusia. La cuarentena de 21 días para toda la población (1.300 millones de personas) decretada el 24 de marzo y luego extendida hasta el 17 de mayo por el gobierno derechista de Narendra Modi fue ineficaz para contener los contagios, toda vez que no se reunieron los recursos sanitarios en un mando centralizado y menos aún se avanzó en una reconversión de la industria en aras de equipar a los establecimientos sanitarios de insumos médicos básicos, hoy casi inexistentes en la órbita de la salud pública, medidas fundamentales a tomar en un país corroído por la pobreza extrema y el hacinamiento.

Pese a la trágica propagación del virus, que al día 1 de junio se cobraba la vida de 5.608 personas, el líder del hinduista partido de gobierno Bharatiya Janata Party (BJP) marchó hacia una política de apertura de la actividad económica. Los resultados de esta flexibilización prematura de la cuarentena están a la vista: solo en Delhi (Estado de la capital), al número de 29.500 casos a la fecha del 8 junio se le han sumado más de 40.000 nuevos contagios en los últimos 16 días. Es así como el 45% de los casos positivos de Covid-19 se encuentran en dos Estados: Maharashtra, con 147.741 contagios (el núcleo contagioso central es su capital, Bombay), y Delhi, con 73.780. A estos dos focos de infección les sigue el Estado sureño de Tamil Nadu, que totaliza una suma de 70.977 contagios.

Conjuntamente al incremento de los casos en las ciudades, el coronavirus ha comenzado a circular en las zonas rurales, donde habita casi el 70% de la población. Este panorama dispone un horizonte aún más lúgubre para el país puesto que la atención médica específica de esas regiones es extraordinariamente precaria y varias de las autoridades municipales de las urbes han priorizado el cuidado de sus residentes locales, negándole el derecho a la salud a un vasto número de trabajadores.

Una de las principales razones por la cual se ha producido un aumento de los casos en áreas rurales del país fue el éxodo de trabajadores migrantes ocasionado por el confinamiento y los despidos masivos, donde millones de obreros textiles, mineros y de la construcción, que son superexplotados en las ciudades, se vieron obligados a regresar a sus lugares de origen a pie.  Ante este episodio, la respuesta del gobierno ha sido desplegar a las fuerzas de seguridad, cuyo papel represivo consistió en aglutinar trabajadores en campamentos de refugiados, maltratándolos y privándolos del acceso a una alimentación saludable. Luego de la reclusión, prolongada por más de 21 días, los obreros fueron librados aunque sin haber sido testeados para evaluar si efectivamente estaban infectados de Covid-19, dando pie a una poderosa expansión del virus en 98 de los 112 distritos rurales más pobres del país. La migración provocada a raíz de la cuarentena ha dejado un saldo de 200 muertos, obreros que perdieron la vida por el agotamiento o en accidentes volviendo a sus casas (Infobae 7/6).

El cataclismo sanitario que sufre hoy la India es la consecuencia de los sucesivos ajustes perpetrados tanto por el gobierno de Modi como también por el nacionalismo burgués indio nucleado en el Partido del Congreso, fuerza histórica de la burguesía nativa liderada en su génesis por Mahatma Gandhi. Una prueba que testifica el cuadro descripto es que solo un 1% del PBI indio se destina al financiamiento del sistema de salud, siendo así uno de los “gastos públicos” más bajos del mundo. El gigante del sur asiático solo cuenta con un médico por cada 11.000 habitantes y un hospital público por cada 55.000 personas (El Mundo 25/6), y también es uno de los países que menos tests realiza a nivel mundial: hasta el día 23 de junio, solo se han efectuado 5.17 pruebas por cada mil individuos. En la ciudad de Bombay, los médicos denuncian el estado calamitoso de los hospitales al declarar que, a modo de ejemplo, un tanque de oxígeno es compartido entre tres o cuatro pacientes. En Delhi, enfermeras del All India Institute of Medical Sciences (AIIMS), principal hospital del sector público indio, han realizado protestas repudiando la criminalidad de la política gubernamental, que entrega cantidades insignificantes (y de baja calidad) de EPPS (equipos de protección personal). Según el periódico India Spend, son al menos 300 los trabajadores de la salud que han contraído Covid-19 en el AIIMS. El telón de fondo de este colapso sanitario es la ausencia de una centralización de los recursos nacionales existentes, cuya manifestación central es el rol intrascendente cumplido por la medicina privada, que representa dos tercios de las camas y casi el 80% de los respiradores que posee la India en su combate contra el virus. Las clínicas privadas manejan menos del 10% de los casos críticos de Covid-19 y además cobran precios siderales por utilizar sus prestaciones.

Entretanto, el gobierno estima que la situación sanitaria se agravará en las próximas semanas. En el estado de Delhi se espera un alza de los casos que treparía a los 550.000 para fines de julio. De la misma forma, Gurgaon, ciudad industrial cuyas plantas manufactureras explotan brutalmente a un gran número de trabajadores en el estado de Haryana, estaría recibiendo el impacto de 150.000 infectados para fines del mismo mes.

Clase obrera

En este periodo, han tenido lugar algunas expresiones de lucha, aunque aisladas y parciales, como lo fue la gran movilización de trabajadores migrantes atrapados en la capital de Maharashtra en reclamo de transportes para volver a sus hogares, duramente reprimida. O protestas lideradas por el sindicato de trabajadores de la construcción, exigiendo asistencia económica y la prohibición de despidos. Otra demostración de acción directa fue ejecutada por las obreras textiles de la empresa sueca H&M en la ciudad de Bangalore, en lucha por el pago de salarios.

Se hace necesario llevar adelante tareas elementales, pero de fondo, para proteger la vida de la población, es decir la nacionalización del sistema sanitario y un seguro al parado equivalente a la canasta básica familiar. Para esto es indispensable que el gigantesco movimiento obrero indio emprenda una acción de carácter independiente en el camino de poner en pie una organización política propia.

 

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